«No nos van a poner fácil ganar»

Está convencida de que ésta será su noche. Lo repite una y otra vez en el estribillo con el que quiere ganar Eurovisión, cuarenta años después del segundo y último triunfo de nuestro país con aquel «Vivo Cantando (Hey)» de Salomé. A pocas horas de subirse al escenario de Moscú, Soraya ha confesado a LA RAZÓN estar «supertranquila y muy concentrada». Ajena al castigo que puede recibir TVE por no retransmitir el jueves en directo la semifinal del concurso, se ha atrincherado en un hotel apartado del resto de participantes. -Va a ser la última en actuar...-En el Reino de Dios los últimos serán los primeros. Espero que sea así, aunque cuando un tema es bueno no importa el puesto.-¿Volverá con el oro de Moscú?-Prometí que haríamos lo posible para traerlo. A ver si Europa nos deja, no nos van a poner fácil ganar.-Las quinielas la situaban en el «top» cinco, pero a última hora ha perdido puestos. ¿Le desanima?-Para gustos, los colores. No a todo el mundo le puede gustar nuestro tema, pero nadie mejor que yo sabe lo que voy a hacer sobre el escenario y yo te digo que vamos a quedar entre los diez primeros. -¿Se cambiaría por Melody?-Jamás. No doy vuelta atrás nunca. Soy muy consecuente con todo lo que me pasa, para bien o para mal. En la vida todo tiene un sentido y si me ha tocado a mí estar aquí, supongo que es para abrirme los ojos por algo. -Durante su actuación desaparece por arte de magia. ¿Hará lo mismo si queda peor que Chikilicuatre?-Ni me lo planteo. Hay que saber darle la vuelta a la tortilla. Estar aquí ya es un triunfo, además de un aprendizaje personal y artístico. -Y si gana, ¿se rapará el pelo?-No. Este triunfo no me pertenecería, sería para los españoles. Sólo he sido una interventora y me gustaría que lo celebraran los que tienen pasión por el festival y no aquellos que critican todo por criticar. -¿Cuántas veces ha cantado «La noche es para mí» en el último mes?-Unas cuatrocientas. Es lo que toca. Todo tiene su momento y cuando pase, otro single llegará.-Ha protestado a la televisión rusa porque no han captado la esencia de su puesta en escena. ¿Es perfeccionista o un poco quejica?-Cuando me quejo es porque tengo una razón. No he sido la única. Lituania se quería retirar del concurso por este mismo motivo. Los realizadores están haciendo planos muy generales donde lo más importante es el espectacular escenario ruso y dejan al artista en un segundo plano. -Es rubia con la tez blanca, habla un inglés perfecto. ¿Le han confundido con una cantante nórdica?-(Risas) Sí, te lo prometo. El otro día vi al cantante danés y me saludó en su idioma porque pensó que era escandinava. -Su novio es sueco y ha reclutado allí una legión de fans. ¿Se presentaría por Suecia a Eurovisión?-Si presentarme al Melodifestivalen –programa para elegir al representante sueco– me sirviera para hacerme fuerte allí, por supuesto. Lo importante es la pasión por la música y allí donde haya un público que me quiera, iré. Este año fueron los eurofans los que me pidieron que me presentara en el festival y yo, como soy agradecida, acepté. -Imagínese que soy letón. Haga campaña para que le vote.-Tienes que votarme porque te gustaría que el próximo festival fuera en España por el sol, la buena comida, la fiesta... Y sobre todo porque llevamos una canción ganadora con la que toda Europa puede bailar y sentirse identificada. Y tú, por ser letón, más todavía, por los violines que son instrumentos con mucho arraigo en tu país. -Se ha hablado mucho de su ropa interior. Al final, ¿con o sin?-Con, con. Siempre, que luego cogemos frío y aquí en Rusia, más.