Música

Lydia Bosch toreó a las líderes de la televisión matinal

Lydia Bosch toreó a las líderes de la televisión matinal
Lydia Bosch toreó a las líderes de la televisión matinal

Cuesta creerla, porque ya parece un folletín por capítulos. Una historia digna de los culebrones iberoamericanos, con buenos, malos, manipuladores y gentes de doble cara. Es lo que se piensa ante las inesperadas, aunque breves, declaraciones de Lydia Bosch después de que su abogada, Susana Moya, asegurase en un comunicado que «no se harán por parte de Lydia más manifestaciones, ya que se trata de temas privados que han de ser resueltos por los Tribunales, únicos que disponen de los datos necesarios». Dicho quedó, todos lo creímos y más todavía personas tan sensibles al tema como Susanna Griso y Ana Rosa Quintana, líderes de audiencia que comparten horario con Concha García Campoy, quien emitió un vídeo casi alegato muy positivo para la actriz, la misma que parece actuar como tal. O eso temen, porque se ven utilizadas en su fibra más sensible, esa que Lydia había tocado personalmente al contactar con ellas una a una. Se quedaron sobrecogidas, enganchadas a su defensa y transformadas en protectoras de Andrea, la hija ya no tan menor, pues pronto cumplirá 18 años.

Una familia ejemplar

Ana Rosa, Concha y Susanna tomaron partido por su causa, muy afectadas por lo que una sensible Lydia desveló. Alberto, su todavía esposo, parecía el irredento culpable de tanto descalabro familiar, y dicen que la convivencia era casi insoportable, pero que hacían el paripé pensando en su inocente prole, se supone que ignorante de cómo fingían sus píos progenitores, una pareja de misa y rosario diario. He visto fotografías del pasado verano que ofrecen estampas muy diferentes a las del malestar doméstico: recogen a los hijos de una y otros en una playa catalana –creo que Calafell– donde todo es armonía. Ni sombra de acritud, menos aún de tirantez entre Alberto y Lydia. La hija de ésta, nacida de su relación con Micky Molina, aparece en biquini, apoyada de manera despreocupada sobre el hombro de su padrastro y también en sus rodillas, pura imagen de ingenuidad. Risas por doquier conforman un clan en el que los hijos de uno, de otra y los comunes se entendían de maravilla. De aquellos polvos a estos lodos que lo embarran todo.

Y en eso andan las líderes, más molestas que sorprendidas al considerarse engañadas por los dos entrecomillados de unas declaraciones que Lydia concedió presuntamente por un exceso de ingenuidad que no encaja. Hablaron con Laura, su portavoz, y preguntaron si Lydia estaba con ella. Ante la respuesta afirmativa, le pidieron que la pusiera al teléfono «para darle ánimos». Sólo hablaron quince segundos, suficientes para pillarla en pleno desahogo. ¿De pilla a pilla? Acaso, porque las hay con esos ardides. O quizá se trata de un pacto, porque extraña que una actriz tan reacia a la Prensa cayese en una trampa tan facilona.

Los de «¡Hola!» deben estar tan enrabietados como el trío televisivo, más después de haberle dado cobijo en su casoplón abulense el pasado fin de semana. Con generosidad, desinterés y caridad, los Sánchez-Junco también le abrieron el corazón para que se sintiese bien. Ella pagó ofreciendo la exclusiva a otros. Nos costará creer lo que cuente a partir de ahora.