Polonia se blinda tras convertirse en la principal frontera este de Schengen

Polonia se convierte esta medianoche en el límite oriental más importante del «imperio Schengen», lo que obliga a las autoridades polacas a impermeabilizar la frontera con sus vecinos del Este, hasta ahora el principal coladero de Europa para los inmigrantes provenientes de la antigua URSS y Asia.
«Es un momento importante que esperábamos desde hace quince años y por eso nos hemos preparado concienzudamente en los últimos meses», declaró a la prensa Anna Wojcik, responsable de un puesto fronterizo polaco con Bielorrusia que ha reforzado sensiblemente las medidas de control y seguridad. «Hemos hecho cursos de documentoscopia con colegas holandeses para conocer las últimas técnicas en falsificación de pasaportes y hemos estudiado el acuerdo de Schengen», explicó Wojcik, quien mostró con orgullo el nuevo equipo informático y técnico que sustituye al primitivo sistema de control.
Como Wojcik, otros 10.000 funcionarios se encargarán de vigilar con especial celo la frontera este de Polonia, tradicional «agujero» de Europa para los emigrantes provenientes de la antigua URSS o de países asiáticos como Bangladesh o Pakistán, y que para los expertos supone una vía de entrada de emigración más importante que la del sur de Europa.
Pero lo que más preocupa hoy a las autoridades es la llamada «frontera verde», la zona boscosa que sirve de límite entre Polonia y Ucrania, donde por unos 2.000 euros, las mafias locales cruzan a los desesperados a través de tortuosos senderos de montaña.
La región es conocida como uno de los pasos con más probabilidad de éxito aunque también como uno de los más peligrosos, como quedó en evidencia el pasado mes octubre, cuando el frío y la nieve se cobraron la vida de tres niñas chechenas que murieron de una hipotermia cuando intentaban llegar a Polonia junto a su madre.
Sólo en 2006, 455 personas fueron sorprendidas por la policía de frontera en esta zona de la provincia de Biesczady (sureste del país), y otras 200 en lo que va de año, la mayoría emigrantes que intentan penetrar en Polonia para llegar a otros países de la Unión Europea (UE) con más oportunidades y una legislación más flexible que la polaca.
El Gobierno polaco se esfuerza en blindar su frontera este desde los últimos diez años con el objeto de alcanzar los criterios exigidos por Schengen, para lo cual desde 1997 se invirtieron 65 millones de euros sólo en infraestructuras fronterizas y se adquirieron, por ejemplo, 1.300 nuevos vehículos todoterreno para patrullar las áreas más inaccesibles.
Ajeno a los problemas en un día de celebraciones, el ministro de Interior polaco, Grzegorz Schetyna, comparte el entusiasmo de la mayoría de sus compatriotas y considera que la entrada en Schengen es todo un símbolo para los países que sufrieron el dominio comunista después de la Segunda Guerra Mundial. «Vamos a seguir trabajando en mejorar nuestras fronteras, y para eso hemos puesto en marcha un plan especial de modernización de la guardia de fronteras que traerá nuevas inversiones en los próximos dos años», anunció Schetyna a la radio pública polaca.
Pero no todos los polacos comparten esa opinión y algunos se preguntan qué sucederá ahora con los marginados vecinos del Este, Bielorrusia, Rusia y Ucrania, que pasan a convertirse en la frontera este de Europa.
«Creo que a partir de este momento los bielorrusos, ucranianos y rusos tendrán muchas más dificultades para acceder a Europa, y hay que tener en cuenta que cada año miles de ciudadanos de estos países vienen hasta Polonia para trabajar como obreros, jornaleros o limpiadores», apuntó con preocupación uno de los analistas políticos del diario «Dziennik», Jerdrzej Bielecki.
«Los visados serán más caros y, para los bielorrusos, por ejemplo, costarán 60 euros, un tercio del salario medio en ese país, todo ello sin contar con que los trabajadores tendrán que acreditar que regresarán al expirar sus permisos y cumplimentar el resto de requisitos exigidos por Bruselas», criticó Bielecki.
La profesora del Instituto de Asuntos Públicos de Varsovia Lena Kolarska también comparte esta inquietud y opina que Schengel «dificultará el tránsito de trabajadores del Este, necesarios para el mercado de trabajo de Polonia, que actualmente sufre un déficit de mano de obra debido a la emigración masiva de polacos a otros países de la UE como el Reino Unido».
Varios medios de comunicación se hacían eco de ese temor a que la economía polaca se vea afectada negativamente por la entrada en Schengen, ya que en Polonia la necesidad de mano de obra es acuciante y muchos empresarios tienen las esperanzas puestas en la llegada de trabajadores del Este.