Los héroes anónimos del Támesis

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Amanda Hunter se encontraba en un autobús de línea sobre el Puente de Londres cuando le sorprendió el ataque. El autocar «se detuvo de repente y hubo conmoción. Miré por la ventana y vi a estos tres oficiales de Policía sobre un hombre. Parecía que había algo en su mano, no estoy cien por cien segura, pero luego uno de los policías le disparó», señaló.

Por su parte, la enfermera Jackie Bensfield, de 32 años, que se dirigía a casa desde el trabajo, describió cómo pidió poder bajar del autobús en el que se encontraba tras escuchar «cinco o seis» disparos. Al abrirse las puertas y junto al resto de pasajeros corrió «como una loca» para escapar de la escena.

Connor Allen, en cambio, conducía su camioneta por el puente cuando fue evacuado por las Fuerzas de Seguridad. «Todos empezaron a correr, escuchamos estos estallidos y eso fue todo. Salimos de la camioneta y comenzamos a correr», rememoró ayer aliviado por haber esquivado una situación de alto voltaje. Muchos de los afectados coincidieron en recordar que el incidente les trasladó de inmediato al ataque perpetrado en el mismo puente y el mercado de Borough en 2017, en que fue asesinado el español Ignacio Echeverría cuando trataba de ayudar a otras víctimas contraatacando con su monopatín, por lo que es conocido como «el héroe del monopatín».

El alcalde de Londres, Sadiq Khan, alabó el «heroísmo» de londinenses ordinarios que trataron de desarmar al atacante y quitarle el cuchillo. «Lo que es admirable de las imágenes que he visto es cómo personas de la calle corren literalemente hacia el peligro para confrontarse a él sin importarles las consecuencias», subrayó el alcalde a los periodistas.

Rob Underwood, que estaba en el puente en ese momento, aseguró que la gente se dispersó y él se cayó al suelo. «Es una situación difícil. Tenía la sensación de estar en una burbuja. Desde el suelo pude mirar momentáneamente lo que estaba ocurriendo arriba, pero todo aparecía como si fuera un destello», aseguró ayer a Reuters. «Fue casi como un petardo estallando», resumió. Londres sufrió de nuevo una jornada de miedo y pánico consciente de que no será la última.