La costra

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La paciencia tiene un límite y al portavoz adjunto del Grupo Socialista en el Parlamento de Cataluña es evidente que se le ha acabado. Su explosión de indignación ante el permanente y agobiante sesgo nacionalista de los medios de comunicación públicos de la Generalitat, en los que la palabra «España» está prohibida como si se tratase de una expresión soez, el mapa del tiempo refleja unos inexistentes Países Catalanes, los conductores de los programas de máxima audiencia actúan como predicadores encendidos del ideario secesionista y en las tertulias se pone buen cuidado de que más de la mitad de los participantes sean representantes conspicuos del pensamiento único antiespañol, ha sonado como un trallazo en el silencio corderil del Principado. A Joan Ferran, nacido en Barcelona y licenciado en Filosofía e Historia, su honradez intelectual le ha podido más que la prudencia política o la disciplina de partido, lo que sin duda dice mucho en su favor. Los nacionalistas, tanto en Cataluña como en el País Vasco, se han afanado en controlar implacablemente el sistema educativo, así como las televisiones y las radios autonómicas. Equipados con tan poderosas herramientas de formación –deformación, para ser más exactos– de las conciencias, llevan un cuarto de siglo de tarea intoxicadora y adoctrinadora, sin el menor respeto por la objetividad, el pluralismo y el equilibrio exigibles a organismos sufragados con el dinero de todos los contribuyentes, nacionalistas y no nacionalistas. Sin embargo, el PSC, al igual que le sucede a Zapatero en el plano general español, paga el alto precio de haberse atado a unos socios cuyo propósito confesado y explícito es la liquidación de la Constitución de 1978 y el despiece de la Nación. Promociones de jóvenes moldeados por una escuela sectaria y una pequeña pantalla que destila odio al imaginario enemigo exterior se aprestan a la lucha fratricida. Cataluña se asfixia encerrada en la costra particularista, de acuerdo, pero al justamente encolerizado Ferran se le puede decir aquello de costra con gusto, no ahoga.