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Azerbaiyán: la diplomacia del petróleo y el modelo israelí como manual de supervivencia

Sus recursos petrolíferos y su situación estratégica hacen de este país del tamaño de Andalucía un actor fundamental en el complejo equilibrio de poderes en el Cáucaso

Un combatiente en Nagorno Karabag, una región ocupada desde hace casi 30 años por Armenia
Un combatiente en Nagorno Karabag, una región ocupada desde hace casi 30 años por Armenia FOTO: STRINGER REUTERS

La situación estratégica de Azerbaiyán, junto a las riquezas petrolíferas y gasísticas que atesora, han hecho de este pequeño país de apenas 86.000 kilómetros cuadrados un actor clave en la región. Cruce de caminos desde hace siglos, ha sido pasto de los conquistadores procedentes de todos los puntos cardinales. Y ahora, en los albores del siglo XXI, poco ha cambiado. Se siente un país pequeño rodeado de gigantes que se mantienen acechantes a la espera de un error que les permita “morder” a su presa. Así es como al menos lo percibe la clase política local, que apoya normalmente sin fisuras la complicada madeja con la que Ilham Aliyev trata de defenderse en un mundo de “enemigos”.

De todos los frentes abiertos en política exterior, dos han sobresalido por encima de todos en la campaña electoral que concluyó este domingo con las elecciones legislativas: el conflicto de Nagorno Karabaj y la tensión con Teherán.

En la región ocupada, el inestable alto el fuego se mantiene a duras penas desde que lo firmara Haydar Aliyev en 1994, pero los incidentes armados se suceden desde entonces. Azerbaiyán considera esta región territorio propio, y la reclama a Armenia -junto a otros siete distritos ocupados- en todos los organismos internacionales. Son al menos cuatro las resoluciones de la ONU exigiendo a Erevan su devolución, pero los armenios hacen oídos sordos. Se sienten protegidos por Moscú, el “diablo” exterior para muchos políticos azerbaiyanos como Asim Mollazade, presidente del Partido de las Reformas Democráticas, que insiste en recordar las matanzas y abusos que cometieron los rusos durante la ocupación. Mollazade acusa a Moscú de apoyar a los armenios, y también a Estados Unidos, donde “el lobby armenio tiene gran poder, sobre todo lo tuvo con la Administración Obama y Joe Biden”. “La comunidad armenia en el exterior es muy rica y muy poderosa, también en Europa y en organismos como Human Rights Watch”, añade, “y han conseguido mantener inactiva a la comunidad internacional”.

Localizador de Azerbaiyán
Localizador de Azerbaiyán FOTO: T. Nieto

Fazil Mustafa, cabeza de cartel del partido La Gran Formación, denuncia que “Armenia ha ocupado el 20% de nuestro territorio con la ayuda de Rusia e Irán. Es un país que no tiene por sí solo capacidad para mantener esa ocupación de unos 16.000 kilómetros cuadrados nuestros. Las grandes potencias lo ven como un hecho consumado y nos piden concesiones. Y nosotros podemos dar una autonomía muy amplia, pero nada más”.

Para Mustafa, Nagorno Karabaj es otra pieza más del dominó ruso, una estrategia para dominar y amenazar a las repúblicas exsoviéticas. “Es la misma estrategia que sigue Moscú en Georgia con Osetia y Abjasia, en Moldavia y en Ucrania. Y están listos para repetirlo en Bielorrusia”. “En esta situación Moscú está muy cómoda”, asegura este diputado.

El otro gran enemigo de Bakú es Irán, a pesar de que es también un país chií. “Pero supone la amenaza del fanatismo religioso que no queremos aquí”, asegura Mustafa. Tanto él como Mollazade defienden “la mentalidad abierta y la apertura religiosa” que, dicen, impera en su país. Temen al vecino ultrarreligioso del sur, que ambiciona sus reservas naturales y le resta protagonismo, y ambos apoyan plenamente el acercamiento iniciado por el Gobierno hacia Israel, a la que ha convertido en el principal apoyo en materia de seguridad y máximo suministrador de armas que se pagan con la contrapartida del petróleo y el gas que esconde el Caspio.

“Israel se enfrenta a los mismos retos que nosotros, y tenemos mucho que aprender de ellos. Son un país pequeño también, y ellos han podido hacerlo. Son toda una lección para nosotros. No necesitamos ‘‘grandes hermanos’’ que nos digan lo que tenemos que hacer como Europa, y Estados Unidos apoya a todo el mundo. Lo que necesitamos son socios como Israel”, añade Mollazabe, que no duda en definir a Azerbaiyán como “un país en guerra -el gasto en Defensa se lleva un 16% del presupuesto-, por eso nuestro presidente tiene todo nuestro apoyo en este aspecto”. Israel a su vez ha encontrado en este aliado la cuña perfecta para separar y contener a Moscú y Teherán.

Todo lo anterior no impide a Bakú seguir comprando armas y otros productos a Rusia -su mayor exportador-, y que las relaciones con Teherán al menos no se hayan tensionado de más, pero Aliyev ha girado su mirada hacia el oeste. Georgia y Turquía -la sintonía entre Aliyev y Erdogan es manifiesta- siguen siendo sus grandes aliados en la zona, y por allí pasan los oleductos y gasoductos que abastecen a Europa, y más a partir de 2021, cuando llegue uno de ellos hasta la misma Italia.

AP

Los azerbaiyanos tienen plenamente asumido que el petróleo hace grandes amigos, pero también puede ser una maldición. Pero es el as de la política exterior del Gobierno del presidente Ilham Aliyev, al que nadie niega sus grandes dotes diplomáticas. Bakú es el mejor aliado de Occidente en el Cáucaso sur. Las grandes petroleras de Estados Unidos (Exxon Mobil, Chevron), británicas (BP), francesas (Total) y rusas (Lukoil) entre otras, tienen licencias de explotación de sus grandes pozos ubicados en el Caspio.

Además, gracias a los petrodólares, Azerbaiyán ha dispuesto en la década anterior -ahora no tanto, por la caída del precio del crudo- de enormes reservas que le han permitido comprar material para modernizar su industria de extracción a países occidentales -la española Técnicas Reunidas obtuvo en 2017 un contrato de 800 millones para renovar la refinería de Sitra-. De hecho Bakú se convirtió en el mayor socio comercial de la UE en la zona después a partir de que firmara el primer acuerdo de cooperación en 1999.

Presencia internacional

Con todo este engranaje de complejas relaciones a varias bandas, no ha sido extraño que a Bakú se le abrieran las puertas de organismos internacionales como la ONU o la OSCE, aunque lleva más de dos décadas intentando sin éxito ingresar en la Organización Internacional de Comercio. Todavía está muy alejado de los estándares exigidos a sus miembros. Pero a unos y otros ha abierto sus brazos Aliyev, siempre a la caza de inversiones extranjeras que permitan modernizar el país y le hagan cada vez menos dependiente de la simple exportación de recursos naturales.

Además, el presidente azerbaiyano es el mejor relaciones públicas de su país, un perfecto anfitrión que ha buscado en los grandes eventos internacionales y el boato la otra pata de su promoción exterior. Los miles de millones invertidos en la capital han hecho de Bakú un referente de modernidad en cuanto a edificios, comunicaciones y servicios. No se han escatimado medios en diseñar lo que muchos conocen como el Dubái del Cáucaso. Los grandes arquitectos como la iraquí-británica Zaha Hadid han dejado su impronta allí, las grandes cadenas hoteleras (Marriot, Four Seasons, Hilton...) también, y todo ello ha ido acompañado en los últimos años con la organización de eventos a los que acuden políticos y famosos de medio mundo como el festival de Eurovisión (2012), la celebración del campeonato del mundo de Fórmula 1 o, este mismo año, cuatro partidos de la Eurocopa. El festival de la canción tiene audiencias de en torno a cien millones de personas. Las de el campeonato automovilístico de unos 90 millones. Aunque entre 2016 y 2023 pagará 45 millones al año por organizarlo -más otros 15 millones el montaje del circuito urbano y toda la infraestructura necesaria, se estima que solo la primera edición le reportó 448 millones.