La batalla de Pakistán

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l asesinato cruel de Benazir Bhutto ayer en Rawalpindi pone todavía más de manifiesto el papel central que juega Pakistán en la lucha contra el terrorismo, así como la dificultad del proceso democrático abierto que debía conducir a las elecciones convocadas para el 8 de enero. La barbarie jihadista ha ensangrentado las calles, mezquitas y plazas de ese país hasta un total de más de siete mil atentados en este año 2007 que termina y que hay que unir a los combates entre el Ejército y las Fuerzas de Seguridad con los rebeldes talibanes en las zonas tribales pashtunas fronterizas con Afganistán y en otra partes del país. Así, Pakistán está hoy en peligro confrontado con una amenaza talibán conectada a la que trata de acabar con el Gobierno de Karzai en Kabul y ataca a las tropas aliadas de la ISAF.

Benazir Bhutto había vuelto de su largo exilio para participar en el proceso político y en las elecciones generales. Había manifestado desde el primer momento su intención de combatir el terrorismo y el radicalismo. El mismo día de su llegada a Karachi había sufrido un terrible atentado que provocó más de 120 muertos entre sus partidarios y los policías que la custodiaban, y desde entonces era el objetivo declarado de los terroristas jihadistas y también de los ataques de los grupos políticos más fundamentalistas que no podían aceptar la idea o la posibilidad de que una mujer pudiese llegar de nuevo a la jefatura del Gobierno de una República islámica. Aun así, Benazir Bhutto asumió el gran riesgo que corría y reiteró su voluntad de luchar para derrotar al terrorismo y dominar el radicalismo que envenena la sociedad paquistaní, llena de miedo a su pueblo, impide su desarrollo económico y social y hunde en la miseria y la ignorancia a millones de seres humanos. En esa batalla democrática y política Benazir Bhutto dio ayer la vida en medio de sus compatriotas, y del mismo modo que la han perdido en atentados terroristas similares centenares de ellos en los últimos meses.

El peligro que asumió Benazir Bhutto y que hoy amenaza a Pakistán es cierto y urgente. Nace de las entrañas mismas de ese país, como resultado de la historia y de las guerras en Afganistán y de los conflictos con la India, y de una subcultura de la violencia y el martirio alimentada por una tupida red jihadista de grupos armados, mezquitas y madrazas radicales, fundaciones caritativas, etc. Sólo en Pakistán más de dos docenas de medios de comunicación con una circulación de un millón de ejemplares extienden su mensaje de intolerancia, guerra a los infieles y odio al resto del planeta y aumentan el poder de unos grupos que nunca han logrado parcelas de poder político en elección alguna. En medio de las más difíciles circunstancias y de un entorno regional en el que se han entrecruzado las ambiciones del mundo los paquistaníes han querido siempre y así lo han demostrado, con sus votos, gobiernos moderados y eficaces, y cuando han podido han votado por las fuerzas tradicionales a un lado y otro del espectro nacional.

El proceso electoral, hoy en riesgo por el asesinato de la líder del partido más grande de Pakistán, había logrado arrinconar aún más a los grupos radicales y a los partidos políticos religiosos. Por eso, y por la necesidad de contar con un Gobierno legítimo, es importante y crucial que el proceso de democratización continúe y lo haga con el apoyo de la Comunidad Internacional, y especialmente de la Unión Europea.

El riesgo de Pakistán en quiebra o en peligro de convertirse en un estado fallido es una pesadilla inimaginable que tendría consecuencias terribles para la región y el mundo entero. Pakistán, que es la única nación musulmana con el arma nuclear, necesita más que nunca nuestra ayuda y apoyo para enfrentarse a la amenaza del terrorismo de raíz jihadista y a sus intentos de acabar con un proceso político y democrático viable y de un esquema institucional equilibrado en el que el Ejército volviera a sus funciones constitucionales y el Parlamento sirviera para engendrar un Gobierno civil estable y legítimo.

Éste es el reto al que se enfrenta Pakistán, que es hoy víctima de un terrorismo despiadado e implacable. Por el papel clave de Pakistán en la región, su influencia en Afganistán, su situación crucial en los grandes desafíos y retos globales y también por un elemental deber de solidaridad democrática nos va mucho en que Pakistán gane esa cruel y difícil batalla.

 

* Embajador de España en Pakistán