Literatura

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Pasiones históricas

La Razón
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Muchas veces, lo mejor que se puede esperar de un narrador es que se plantee desafíos nuevos. Eso sucede con Susana Fortes, quien con cada libro proyecta un tipo de historia diferente, aunque la mayoría participe de un trasfondo detectivesco. Es el caso de «Fronteras de arena» (2001), un punto de inflexión en su carrera, pues el sesgo de cierto intimismo biográfico de sus primeros trabajos –como «Tiernos y traidores»– da paso a un argumento que recrea el Marruecos y el Sáhara de 1935 a través de un triángulo amoroso. Esa actividad de suspense y pasión con la que suele adornar sus tramas, más un clima de encanto nostálgico y una aureola legendaria («Querido Corto Maltés» o «Las cenizas de la Bounty») hace de Fortes una escritora que roza la saudade gallega pero que acaba quedándose en la sobriedad del género literario que elige. Muy en especial, en el de la novela histórica, como en «Quattrocento» (2007), donde lo memorístico, lo policial, lo histórico, lo sensual converge hasta formar una obra que, con los ingredientes de muchos best-sellers actuales de dudoso gusto, logra literatura de calidad.