Que Dios reparta suerte

¿Que Dios  reparta suerte?
¿Que Dios reparta suerte?

En los patios de cuadrillas los «coletas» se dicen de manera ritual: ¡que Dios reparta suerte! Pero la verdad es que desde siempre ha habido una rivalidad feroz por triunfar en la plaza, cortar más orejas que nadie y seducir a más señoras de bandera. La polémica sobre la tan traída Medalla al Mérito de las Bellas Artes a Rivera Ordóñez lo que pone una vez más sobre el tapete es la rivalidad entre los toreros. Las dos Españas taurinas que han roto entre Joselito y Belmonte, «El guerra» y «Lagartijo», o el clasicismo y lo dionisiaco como dos maneras de entender la tauromaquia. No es un problema de dignidad de la profesión, palabra horrible para referirse a artistas, sino de cómo entender ese misterio llamado toreo. Los buenos toreros son locos o al menos deben parecerlo, cosa muy lejana de la fría estadística de las mil corridas de toros que al parecer son el requisito administrativo de Rivera Ordóñez para el galardón ministerial. Le preguntaban a Morante de la Puebla cómo se pueden torear mil corridas, y ha respondido el de la coleta natural, que «una detrás de otra»... Poesía y desgarroJosé Tomás, Paco Camino, Morante de la Puebla, Rafael de Paula, Manzanares, representan una insólita visión de la tauromaquia como arte insobornable, poético y desgarrado. El galardonado y sus acólitos no son otra cosa que la facilidad lidiadora, la técnica taurina sin otros adjetivos. La gozosa polémica que inaugura la temporada vibrante de 2009 ha puesto de relieve nuevamente que para ser torero uno debe sentirlo dentro y fuera de la plaza. O al menos que se le note hasta por los andares. José Tomás ha roto su autismo mediático por una sola vez para reivindicar que, si los toros quieren ser un arte eterno, nunca podrán ser condenados al expediente administrativo y al «papel couché». Se torea como se es y se vive como los toreros bandoleros del XIX. Lo demás es roneo y ceniza taurina para la historia.Esta medalla del Ministerio de Cultura nació auspiciada por el otrora secretario de Estado de deporte y militante taurino, Juan Antonio Gómez-Angulo. Se hizo para premiar póstumamente, y de manera paradójica, al abuelo del galardonado de la polémica, el maestro de Ronda, Antonio Ordóñez. Desde su inicio no ha dejado de causar estupor que primero se premiara a «Litri» padre y sólo después de siete ediciones al «Niño sabio de Camas», Paco Camino, y para mayor asombro, la famosa «medallita» ha recaído en el periodista taurino Manolo Molés. Incluso se ha llegado a premiar al único descendiente vivo de la dinastía «Bienvenida», como fue Ángel Luis. Por tanto, no deberíamos rasgarnos las vestiduras por lo desafortunado de un título gubernativo que reparte favores a toreros amables y complacientes con el poder. Nada tiene que ver toda esta bronca con el hilo del toreo y con la rugosa autenticidad de quienes son tan visionarios para creer que la belleza es un soplo fugaz de vida y muerte. Seguramente el genio José Tomás, tan ajeno a la opinión pública y sus ecos, ha querido poner el punto sobre la «i» que supone comprender que no todos se visten de la misma manera el vestido de torear. Los corifeos de Rivera Ordóñez, Enrique Ponce, El Cid y lo políticamente correcto en tauromaquia se habrán visto sobresaltados por este pronunciamiento de los raros y los artistas. En tauromaquia o se es heterodoxo o se es un ingeniero de lidiar toros y sumar contratos de poca memoria. Lo triste de todo esto es que el interesantísimo torero llamado Cayetano, ligado por sangre al nominado, y su no menos genial apoderado Curro Vázquez, participen de esta fiesta cruenta de las dos Españas taurinas. En 2010 la medalla de marras debería ser para el alguacilillo de Las Ventas.

Algo se mueve en la fiestaJosé Tomás y Francisco Rivera Ordóñez encarnan perfectamente las dos Españas taurinas. El de Galapagar torea poco y sin televisión, mientras que el hijo del gran Paquirri se prodiga mucho y es ocupante habitual de las revistas del «cuore». 2008 fue el año de la enésima resurrección «josetomasista» y así se premió por los ideólogos ministeriales. La medalla 2009 reconoce catorce años de alternativa y más de mil festejos en los carteles. Este último galardón ha desatado la polémica entre toreros, periodistas y aficionados taurinos. Seguramente todo sea una manifestación de que algo se mueve en la fiesta. La reacción de todos estos maestros es una estupenda señal de que los toros están muy vivos.