Historia

La historia del general que perdió su calle de Sevilla

DE UN DÍA PARA OTRO, EL GENERAL MERRY se ha convertido en el militar más famoso de Sevilla. Condecorado por su valor en Cuba y detenido por su implicación en la «sanjurjada», ha participado en los momentos más cruciales de la historia de España. Colaboró en el fallido alzamiento de Sanjurjo y se puso a las órdenes de Queipo de Llano en el golpe del 18 de julio del 36

Al general Francisco Merry y Ponce de León le han descabalgado del callejero de Sevilla para hacer un hueco en su lugar a la actriz Pilar Bardem. A unas manzanas de la que durante tantos años ha sido su calle, su nieto Luis, el encargado de custodiar su hoja de servicios y alguno de sus recuerdos más preciados, prefiere echar mano de resignación. «A mí ya me da igual. Si le pusieron su nombre a una calle sería por algo, no por rellenar una placa. A partir de ahora no va a ser más o menos porque se la quiten», afirma.Pero, ¿quién fue realmente el general Merry? Su larga vida (murió en 1971, a los 98 años de edad) le permitió vivir de primera mano algunos de los más decisivos acontecimientos de la reciente historia de España, desde el gobierno de Alfonso XIII hasta la dictadura de Franco, pasando por las guerras de Cuba y Marruecos o los alzamientos militares de Sanjurjo y Queipo de Llano.En su hoja de servicios figura algunas de las más preciadas distinciones con las que podía soñar cualquier militar de la época. Fue nombrado caballero de la orden de Carlos III y gentilhombre de cámara de Alfonso XIII, un título que daba el monarca al personal de su confianza, y que se reconocía por una llave de oro que el agraciado llevaba colgada del pecho. Su nieto Luis la conserva todavía en su casa.La iglesia en llamas de CubaPero fue en la guerra de Cuba de 1898 donde el general Merry se ganó, por su valor en el campo de batalla, dos distinciones que sus descendientes guardan con especial cariño. Una de ellas es la Gran Cruz de María Cristina, una de las condecoraciones más preciadas por los militares de la época. La otra, la Gran Cruz de la Orden Piana, que le otorgó el Papa por haber salvado del fuego unas sagradas formas custodiadas en una iglesia. «Los insurgentes cubanos habían incendiado el templo –relata su nieto Luis– y mi abuelo, siendo capitán de Caballería, se jugó la vida para evitar que fueran destruidas». Sus actos fueron mérito suficiente para que el general Weyler, capitán general de Cuba, le nombrara ayudante de campo.Además de en Cuba, Merry también tuvo protagonismo en la guerra de África, hasta que su campo de actuación se trasladó a la Península. Y aquí entran en juego dos de los episodios menos divulgados hasta ahora: su relación con el golpe fallido del general Sanjurjo, en 1932, y el de Queipo de Llano en Sevilla, en julio del 36.Según explica Jorge Fernández Coppel, autor de «Queipo de Llano: memorias de la Guerra Civil» (Esfera de los Libros), decir que Merry participa activamente en ambos golpes es exagerado. «Más bien se une a ellos», matiza. «Como monárquico que era, participa en la ‘‘sanjurjada'', de la que tiene una idea bastante más cercana que del golpe del 18 de julio. Ahí ya no se contaba con él».De hecho, en la primera de las asonadas llegó a estar detenido en la prisión militar de Cádiz, donde compartió presidio con el general Varela y alguno de los cabecillas. Otra cosa muy distinta fue lo que ocurrió en el golpe del 36: «Al enterarse del golpe de Queipo en Sevilla, se presenta el primer día en Capitanía para ponerse a sus órdenes. Queipo le da el mando de una pequeña columna para adentrarse en los pueblos, porque no le sobraban precisamente los soldados, y, en aquellas circunstancias, cualquier militar con experiencia, al margen de su edad, era bien recibido».Sin embargo, su participación en la acción militar no pasó de allí. Con la llegada de los regulares y la Legión fue relegado a labores más propiamente burocráticas. Su actividad militar terminó. Aún le quedarían muchos años de vida.

«Afable, atildado y cortés»Entre los recuerdos que guarda Luis Rivero Merry de su abuelo se encuentra el obituario que publicó la prensa el día siguiente de su muerte, el 5 de enero de 1971, a los 98 años de edad. De él se destacaba su carácter «afable, atildado y cortés», y su enorme popularidad en la sociedad sevillana de la época. «Le dedicaron una calle porque tenía mucha personalidad», asegura. Su larga vida le sirvió también para vivir un hecho poco común en la historia militar de la época: la posibilidad de colocarle el fajín de general a su hijo, Pedro Merry Gordon. De general a general. De padre a hijo.