Envenenado corridón de Bañuelos

El tercer toro derrota en la muleta de Ruén Pinar, que cortó una oreja ayer en Santander
El tercer toro derrota en la muleta de Ruén Pinar, que cortó una oreja ayer en Santander

- Santander. 6ª de feria. Toros de Antonio Bañuelos, grandes y con muy malas ideas. Lleno en los tendidos.- Francisco Marco, de tabaco y oro, dos pinchazos, estocada (saludos); tres pinchazos, aviso, casi entera, dos descabellos (saludos). - Daniel Luque, de azul y oro, dos pinchazos, estocada, descabello (silencio); estocada tendida, aviso, dos descabellos (saludos). - Rubén Pinar, de estocada caída (oreja); pinchazo, estocada, cuatro descabellos (palmas).

Sobrevoló el peligro nada más comenzar la tarde. Echaba Francisco Marco los vuelos de su capote al primero, apenas abríamos boca, cuando le hizo un feo terrible y se lo llevó por delante. Le pudo herir seco pero la fortuna quiso que dentro del susto saliera la cara de la divina moneda. No quedaría así la cosa. El toro era un prenda con todas las letras. Avisó por el derecho y siguió amenazando en todas las ocasiones, llevaba veneno en la punta de los pitones y malas ideas para convertirlo en evidente para los tendidos. Pero tal y como está la profesión, el navarro no podía permitirse pasarlo de puntillas. Se puso, quiso que el toro avanzara más de su cuerpo y le costó volar por los aires mientras el astado le lanzaba tres o cuatro pitonazos entre viento y cuerpo. Salió ileso. La tarde se tiñó sin más en gesta tal y como iban saliendo los toros de Antonio Bañuelos. Ni uno embistió a bien y resultaron ser los padres de los toros lidiados en otras jornadas. Grandes, descarados de pitones y de aviesas ideas. Obligó a la terna a darlo todo a cambio de poco. Pinar se la jugó ante el tercero, que quería quitarle el corbatín a cada embestida. Era un asesino. Un bruto. Un violento. Se puso firme el torero y le hizo ir por el derecho quisiera o no. Metió a la gente en la faena muy pronto porque el temor ante la cogida era claro. Tenía mérito su labor y supo refrendarla con una estocada, algo caída, pero de rápido efecto. El sexto tenía más de misión imposible que de realidad. No quiso, no había manera. De diez veces que lo citaba medio acudía una y de aquella forma. Nada. Pinar se justificó de todas las maneras que pudo, pero el triunfo se agolpó en la puerta trasera que era de puro hierro. Infranqueable. A Luque le quemaba no haber podido lograr el éxito y se dejó la piel ante el quinto, que se empleaba más que los otros pero no llegaba a ser claro del todo. A veces lo hizo a lo bruto, sin pensar en lo que el animal le estaba demandando, pero por él no quedó. Tampoco en la estocada que prendió entrando a matar con la vida entera y que mermó un frágil descabello. Al segundo le pegó un muletazo, uno, y al toro sólo le faltó llamar a la puerta de toriles para que le abrieran. Se rajó y no había manera de sacarle de ese terreno. Lo de hacer faena era un decir. A pesar de cómo estaba saliendo la corrida, Francisco Marco se fue a portagayola en el cuarto; es lo que tiene el hambre de toro. Y una vez más se puso de rodillas para darle una larga cambiada. Se esmeró después, pero el toro tenía mucha guasa, se hacía el tonto hasta que veía a tiro al torero y nunca estaba metido en la muleta. Frustrante tarde de esfuerzos ante un corridón de toros que no tuvo una idea buena ni en sus mejores sueños.

EL CARTEL DE HOYToros de la ganadería de Cebada Gago para Juan José Padilla, Javier Valverde y Luis Bolívar.