Sacristán y Alterio una pareja de muerte

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Miguel ayanz A uno le queda una semana de vida. Al otro, dos. Unidos por el destino y por una habitación de hospital, Julio y Pedro conversarán sobre mil y una cosas de la vida en esta comedia con regusto amargo escrita por Samuel Benchetrit y que dirige Óscar Martínez (un autor y director de éxito en Argentina; el público español le conoce sobre todo como uno de los tres actores del «Arte» de Darín). En escena, un dúo veterano -no podía ser de otra manera- cuyos nombres funcionan como un imán: Héctor Alterio y José Sacristán. 79 y 71 años, respectivamente, y muchas ganas de seguir haciendo teatro. Por el título, pareciera que si los protagonistas desaparecieran del mundo, no se perdería gran cosa, que sólo son eso, dos viejos más... o dos viejos menos. Y aclara Sacristán que «son dos pobrecitos, muy tiernos y queribles. Aunque no me atrevo a decir que sean prescindibles. Nadie lo es... Algún jerifalte que otro si acaso». Y explica Alterio que «a ambos les queda un tiempo de vida. A partir de ahí comienzan una aventura que puede ser interior o exterior, con todas las vicisitudes que tienen los encuentros». Sacristán matiza sobre la obra: «No está planteada en clave realista. Se trata de descubrir la vida, de echar a andar, y hay un territorio por el que ellos se mueven. Pero no se sabe dónde están esos lugares. A lo mejor no existen, y ni se han movido de la habitación del hospital». «Lo importante -sigue Alterio- es que un ¿affaire¿ de alguien que se va a morir, con enfermedades que son casi tabú, podría parecer irreverente. Pero no lo es: la obra está salpicada de humor y diálogos fluidos, tiene una apuesta en escena atractiva y personajes coloridos». Pero, tranquiliza Sacristán: «El tránsito que el autor les hace recorrer no va de lo trascendente a la reflexión: es lo tierno y lo divertido». Como él, que convierte cada respuesta en una ocurrencia: «No aconsejo esperar a estar muriéndose para descubrir la vida. Hay que ser tonto del culo para llegar a ese momento». En Francia, Jean-Louis Trintignant protagonizó este mismo texto (el veterano actor galo también participó en «Janis & John», la última película antes de morir de su hija Marie, que dirigió el propio Samuel Benchetrit). debut juntos Alterio y Sacristán estrenaron esta versión en castellano en Buenos Aires en 2007. Un año después llegan a Madrid. Juntos habían coincidido delante de una cámara hasta en cuatro ocasiones: «Asignatura pendiente» (1977), «Arriba Hazaña» (1978), «La pálida luz de la luna» (1985) y «Fumata blanca» (2002). Pero es la primera vez que comparten escenario. Bromean sobre los cambios que han ido observando el uno en el otro: «¡La vida! Lo veo más canoso a él», dice el patriarca de los Alterio. «Más viejos», sentencia con una sonrisa Sacristán. Se conocieron, recuerda el argentino, en 1976, y aunque no se traten mucho, «uno sabe del trabajo del otro». Su amistad, dicen, es verdadera, aunque no se vayan de copas ni den grandes muestras. sin muletas Maestros, pues, aunque con los pies en la tierra. «La veteranía no siempre es un grado para un actor -corrige Sacristán-. Inevitablemente envejeces, y adquieres experiencia. Pero es un depósito del que no aconsejo echar mano más de lo debido». Los riesgos de no seguir esta norma son «previsibles»: «Acabas haciendo el pobre, el rico, el listo, el tonto... Si el personaje tiene lo que ha de tener, no le faltarán ambivalencias, recovecos, por los que hay que avanzar sin muletas. Hay un riesgo exigible al actor para que la función esté viva. Si haces de la experiencia un grado, serás un experto pero no en crear emociones». Alterio (Buenos Aires, 1929) le saca a Sacristán (Chinchón, 1937) ocho años -«celebramos juntos los cumpleaños, porque, aunque parezca una grosería, no soy virgo por unos días», bromea el madrileño-, pero niega por completo cualquier tentación de dar consejos a su compañero: «¡Jamás!». Y recuerda Pepe que «el que tenía talento era Mozart, no Salieri. Y fue su desgracia. Hay actores y actrices que se han muerto haciéndolo pésimamente a los 90 años. Y chavales y chavalas que nada más empezar te dicen: esto se hace así. Un tal Orson Wells hizo ¿Ciudadano Kane¿ a los 26». En su caso, ambos han demostrado en cine, televisión y, desde luego, teatro, lo que valen. Inevitable preguntar sobre esas famosas situaciones en que una diva «ahoga» a la otra y hay tensiones tras las bambalinas. «Si un buen actor tiene un buen personaje y el otro también, nadie eclipasará al otro. Lo ideal es la complicidad. Convertir el escenario en un ring es lo más lamentable y siniestro del mundo», explica Sacristán. Y está además, añade su coprotagonista, «la tranquilidad que uno siente cuando un compañero te respeta». Más de un actor se lamenta de la escasez de papeles conforme pasan los años. No es el caso de Alterio, que dice con optimismo que, «a esta edad siempre hay jubilados, padres, abuelos...». Sacristán no sólo no se queja, sino que, al reflexionar sobre su momento de forma, deja algunas perlas: «Disfruto de un estado de salud y mental bastante potable. Cito mucho al viejo tío Tomás de mi pueblo, un sabio medio ciego. Decía: ¿Lo primero es antes¿. O sea: un orden de prioridades sí que tiene uno ya. Yo hago una cosa: procuro evitar a los tontos, siguiendo el ejemplo de mi querido Fernán-Gómez, al que le ponían muy nervioso. El otro día me decía alguien: ¿Sabes lo bueno que tienen los hijos de puta? Que no te fallan nunca. El tonto sí». Ya ven, ¿genios? Sin duda, al menos en lo suyo. Y también figuras. ¿dónde: Teatro Fernán-Gómez. Madrid. ¿ cuándo: Hasta el 22 de febrero . ¿cuánto: de 18 a 22 euros.