Le Carré espía el terrorismo islámico

La Razón
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John Le Carré sigue siendo un gran escritor. Estructura sus novelas con la misma pericia que su obra magna, «El espía que surgió del frío», una trama densa, personajes problemáticos, introspección psicológica, concisión y nihilismo a raudales. Debido al fin de la guerra fría, le ha añadido un hastío esencial ante un mundo globalizado sin conciencia social ni nervio moral. Al ya histórico enfado por la burocracia del espionaje y la mala fe de los dirigentes, le ha añadido ahora los espías de la CIA, que en la galaxia del progre cabreado como Ridley Scott, son vengativos sicarios del malvado Bush contra el terrorismo islámico. Si bien es cierto que el espionaje durante la guerra fría era un pasatiempo, Le Carré dotó a sus novelas de una carga cínica, tanto por su escepticismo ante el comunismo como su desprecio por el capitalismo. Sus personajes viven atrapados en un mundo corrupto, a merced de la traición, la ambigüedad moral y el pragmatismo. Bachman, el protagonista, es un nuevo avatar de George Smiley y de Leamas, residuo de un pasado con códigos desaparecidos, frente a la fragmentación del terrorismo islamista.En el terreno del espionaje es donde Le Carré brilla como ningún otro escritor de novelas de intriga. Con la misma precisión que Eric Ambler, atrapa al lector con su poderosa prosa. Navega con maestría entre retrospecciones cronológicas, zarandeando al lector a través de múltiples intrigas que convergen en un inesperado final. Con suspense dosificado y giros imprevistos, el lector se abandona a una prosa cortante, con un narrador omnisciente que se inmiscuye en el interior de cada personaje. Entra y sale de todos ellos con una invasiva tercera persona. Tales cambios de perspectiva alertan al lector de la voz del narrador y descubren el andamiaje retórico del relato. Es esta una prerrogativa de grandes narradores, que gustan, ya en la vejez, desvelar el proceso de construcción del relato. Otro asunto es la cuestión sentimental. Tiene propensión melodramática al expresar el mundo pasional de sus protagonistas, aquejados de un sentimiento de desasimiento que califica de «muerte emocional». Sus héroes se confrontan en un juego de adhesiones y traiciones que acabará por superarlos. Es el sino de cuantos se rebelan, acabar atrapados en su laberinto vital. Lo resume así el banquero de «El hombre más buscado»: «Se había invertido a sí mismo en el mercado erróneo». El del dolor y las traiciones.