Los amigos virtuales de Rajoy

Rajoy es el último recluta de la política del «puntocom». El jueves, el gallego superó la simbólica barrera de mil amigos en Facebook.

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

ace diez días, un abogado gallego se registró en Facebook, la red social más de moda de internet. En su mensaje de presentación, el novato desgranó sus aficiones con tono campechano: «Soy del Dépor, me gustan los deportes y me encanta jugar al tute "subastao"». Nada le distinguía del común de los mortales excepto una foto con su característica barba entrecana y su peculiar dirección postal: Génova, 13. En efecto, Mariano Rajoy se convirtió ese día en uno de los nuevos usuarios del sitio más «caliente» de la Red.

La decisión del líder del PP es un síntoma más del estallido de Facebook, vertiginoso incluso para los estándares «puntocom». Hace sólo tres años era una pequeña cibercomunidad universitaria; ahora, ya es la séptima página más popular de internet, en la que 55 millones de usuarios contactan con sus amigos e intercambian fotos, mensajes y cotilleos. El fenómeno, en plena ebullición en nuestro país, ha convertido a su fundador, Mark Zuckerberg, en un magnate de internet a sus 24 años.

 

165.000 amigos de Obama

En contraste con otras redes sociales, Facebook no es tan sólo una distracción para adolescentes sobrados de tiempo. Cada vez más profesionales utilizan la página para buscar socios, recuperar contactos perdidos o, simplemente, darse a conocer. En Estados Unidos, por ejemplo, resulta inconcebible que un político no cuelgue un perfil para promover su candidatura. Así, Barack Obama ya cuenta con más de 165.000 «amigos», un pelotón de cibervoluntarios que puede resultar crucial en las primarias demócratas.

Este es el filón que pretende aprovechar Rajoy de cara a las generales. Tras su repentina aparición, la comunidad «facebookera» reaccionó con recelos: «¿Eres Mariano de verdad?», le preguntó una de las usuarias. «¿Cómo puedo saberlo? ¡Toy ilusioná!». Pero, poco a poco, hasta los más escépticos se convencieron de que el líder popular es el último recluta de la política «puntocom». Y, a medida que la noticia se filtró por diversos blogs, el hilillo de visitantes se volvió más grueso: el jueves, el gallego superó la simbólica barrera de mil amigos.

El primer contacto de Rajoy fue José Luis Ayllón, secretario de Comunicación del PP. Él fue uno de los ideólogos del ingreso de su jefe en el universo Facebook, un ejemplo más de la «estrategia de modernización» de las tácticas del partido de cara a las generales. «El mítin y la tele siguen siendo fundamentales, pero el éxito de esta idea demuestra que las nuevas tecnologías serán fundamentales en la campaña», explica.

Con su golpe de efecto, Rajoy se convirtió en el primer líder español en contar con un perfil en la página de moda. Pero, días antes, unos simpatizantes socialistas ya habían abierto un club de «fans» de Zapatero en la página, en el que unos 800 usuarios comparten su pasión por el presidente. «Estaba aburrido en el trabajo y se me ocurrió crear el grupo», asegura Saúl Peña, su fundador. «Está claro que internet es utilísimo para movilizar a la gente. En apenas 24 horas, ya teníamos cien socios. Fue alucinante».

 

Se duplica cada seis meses

El mismo asombro, aunque elevado a la enésima potencia, es el que siente Zuckerberg desde el 4 de febrero de 2004, cuando lanzó su criatura al ciberespacio. Al principio, era una red de contactos para los estudiantes de Harvard. Sin embargo, el círculo fue creciendo hasta alcanzar la situación actual, en la que el número de perfiles se duplica semestralmente. En España, aunque vayamos algo rezagados, ya es la vigésima página más vista, con unos 150.000 usuarios regulares. «Y no me extrañaría que dentro de doce meses tenga unos 600.000 usuarios», asegura Enrique Dans, experto en nuevas tecnologías del Instituto de Empresa.

Pero, ¿cómo funciona exactamente Facebook? El primer requisito es rellenar un perfil de usuario que incluye edad, ideas políticas, trayectoria profesional y aficiones personales. También se pueden adjuntar tus relaciones personales (con casillas como «en una relación abierta» o «es demasiado complicado») o reconocer lo que se busca en la página (ya sean «flirteos al azar» o «lo que surja»). Y, en cinco minutos, llega el momento de la verdad: inaugurar tu lista de contactos.

En Facebook, la amistad no es algo que se gane con las alegrías y los amargores del día a día, sino a simple golpe de ratón. En un microsegundo, la página rastrea tu agenda de email, detecta a tus conocidos y, como en el patio de la guardería, les pide si quieren ser tus amigos. En este paso, hay que tener cuidado: si no, se puede acabar en un mundillo virtual con tu asesor fiscal, tu podólogo y siete ex novias. Pero, con un poco de maña, uno puede recuperar (y mantener) el contacto con infinidad de viejos conocidos a los que se daba por perdidos. «Facebook arrasa porque satisface una necesidad común a todos los mortales, que es estar al tanto de lo que hacen tus amigos», explica Antonio Ortiz, analista de tecnología del blog Error500.

Completado el trámite, todo es cuestión de merodear por la página. Uno de los placeres más adictivos es hurgar en los contactos de tus amigos. Quizá allí esté la chica que conociste hace años en una fiesta y que, con un simple clic, puede volver a tu vida para siempre. O, en el peor de los casos, te topas con un antiguo compañero de trabajo de tu primo al que invitar a tu redil: a fin de cuentas, todos hacen bulto por igual. Porque ése es el lado oscuro de la página: que expone tu vida social (o carencia de ella) a la mirada de millones de internautas.

 

¡No soy un paria social!

De ahí la enorme competitividad por añadir nuevos «fichajes» a la lista de amigos, aunque sea a costa de dedicar cinco horas diarias al invento. O la insistencia de la gente de colgar fotos suyas en distintos estados de embriaguez: lo que sea para no quedar como un paria social. La página tiene una extraña habilidad para convencer a los usuarios de que añadan información íntima al alcance de millones de desconocidos.

Para los más extremistas, Facebook es como «Gran Hermano», pero aún más enfermizo, ya que sus víctimas sucumben de manera voluntaria. Pero no hace falta recurrir a metáforas apocalípticas para comprender los riesgos: cada vez más empresas echan un vistazo a estas redes sociales antes de contratar nuevos empleados. ¿A cuánta gente le gustaría que les vieran de farra antes de una entrevista de trabajo? Pues, según una reciente encuesta, el 60 por ciento de los usuarios no se plantean si la información que cuelgan en la página les perjudicará en el futuro.

En el fondo, nadie sabe cómo evolucionarán este tipo de sitios: ese es su gran atractivo, pero también su mayor riesgo. Cuando los políticos se exponen a la Red, se apuntan un tanto de modernidad, pero también se ponen en plano de igualdad con los ciudadanos. Y estos no tardan en patalear: en cuanto se conoció que Rajoy pululaba por ahí, se creó un grupo de «facebookeros» para pedir su expulsión. «Pero asumir estos riesgos es la única forma de combatir el apolillamiento de la política española, que sigue anclada en el bocata y el autobús», recalca Dans.