Teatro

Improvisar por un jamón

Actores de la compañía española Impromadrid,  organizadora del encuentro, en una imagen promocional de Festim013
Actores de la compañía española Impromadrid, organizadora del encuentro, en una imagen promocional de Festim013

Huele a sudor. A cada lado del ring hay dos parejas que calientan para el primer asalto, dispuestas a medir su destreza. Se juegan el título de pesos pesados en una de las disciplinas que más imponen en el mundo del espectáculo: la improvisación. Siete compañías de teatro de México, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Argentina y España entrenan desde hace años para hacerse con el preciado diploma al mejor grupo de improvisación. Las siete son referencia en cada uno de sus países y para ganar el premio final –se juegan además un jamón ibérico– deberán dar sus mejores golpes artísticos. Las siete se van a ver las caras a partir del día 28 de mayo en los Teatros del Canal, donde, un año más, se celebra Festim, el festival de improvisación más importante de España. Que gane el mejor.

Cada compañía, a lo suyo

Cada compañía ofrecerá al público su propio espectáculo para más tarde medir fuerzas entre ellos en un «catch de impro». «Dos parejas de actores se enfrentan en una lucha teatral a siete asaltos. Incluso hay maestro de ceremonia. En estas siete escenas creadas a partir de los títulos y las sugerencias del público surgen situaciones variopintas, algo surrealistas y, sobre todo, únicas. Al final de cada una de las historias improvisadas, el público vota a la pareja que más le ha gustado», explica Jorge Rueda, uno de los integrantes de Impromadrid.

Además de la lucha, cada compañía tendrá espacio para presentar sus propuestas originales, ya que cada país aborda la improvisación de una forma distinta. «Jogando no Quintal, de Brasil, está muy influida por la tradición clown, que, si bien no está tan presente durante la batalla de grupos, sí que lo estará en su espectáculo, muy poético. Los americanos –Improv Boston–, con más trayectoria que los europeos en esta disciplina, utilizan una palabra rápida y fluida. México... Sencillamente, es una pasada verla. Improvisa directamente con el verso. Se dedicó a estudiar la estructura del lenguaje, del castellano clásico, y ahora es como escuchar a Quevedo recitando de forma espontánea sobre el escenario». Ignacio López, otro miembro de Impromadrid, habla de Pilar Villanueva, el alma de la compañía Aiperón Teatro y de su espectáculo «Sola». En su función se pide al público que escriba una frase original que pueda servir como detonador o título para alguna de las historia improvisadas. Estos papeles se recolectan y se colocan en el escenario. Villanueva, ya sobre las tablas cuando entran los espectadores, coge al azar distintos papeles y da comienzo «una noche de historias», según advierte la propia actriz: cuatro o cinco improvisaciones que viajarán por distintos estilos, desde Sor Juana, Federico García Lorca y Molière al realismo mágico, el género epistolar y hasta el cine de Walt Disney.

La compañía argentina, liderada por Marcelo Sabignone, se sirve de las máscaras balinesas para interactuar con el público, siempre con la improvisación como hilo conductor. «Cada vez que coge una, cambia el personaje y tiene un dominio increíble sobre el cuerpo y la mirada», explica admirado López. Otra de las apuestas de este festival es Impronations, un formato de improvisación donde de nuevo los actores de los distintos países crean conjuntamente escenas bajo la dirección en directo –sí, en directo– de uno de los gurús de la disciplina: Frank Totino. «Vendrá de Canadá. Es uno de los pioneros a nivel mundial y fue discípulo de Keith Johnstone, uno de los pilares originales de la improvisación», destaca el actor. El precio de las entradas es tentador: 10 euros.

La clave, saber escuchar

Los integrantes de Impromadrid, una de las compañías referentes a nivel mundial –llegaron de Helsinki hace unos días tras ganar el premio Best European Group of the Universe–, no siguen un régimen de entrenamientos idéntico al del resto de actores, pues el desarrollo de la acción es completamente distinto. Ignacio Soriano, otro de los integrantes e impulsores de este festival, explica que durante la improvisación ya no son sólo actores, sino también dramaturgos y directores. Por ello, han de conocer muy bien la estructura narrativa y, una vez en el escenario, escuchar muy bien a los compañeros. «Si yo entro en escena y digo: "¡Mamá, vuelvo a las diez y media!", la otra persona ha de estar atenta, porque ya le he dado una serie de pistas para construir la historia: es mi madre, soy un adolescente, estamos en casa, etc. Es decir, estoy creando el conflicto casi con una única frase. Esto hay que combinarlo con la "aceptación"por parte del otro. Si yo le digo: "Ave María Purísima", y él me responde: "Lo siento, soy fontanero", está creando barreras para que la historia no funcione, no está entrando al juego», detalla López.

Porque, al fin y al cabo, es un juego. «El espectador tiene la ocasión de ver el proceso de creación en directo», asegura Soriano, y, lo más importante, es parte sustancial del desarrollo de la acción. «De hecho, muchas veces te llegan a salvar. Cuando estás bloqueado y te vas haciendo pequeñito sobre el escenario, pides ayuda y ya está», explica su compañero.

Y respecto a la victoria en el «catch de impro», los españoles juegan con ventaja: son dos grupos los que representan al país –también está la compañía catalana Planeta Impro– y, además, «no está permitido que el embutido cruce la aduana; pase lo que pase, nos lo comeremos nosotros», sentencia Rueda. ¿Juego limpio?