Las seis varas al Adolfo

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El toro de Adolfo Martín se hizo ganador por acudir seis veces al peto del caballo. Lo hizo con alegría, pero cuando se encontraba con éste la pelea no era enconada. Ni metía los riñones ni había celo en el empuje, más bien atendía al trámite, pero al animal le pusieron seis veces y las mismas fue. Cuando todos hubiéramos deseado ver faena en las manos hambrientas de Jesús Millán, nos acordamos una a una de las seis varas. Se apagó el toro y a la faena no le quedó más que la actitud sincera del torero, sobrado de solvencia y por encima de la situación. Lo mismo que demostró con el 2º de Silva, el más franco de la tarde, si es que se puede hablar en tan atrevidos términos. Desierto de casta Se trataba la de ayer de una corrida concurso con el objetivo claro de premiar la casta y la bravura. Se cuidó la suerte de varas, pero se ensalzó lo que no era. A la corrida le faltó tanto gas como otras tardes, calidad a raudales y casta. Lejos de disfrutar de la emoción de la sangre ardiente de los toros bravos, vimos desfilar por Madrid animales enormes, más grandes todavía, gigantescos, algunos con badanas increíbles con los que había que hacer un auténtico ejercicio de imaginación para creer que el bicharraco embistiera, como el de Cuadri. ¡Qué toro más inmenso! Aníbal Ruiz y Sergio Martínez, con más o menos fe, hicieron lo que pudieron, pero Millán fue el más resolutivo. Valentín Cuevas fue premiado al mejor lidiador y Alventus al picador. Sin premio pero con mérito se desmonteró Óscar Castellanos.