El regreso de la mujer catódica

No hagan cálculos que eso no está bien visto, pero hace casi veinte años ya que, quienes crecimos con las televisiones privadas, descubrimos a Paloma Lago, esa gallega risueña que lo presentaba todo en los tiempos de la pantalla amiga, esa que lo mismo desfilaba con las mejores piernas del país que daba la cara bajo la batuta de Julia Otero o junto al gran Antonio Herrero. Recién cumplidos los 18, aterrizó en Madrid dispuesta a estudiar Diseño y Moda, pero la pasarela se cruzó en su camino y pronto se convirtió en una de las «tops» patrias. Era la época de las grandes modelos y España no quería ser menos, de ahí que aquella cantera, capitaneada por Judit Mascó, siga clavada en nuestras retinas. Vale que, cuando eres sólo un adolescente enganchado al tubo catódico, todo te parece descomunal, pero casi veinte años después el encuentro con Paloma Lago confirmó las sospechas. El pasado septiembre, unas piernas larguísimas y la misma sonrisa pícara nos recibieron en el set que Antena Nova montó en la pasada edición de Cibeles, donde la modelo comentaba cada desfile con conexiones en directo junto a Susanna Griso, en Antena 3. Una tarea que volverá a desempeñar a partir del próximo 20 de febrero, cuando comience una nueva edición de la pasarela, según nos cuenta ya sin tanto ajetreo de «flashes» y a bordo de un café navideño en el hotel Ritz. Pensarán que el recurso es fácil, pero aprovechamos la novedad de este 2009 con tintes catastróficos para saber si la crisis pinta mejor en la agenda de Paloma, sobre todo después de saber que ha vivido un fin de año muy especial. Sobre este punto no indagamos más, ya imaginan, por aquello de mantener la tradición de no meternos en terrenos pantanosos. Sobre el otro, el de la crisis, Paloma dice que espera sortearla con algún que otro proyecto televisivo que, si nada se tuerce, saldrá después de su paso por Cibeles. Será por eso que a los Reyes Magos (sí, ya que estamos le pedimos una copia de la carta) les pide poco: que su familia y seres queridos le regalen lo que quieran, lo que crean que a ella le pueda hacer feliz. Entre risas nos aclara que no ha soltado una retahíla de esas que adornan titulares en Navidad para que su hijo no le diga que se pone espiritual. Sin embargo, no tiene de qué preocuparse: detrás de la gallega risueña de piernas larguísimas nos topamos con una mujer que no se conforma con vestirse de grandes firmas para acudir a fiestas y demás saraos. Horas después de este café al que, prometido queda, seguirá otro en la pasarela Cibeles y hasta unos pinchos de tortilla en José Luis, Paloma llama para añadir datos a la charla y, de paso, subir los colores del periodista. Sí, del mismo que, cuando era un adolescente enganchado al tubo catódico, acertó al imaginarla descomunal.