Ministros de usar y tirar

Zapatero consolida su estilo presidencialista y acota lo que debe hacer cada cual

La Razón
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Salvo un reducido núcleo que ha sobrevivido durante dos Legislaturas a toda clase de asechanzas, los ministros de Zapatero son una especie perecedera con la fecha de caducidad fijada el mismo día de sus nombramientos. Son ministros «kleenex» de usar y tirar. A poco que se acatarre, el presidente los desecha como si fueran pañuelos de papel. En estos cinco años, muchos ministerios han tenido nada menos que tres titulares distintos, como Justicia, Educación, Defensa, Administraciones Públicas, Cultura e Industria. La permanencia en el cargo no llega ni a dos años por cabeza, media especialmente preocupante en departamentos como Educación y Justicia. No parece que a la política educativa, necesitada de una planificación estable y sólida, le beneficien los bailes ministeriales. Tampoco a los jueces y tribunales les favorece que cada poco se cambie de interlocutor y de discurso. Otro de los rasgos que caracterizan a los elegidos por Zapatero es su naturaleza monotemática, programados para un solo cometido de acuerdo al principio: un problema, un ministro. A veces, sin embargo, el problema acaba siendo el propio ministro. Así, Bibiana Aído es ministra del Aborto; Ángeles González Sinde, del Cine; Manuel Chaves, de Financiación Catalana; Ángel Gabilondo, de Bolonia; y Trinidad Jiménez, de Dependencia. Que nadie les pida otra cosa: primero, porque no la harían; y segundo, porque al presidente no le gustaría. Zapatero ha acreditado un estilo de gestión presidencialista, acotando a cada cual su cometido, y ha sido implacable con quienes han confundido sus órdenes con simples opiniones. Algunos cadáveres exquisitos, desde Jordi Sevilla a César Antonio Molina, lo pueden atestiguar. Parece que en el PSOE ya nadie le llama Bambi y menos aún la vieja guardia que le juzgó con cierta condescendencia.