Literatura

«Yo no soy bandera de nada»

«Yo no soy bandera  de nada»
«Yo no soy bandera de nada»

BARCELONA- El escritor Juan Marsé tenía ayer por la tarde cita con su cardiólogo, el doctor Massip. «Juan, te noto hoy un poco nervioso», le dijo el médico. El autor de «Últimas tardes con Teresa» le contestó que en ese momento se estaría haciendo público el ganador del Premio Cervantes y su nombre, como en otras ocasiones, sonaba entre los favoritos. Al llegar a su casa, Marsé supo que este año sí que era galardonado con el más importante reconocimiento de las letras españolas, dotado con 125.000 euros, 35.000 más que año anterior. «Es obvio como me sienta este premio, espléndidamente», dijo el narrador barcelonés, primero en una improvisada rueda de Prensa en su casa y después en la sede de Random House. Pese a ello, afirmó que «los premios no tienen nada que ver con la literatura, pero sí ayudan a la difusión. Es un reconocimiento público, a veces equivocado. Yo no concibo un escritor que trabaje para ser premiado, solamente pienso en lo que me gustaría leer». Asimismo, recordó que «siempre ha existido una relación de amor y odio con los premios. La literatura en sí misma, en sus propuestas y en su lugar en el mundo no tienen nada que ver con los premios sino con el trabajo». Juan Marsé (Barcelona, 1933) es uno de los autores más leídos y conocidos de la llamada generación de los 50. Según señaló el ministro de Cultura, César Antonio Molina, «ha contribuido a la defensa en Cataluña de una lengua que hablan 500 millones de personas». Pero Marsé, preguntado por estas declaraciones, aseguró que «yo no soy bandera de nada, ni pienso serlo. Defiendo mi derecho en escribir en la lengua que me da la gana. La lengua es un vehículo, una manera para entenderse. Cuando me hablan de bandera, me meto la mano en el bolsillo porque creo que me van a robar la cartera. Yo no soy nacionalista, ni de aquí ni de allá». Sobre este aspecto, el autor de «El amante bilingüe», «Ronda del Guinardó» o «Canciones de amor en Lolita¿s Club» quiso subrayar que si se dedica a la literatura es «para evocar alguna experiencia que no he tenido y me gustaría haber vivido. También para rememorar un tiempo perdido». El oficio de escritor le ayuda, según declaró, «a buscar alguna forma de belleza y de proyección vital. También lo haces porque no te acaba de convencer el mundo y encuentras así otro mundo pero alternativo». Tras apuntar que el castellano que se emplea en la televisión es «malísimo y en el terreno de la cultura esto hace un daño malísimo», Marsé hizo balance de lo que ha sido su carrera literaria. «Son más de 40 años los que llevo de dedicación. Siento no haber trabajado más. Soy gandul, por eso soy lento escribiendo», dijo. También destacó entre su producción tres títulos: «Si te dicen que caí», «Rabos de lagartija» y su primera obra, «Encerrados con un solo juguete», «escrita en un momento muy importante de mi vida». En la actualidad, Juan Marsé tiene entre manos un nuevo proyecto literario del que no quiso avanzar mucho porque «si me está costando escribirlo, más me costaría explicarlo». Sí aclaró que una parte transcurre en los años 40 y otra en la actualidad, «con una parte casi acabada, pero con una serie de historias laterales que no tengo clara». El nuevo libro, que aparecerá en Lumen, no tiene aún fecha prevista de publicación. Pese a todo esto, Marsé sigue gozando con el reto de la hoja en blanco. «Primero escribo a mano y luego lo paso a ordenador. Es que a mí me gusta mucho más escribir que publicar. También disfruto mucho corrigiéndome», aseguró. El nombre de Juan Marsé siempre había sonado, desde hace unos pocos años, en las quinielas de posibles ganadores del Cervantes. En esta ocasión su candidatura al galardón sonaba pareja a la José Manuel Caballero Bonald, Ana María Matute y Javier Marías. Sobre ellos, Marsé comentó que «forman parte de una galería de escritores de mucho prestigio. Yo pensaba que Pepe o Ana María, amigos míos, serían premiados con el Cervantes». También se mostró esperanzado de que su nombre en la lista del Cervantes «fuera también reconocimiento de una generación de escritores, aunque ya se había premiado a alguien de ese grupo, aunque primerizo, como Rafael Sánchez Ferlosio». El jurado del Cervantes, presidido por el académico José Manuel Blecua, con César Antonio Molina, los dos anteriores galardonados, Juan Gelman, Premio Cervantes 2007 y Antonio Gamoneda, ganador del Cervantes en 2006 celebraron el nombre de Marsé. En esta línea, Blecua habló de la «extraordinaria sensibilidad» y capacidad de Marsé para reflejar, a través de sus personajes, la «dimensión lingüística que sucedía y sucede en Barcelona». «Personajes que en su forma de hablar reflejan un contacto entre lenguas», precisó. Si no hay ningún problema, Juan Marsé volverá esta mañana a enfrentarse con la hoja en blanco, volverá a dedicarse a la nueva novela en la que trabaja. También tendrá otro reto de cara al discurso del Cervantes: «Me tendré que releer el Quijote y buscar algo que no se haya dicho. Igual se lo encargo a un amigo porque estoy sacando adelante la novela».