Música

Barcelona

Madonna reivindica su reinado en Barcelona

El Estadio Olímpico acogió ayer el primer concierto de la gira española de la proclamada reina del pop. Demostró con un gran espectáculo que no ha perdido su gancho.

licencia para bailar Madonna, ayer en Barcelona, en uno de los momentos más espectaculares de su «show»
licencia para bailar Madonna, ayer en Barcelona, en uno de los momentos más espectaculares de su «show»larazon

Dos gigantescas columnas rosadas con la letra «M» presidían el escenario de Madonna. Fluorescentes, megalómanos, «kitsch», los pilares eran una prueba de todo lo que se le pide a una estrella del pop y la gran introducción para hacernos comprender el tamaño del fenómeno Madonna. El concierto se hizo esperar media hora ante un impaciente público que no quería aguantar más para ver a la diva. Al menos tenían esa gran «M» para recordarles que les esperaba un montaje «gargantuesco». Y así fue.Entonces se apagaron las luces, la gran «M» apareció por arte de magia en un cubo en el centro del escenario, las pantallas empezaron a proyectar imágenes psicodélicas, los altavoces dejaron sonar el famoso «tic tac» y la voz de Madonna comenzó a absorber al público. Aun así, ella no aparecía. El suspense iba en aumento y la tensión hacían que muchos no dejasen de gritar. Hasta que el cubo se deshizo en mil pantallas y de debajo del escenario surgió la reina del pop subida, como no podía ser de otra manera, a su trono.Con la vara de mando«Candy Shop», uno de los éxitos de su último álbum, «Hard Candy», abría así la caja de Pandora; los bailarines le dieron a la ambición rubia su vara de mando y, presumiendo de unas piernas que aguantan a la misma mujer desde hace 50 años, comenzó a bailar con movimientos basados más en la sensualidad y el erotismo que en virtuosismos gimnásticos. Su tradicional «¡Hola Barcelona!» no se hizo esperar según presentó «The Beat Goes On». «¡Bonitas botas, Madonna!», gritaba el público. Con un body de cuero negro, trataba a sus bailarines como una dominatrix y con un «sampler» de Kanye West apareció subida a un Rolls Royce blanco con una chistera del mismo color. Su último disco sigue la estela «hiphopera» de Timbaland y compañía. No podían faltar en el «show» la ostentación y el lujo por todo lo alto.Con «human Nature» se enfundó con una guitarra y no se sabía si la tocaba, pero la acariciaba como si fuera uno de sus hijos adoptados. «¡Cantad conmigo!», gritó, aunque nadie parecía saberse la canción. Preferían sus éxitos de los 80. El primer gran momento de la noche se produjo con «Vogue»: subida a una plataforma nos recordó a solas cómo se bailaba en 1990. La canción estaba remezclada con «Four Minutes», y ahora sí que el público cantaba con ella. Hace 19 años de este tema y todavía suena más moderno que su disco más reciente. La deconstrucción de sus éxitos fue la tónica del concierto, desnudándolos y vistiéndolos de nuevo con «beats» rotos y centenares de pistas pregrabadas. Su gira se basa en una fusión de los 80 con las tecnologías avanzadas de 2000. Un popurrí que unas veces queda mejor que otras.Aquí acabó la primera parte de un concierto dividido en cuatro, con interludios en los que la cantante daba la alternativa a la exhibición de sus bailarines. El primero fue una pelea de boxeo coreografiada con gracia mientras, de fondo, sonaba una remezcla de «Day Another Day», el tema que firmó para la banda sonora de una película de James Bond. Los espectadores no soltaban sus cámaras ni un segundo, demostración de que la gente prefiere poder contar que ha estado en un concierto que verlo in situ.Madonna regresó con una explosión de color y saltando a la comba. Con dibujos de Keith Haring a sus espaldas y bailarines con chandal empezó una versión «house» y festiva de «Into the Groove». La estrella pidió ruido y la gente se lo dio. Le hubiesen entregado cualquier cosa que le hubiese pedido mientras un Dj empezaba a hacer sus demostraciones de «scratching».Una hermana «hiphopera»Porque Madonna, ahora, como todo el mundo sabe, es una hermana «hiphopera». La diva se acercó al público y le dio el micrófono para que cantase. Todos tenían «groove», todos bailaban, todos querían como nunca a Madonna. era el momento de los «hits» de los 80, y con «Holiday», que mezcló con fragmentos de «Everybody», su primer single de 1983, llegó el delirio colectivo, que llevó un poco más arriba cuando introdujo su homenaje particular a Michael Jackson. «¡Larga vida al rey!», gritó la cantante. La respuesta era clara: larga vida a la reina.