Unidad oportuna

La Razón
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on muchos los españoles que durante esta Legislatura han reclamado la unidad entre los partidos democráticos para derrotar a ETA. Durante tres años y ocho meses ha resultado imposible, porque el Gobierno y los partidos que lo sostienen estaban en otra «frecuencia», y porque ninguno de ellos había interiorizado la posibilidad de derrotar a la banda terrorista.

Probablemente, la acción conjunta que vimos ayer no se habría producido si la fatalidad no hubiera querido que dos jóvenes guardias civiles fueran tiroteados por ETA en la localidad francesa de Capbreton. Pero las circunstancias mandan y a cuatro meses de las elecciones generales el PSOE no podía permitirse el lujo de actuar como lo hizo en el mes de enero, tras el atentado de la T-4 de Barajas. Sabe que muchos de sus votantes no han compartido su política antiterrorista y no le quedó más remedio que dar un giro y concentrarse de la mano del Partido Popular, en el centro de Madrid, con el mismo lema –«Por la libertad y para la derrota de ETA»–, que sólo hace una semana descalificaba el «número dos» socialista, José Blanco.

Acertó Mariano Rajoy acudiendo a una manifestación convocada bajo la misma premisa que todas las demás, en las que él siempre ha estado, y el tiempo dirá si se equivocó el presidente Zapatero al no asistir.

Poco convincente

Los argumentos dados por Blanco no resultan convincentes. El más tajante, «el presidente cumple con su función de presidente» sugiere una pregunta: ¿Estar junto a los representantes legales de todos los españoles no es hacer de presidente?

Actúa como jefe de Gobierno cuando visita al guardia civil herido y también cuando acude a una concentración como la de ayer. Muchas personas, algunas de ellas próximas a Zapatero, justificaron su ausencia en el lógico nulo deseo de ser abucheado por las víctimas, como ha sucedido a veces. Pero ayer, la AVT ya había anunciado su inasistencia al considerar necesario que esta oportuna unidad vaya aparejada a otras medidas como los cambios en las mayorías parlamentarias o la ilegalización de partidos como ANV y PCTV.