La guerra del esmoquin

La noticia más comentada ayer no era el temporal de frío. Tampoco la resaca postnavideña. Ni siquiera la socorrida crisis. El traje de chaqueta y pantalón elegido por Carme Chacón para sortear a golpe de modernidad y aplomo el rígido protocolo exigido en la Pascua militar dio que hablar. Y mucho.
Pero vayamos por partes. Una vez aceptado que compañeras de trinchera política como Esperanza Aguirre, Leire Pajín y Bibiana Aído calificaran la polémica de «indignante», «sexista» y «anecdótica por su cuestión de mujer»... ¿se saltó realmente el protocolo la ministra de Defensa, más allá de que su «look» fuera o no acertado? Si nos atenemos a lo que dicta la costumbre, ya que no hay ningún texto que recoja un supuesto así, Chacón no iba apropiada. Según David Cabaleiro, profesor de Imagen Personal en la Escuela Internacional de Protocolo de Madrid y director de Pin Up Comunicación, «la ministra se ha permitido una licencia protocolaria habitual, ésa que aprueba que las mujeres adopten el vestuario exigido a los hombres. Sin embargo, no es que Chacón se haya adaptado a ellos, sino que lo ha reinterpretado. La costumbre dice que las mujeres siempre deben seguir el largo de las americanas masculinas; así, si lo exigido es el chaqué, ellas deben ir de largo. Pero no de esmoquin».
La diseñadora Ana Locking aclara que Chacón no lució un esmoquin, sino un dos piezas masculino, y señala además que «hay protocolos que se pueden saltar, que casi se deben saltar, y protocolos que no es conveniente hacerlo, porque el simple hecho de desmarcarse en las formas hace que el mensaje del acto pierda notoriedad y la simbología del evento pase a un segundo plano. Al margen de actos políticos, yo habría elegido el traje que realmente puede reemplazar al traje largo en actos públicos de carácter más lúdico, y éste no es un traje de chaqueta oscuro, sino un auténtico esmoquin femenino. La diferencia entre ellos y saber utilizarlos para la adecuada ocasión es la clave del asunto».

Salirse de lo habitual
Sin embargo, según un portavoz de la cartera de Defensa, la indumentaria elegida por Chacón «se ajustaba perfectamente a la etiqueta requerida» al tratarse de «un esmoquin». No lo tienen tan claro otros diseñadores, como Sita Murt, quien reconoce que le gustó la elección de Chacón, y que incluso acertó al arriesgarse «para salir de lo habitual», pero que habría preferido, de haberla vestido ella, «un esmoquin o un traje largo en azul intenso con algún detalle en negro».
La autora del dos piezas era Purificación García, según confirmaba ayer a LA RAZÓN su gabinete de prensa a pesar de que algunos dudaban de si estaría firmado por David Delfín o Lydia Delgado. El primero lo desmintió, consciente de que el «look» recordaba a algunas de sus propuestas, mientras que Delgado, conocida por su acertada manera de combinar el blanco y el negro en sus creaciones, reconocía que «me parece una imagen muy fresca. Está muy favorecida, muy elegante, con un punto de seriedad pero con un guiño contemporáneo». Alma Aguilar, una de las modistas favoritas de otra ministra, Elena Salgado, cree que Carme «iba perfecta. Los "protocolos"no se revisan en años... así que creo que ya va siendo hora». Si Chacón la hubiera elegido a ella, Alma propone –«aunque no la conozco en persona y eso me ayuda mucho a decidir»– una chaqueta sastre «muy entallada pero masculina y sobre un vestido largo; femenino pero, al mismo tiempo, austero».

Maquillaje excesivo
Modesto Lomba, presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España y diseñador de Devota & Lomba, reconoce que «cuando la vi, me pareció que estaba muy guapa y ni me planteé si iba fuera del protocolo, quizá porque ella no está dentro de esos protocolos que apelan los comentaristas más conservadores». Además, Lomba agradece «que fuera vestida de una diseñadora española, sobre todo porque nuestros representantes políticos e institucionales nos tienen bastante descuidados, al contrario que en otros países».
Por otra parte, al modisto le llamó la atención «verla tan maquillada», algo que también destaca Rubén Zamora «Gato», maquillador oficial de Maybelline New York: «Estaba guapa, pero excesiva para la hora en que se celebraba el acto, también en el recogido tirante del pelo. Yo le habría limitado la base y el colorete para aligerarlo un poco».