Laicidad y laicismo

La Razón
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El término laicidad nació como indicación de la condición del fiel cristiano no perteneciente al clero ni al estado religioso. En nuestra época ha asumido el sentido de exclusión de la religión y de sus símbolos de la vida pública, mediante su confinamiento al ámbito privado y a la conciencia individual. Así, al término «laicidad» se le ha atribuido una acepción ideológica opuesta a la que tenía en su origen y se ha convertido más bien en «laicismo».
Se manifiesta en la total separación entre el Estado y la Iglesia, no teniendo ésta título alguno para intervenir en temas relativos a la vida y comportamiento de los ciudadanos, e incluso ahora se quieren excluir los símbolos religiosos de lugares públicos como oficinas, escuelas, tribunales, hospitales, cárceles, etc.
En la base de esta concepción hay una visión arreligiosa de la vida, del pensamiento y de la moral. En consecuencia, no hay un lugar para Dios, para un Misterio que trascienda la pura razón, para una ley moral que tenga un valor absoluto, vigente en todo tiempo y situación; lo que ya vivimos con las consecuencias graves, para el nivel moral de los ciudadanos, la familia y la cultura, que estamos sufriendo.
Por «laicidad», los creyentes entendemos «la legítima autonomía de las realidades terrenas» (Con. Vat. II). Pero no podemos aceptar que «las cosas creadas no dependen de Dios y que el hombre puede utilizarlas sin referirlas al Creador».