El club de las primeras damas

Las cumbres del G-20 y la OTAN encumbran a Michelle Obama y Carla Bruni como iconos de dos nuevos estilos

El club de las primeras damas
El club de las primeras damas

Era de esperar. La presencia de Barak y Michelle Obama en la Cumbre del G-20, celebrada en Londres, prometía máxima expectación. Y no porque esta reunión de alto nivel sirva para «salvar» al mundo de la profunda crisis en la que está inmerso, sino por el bautismo en tierras europeas que este viaje ha supuesto para la primera dama de EE UU. Sus diseños y su actitud estaban en el punto de mira. Desde Jackie O., ninguna «first lady» había despertado tanto interés entre los expertos –y no tan expertos– en moda. Michelle O. (curiosa casualidad) se ha convertido en toda una «top model» de carne y hueso; de mucha carne y más hueso. Su fuerte constitución, ligeramente masculina, da forma a la modelo más preciada del momento por diseñadores de todo el mundo. Ausencia calculadaSin embargo, no ha sido la única «esposa de» que ha disparado las alarmas de los profesionales del «fashion business» y, también, del «gossip» o cotilleo. En la cumbre londinense, y a falta de Sonsoles Espinosa –por motivos de trabajo– y Carla Bruni –su ausencia estaba pefectamente calculada–, Sarah Brown, esposa del anfitrión y primer ministro británico Gordon Brown, ocupó el segundo puesto en interés y atenciones. Más aún teniendo en cuenta que, en esta ocasión, una cumbre para intentar acabar con la grave recesión económica mundial, el vestuario escogido por las primeras damas –y su coste– ha sido una información de máxima relevancia. Pero no han defraudado. En el encuentro que ambas mantuvieron, tanto Sarah Brown como Michelle Obama acertaron con «el precio justo» de sus looks. La esposa del primer ministro británico, que no suele caracterizarse por ser muy «stilish», apareció correctísima con un vestido azul marino creado por la diseñadora Britt Lintner, una de sus firmas preferidas desde hace años. Su estilo práctico, sobrio y muy de «working girl» (mujer trabajadora), encaja a la perfección con Brown. ¿Su precio? 450 libras (unos 496 euros). Sus accesorios tampoco fueron de lujo: unos zapatos de charol de la cadena Russell and Bromley y un collar de plata de Astley and Clarke, comprado por internet. Por su parte, Michelle Obama lució un cárdigan con pedrería y falda lápiz de la popular firma americana JC Crew. Su precio: 345 dólares (unos 338 euros). Como accesorios, sus icónicas perlas (sintéticas, siempre) y unos zapatos en piel grabada. En sus siguientes citas, osciló entre el aire chic del vestido en crêpe color marfil y negro realizado por Isabel Toledo (diseñadora del «look» de la ceremonia de investidura de Obama) y el cárdigan con dibujo geométrico del japonés Junya Watanabe.La Reina y la rebecaTampoco pasó desapercibida su rebeca negra para ocultar sus biceps en la recepción con Isabel II, aunque en esta cita la moda quedó eclipsada por la cordialidad demostrada con la Monarca.Michelle Obama prometía ser la reina indiscutible entre todas las primeras damas reunidas en Londres, pero Carla Bruni, cuyas ausencias suelen ser resultado de cálculos perfectos, guardaba un as en la manga. Concretamente, en la de su abrigo de Dior. Y es que los Sarkozy se convirtieron en anfitriones de los Obama durante la cumbre de la OTAN celebrada en la localidad francesa de Estrasburgo. Allí, Bruni hizo su aparición estelar y, una vez más, confió en un «total look» de John Galliano para Dior: abrigo en ante gris, bolso con asas circulares y metálicas y bailarinas completamente planas. Que se pasó del «presupuesto» salta a la vista, pero también que hizo gala de nuevo de su reformado «allure» al más puro estilo Jackie Kennedy –la imita más que la propia Obama–. El reto no era fácil, pero la esposa Sarkozy dejó claro que, ante su chic parisino, poco hay que hacer. Ganó por goleada. Es toda una profesional del protocolo y del estilo. No estuvo en el G-20; pero es la número uno.

Carla Bruni vence el dueloTodos esperaban que el encuentro entre Michelle y Carla se produjera en Londres. Sin embargo, la primera dama francesa supo jugar muy bien sus cartas y evitó perderse entre el resto de esposas en el G-20. Prefirió ejercer en exclusiva de anfitriona ante su homóloga norteamericana. En el duelo protocolario, ganó Bruni.