Historia

Entre bromas y veras

La Razón
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Director: Mike Nichols. Guión:Aaron Sorkin a partir de libro de George Crile. Intérpretes: Tom Hanks, Julia Roberts, Philipo Seymour Hoffman. Duración: 97 minutos. USA, 07. Drama biográfico.

 

Tiene la cara extraña Tom Hanks en su nueva película. Parece un tanto hinchada, levemente deforme, los ojos estrechos, achinados, y la nariz más roma, quizá daños colaterales del botox y otros colegas ácidos o porque este gran actor tuvo que ganar algunos kilos para encarnar a Charlie Wilson, aquel congresista mujeriego y bebedor impenitente que a principios de los 80 se propuso ayudar a los muyahidines para expulsar a los soviéticos de Afganistán. Pero no estaba solo en aquella costosa empresa: al político lo ayuda una amante ocasional llamada Joanne Herring (Julia Roberts, cuyas apariciones reunidas en la cinta no sobrepasan los veinte minutos), la dama más rica de Texas y feroz anticomunista, y el agente de la CIA Gust Avrakotos (un excelente Seymour Hoffman).

El arranque del filme resulta ciertamente goloso: en una suite de Las Vegas, y repatingado en un jacuzzi macarra, Wilson toma un trago de wishky acompañado de varias «streappers» mientras un tipo que parece escapado de una película dirigida por Scorsese intenta convencerlo de que financie una serie de televisión. Nichols («El graduado», Postales desde el filo», «Closer»...), un cineasta aplicado y con más tiros encima que una escopeta de feria pero casi nunca mayúsculo, sabe que las luminarias del cartel y esas primeras escenas atraen al espectador igual que un imán. Y también los abundantes golpes de humor que salpican todo el largometraje, la mayoría protagonizados por Hoffman (y alguno francamente divertido, he ahí el homenaje a las «comedias de puertas»), para narrar lo que, en el fondo, es una sátira política muy seria de la que incluso puede desprenderse una lectura actualizada y oscura. La pena es que, entre bromas y veras, entre diálogos por lo común brillantes y los tiras y afloja de Wilson para obtener millones con que financiar la guerra más alguna que otra subtrama boba, la historia rebaja la crítica, pierde enjundia, autenticidad y peso. Las estrellas y Hollywood no dejaron ver el cielo a Nichols, siempre al borde, en este caso peligroso, de la frivolidad .