Hallados restos de una sotana en la mina de Camuñas

Los expertos aseguran que es posible que el pozo albergue un centenar, o más, de cadáveres.

La entrada a la mina donde han sido encontrados los cuerpos
La entrada a la mina donde han sido encontrados los cuerpos

CAMUÑAS (TOLEDO)- Las entrañas de la mina toledana de Camuñas no dejan de deparar sorpresas. Después de siete días de excavaciones a 30 metros de profundidad, en busca de las pruebas de uno de los episodios más desconocidos de la represión republicana, los espeleólogos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi hallaron ayer, junto a uno de los cuerpos, restos de tela que parecen haber pertenecido, aparentemente, a una sotana, lo que confirmaría que entre las víctimas que los milicianos arrojaron al interior del pozo durante la Guerra Civil se encuentran religiosos.Palmo a palmoDesde que el pasado sábado se toparan con el cúmulo de huesos, situado junto a una galería de la que no se tenía noticia hasta ahora, los técnicos de Aranzadi han diferenciado ya al menos quince esqueletos, aunque se ha analizado sólo una pequeña parte del cúmulo de restos. De hecho, los trabajos se hacen con extremo cuidado, palmo a palmo, aunque basta con remover un poco la arena para encontrar más evidencias óseas.A última hora de ayer se volvió a bajar hasta el fondo de la mina un georradar para hacer una radiografía del terreno, una técnica que nunca se había utilizado hasta ahora en proyectos tan complejos. La señal emitida por el robot indica que el material osteológico ocupa un metro de profundidad por los seis metros cuadrados del pozo, a lo que se une otro montón de unos dos metros de largo por 70 centímetros de alto situado en una rampa anexa.¿Cuántos cadáveres caben ahí? Responder a esta pregunta es por el momento imposible, ya que dependerá del grado de compactación de los huesos. No obstante, los expertos aseguran que es perfectamente posible que superen el centenar, o incluso más. De hecho, los técnicos de Aranzadi hallaron recientemente en El Salvador, en una cavidad de apenas 30 centímetros de alto por seis de largo, los restos de 150 individuos.Algunos de los cuerpos arrojados a la mina conservan parte de la conexión anatómica (es decir, muchos de sus huesos han permanecido unidos), pero otros están muy deteriorados como consecuencia de la gasolina que sus verdugos arrojaron sobre ellos. Asimismo, el radar ha detectado una fuerte presencia de metales y objetos personales junto a los huesos, lo que convierte al lugar en una suerte de «cápsula del tiempo». Compleja identificación Ante la complejidad que entrañaría identificar los cuerpos, la intención del Arzobispado de Toledo, promotor de la operación, es tapar las dos bocas de la mina, una de ellas con vigas y la otra con la lápida en memoria de los caídos. Y, sobre todo, cumpliendo con el anhelo que llevó al postulador de la causa de los mártires de Toledo, Jorge López Teulón, y al sacerdote Amós Rodríguez, familiar de uno de los asesinados, celebrar hoy una misa en honor de las víctimas y colocar una placa con sus nombres. Es fácil de imaginar hasta qué punto será emotivo el oficio religioso, a 30 metros de profundidad y frente a los restos de la barbarie de la guerra.

 

200 víctimas con nombre y apellidosEl hallazgo de los huesos reafirma el testimonio de los testigos, de uno y otro bando, que aseguran haber visto entre 1936 y 1939 a numerosos camiones cargados de cadáveres en dirección a la mina de Camuñas. Asimismo, en la boca del pozo se han hallado numerosos restos de proyectiles, en un lugar que nunca fue escenario de combates. De hecho, al término de la contienda, el cardenal Gomá ordenó a todas las parroquias de la comarca hacer una relación de las víctimas, muchas de ellas religiosas, de las cuales se pierde la pista en la mina. La lista tiene 200 nombres y apellidos.