Cine

Los nuevos mesías del cine español

Verdad. Y gorda. Las cifras del cine español en 2008 fueron más que preocupantes: un millón y medio menos de espectadores y unas subvenciones de 85 millones que, por primera vez, superaron a la recaudación, que sólo llegó a 81. Tan preocupante era el panorama que ha provocado hasta un cambio ministerial. Pero un éxito rotundo, el de «Mentiras y gordas», auspiciado por un grupo de actores jóvenes, ídolos de la televisión, tal vez indique por dónde deberían ir los tiros del cine español si quiere dar en la diana. 1.793.314 euros de recaudación en el fin de semana de su estreno encaramaron a esta cinta al podio de la cartelera, por delante de «Gran Torino», de Clint Eastwood, y «Los abrazos rotos», de Pedro Almodóvar. En realidad, una de cal y otra de arena. Mientras la esperada vuelta de Almodóvar ya ha confirmado su batacazo entre los espectadores tres semanas después de aterrizar en los cines -se ha precipitado al sexto lugar de las más vistas-, un filme sudoroso, sexual y palomitero sigue su imparable ascenso, con más de 3 millones de euros recaudados hasta la fecha. ¿El secreto del éxito? El mismo, salvando las distancias, que dispara las audiencias de Antena 3 gracias a «El internado» y «Física o química». El mismo también que, salvando más aún las distancias, ha servido para que el montaje teatral de «Hamlet» dirigido por Tomaz Pandur cuelgue el «no hay billetes» en pleno éxtasis de feromonas. Los actores. Muchos de ellos (y ellas) no han cumplido los veinte años, y su experiencia es escasa, no por falta de ganas, sino porque apenas les ha dado tiempo. Así, alumnos matriculados en los primeros cursos de las escuelas de interpretación más prestigiosas, como las dirigidas por Cristina Rota, Nancy Tuñón y Juan Carlos Corazza, están viendo cómo sus carreras se disparan a la velocidad del rayo. Es el caso de la actriz Blanca Suárez, de «El internado», que se enfrentará la próxima semana al jurado del Festival de Málaga con la comedia «Fuga de cerebros». Una buena escuela Blanca reconoce que «no me llueven los papeles, pero no me puedo quejar ni lo más mínimo. Poco a poco me van llamando, algo complicado en los tiempos que corren». Para ella, el «boom» de los nuevos actores responde a un proceso natural, sólo que empujado por la buena factura de las series que se ven ahora en televisión: «Somos la generación siguiente a la que surgió de ¿Al salir de clase¿, porque ellos ya rondan los 30, así que es lógico que se busquen caras nuevas. Por otro lado, se está demostrando que, frente a lo que se creía antaño, la televisión no es tan mala escuela. Eso sí, el ¿boom¿ se pasará y muy pocos lograrán una carrera sólida, siempre ocurre igual». Paloma Juanes, una de las decanas en la representación de actores, se encarga de la carrera de Blanca y otros como Martín Rivas -candidato al Goya a mejor actor revelación por «Los girasoles ciegos»- y María León. Según Paloma Rodríguez, del equipo de Juanes, «ellos significan la novedad y la atracción de la Prensa» frente a la solidez de grandes como Amparo Baró y Juan Diego. Lo mismo ocurre con Elvira Sánchez Gallo, que en su cartera de representados, entre ellos Blanca Portillo, ya incluye un apartado dedicado a jóvenes, con nombres con tanto futuro como Albert Carbó, Mariam Hernández y Esmeralda Moya, alumnos de Tuñón y Rota, respectivamente. La fiebre también ha llegado a los propios estudiantes, que ven más cerca que antes la posibilidad de meter la cabeza en los «cástings». Si esta misma semana se despedían de Corazza dos alumnos de primer curso para incorporarse a los rodajes de «Águila roja» y «El internado», en Kuranda, la agencia que representa a Penélope Cruz y Elena Anaya, fueron pioneros en esto de buscar «caras nuevas». Así se llama su programa para cazar talentos, y en esta edición las inscripciones les han desbordado. Requisitos: ser menor de 25 años y acreditar un mínimo de dos en una escuela de actuación. Resultados: saltan a la vista. Más que carne El éxito de «Mentiras y gordas» ha servido de avanzadilla para una tendencia que pretende demostrar su poder de convocatoria en el Festival de Málaga. Lo curioso es que pocos apostaban por esta cinta excepto sus creadores, David Menkes y Alfonso Albacete. Tras ellos está Ángeles González-Sinde, que, antes de ser nombrada ministra de Cultura, firmó un guión tórrido y de fácil deglución por los adolescentes voraces. Blanca Portillo, que comparte escenario en «Hamlet» con Hugo Silva -otro de los protagonistas del filme- , habla también de la fiebre adolescente: «El peligro de esto reside en cómo se utiliza en ciertos medios el trabajo del actor. Los tratan como productos, con un lazo puesto y preparados para ser desenvueltos, igual que trozos de carne. Empieza a dar miedo». Silva, al igual que Alberto Amarilla, Ana de Armas y Mario Casas, confía en Media Art Management, agencia internacional que reúne a gran parte de la cantera juvenil. Pero quien mejor sabe de este «boom» es Beatriz Castro, directora de la agencia Yoloviprimero y representante de Miguel Ángel Silvestre: «Como todo en la vida, esto también es cíclico. Pero la idiosincrasia del momento, incluida la crisis económica, está aumentando esta tendencia. Es más fácil encontrar nuevos valores en la televisión, ya que apenas se produce cine. Y a la vista está de que la tele, digan lo que digan, es un escaparate estupendo para mostrar el talento artístico».