Un confinamiento en ultramar (VI): Como un trueno de nieve

U.S. Army Spc. Reagan Long from the New York Army National Guard alongside Pfc. Naomi Velez from the 42nd Infantry Division, register people
De seguir a partir de hoy el patrón de reducción de China, España estabilizaría la situación en unos 12.500 muertosNATIONAL GUARDReuters

El cronista tiene el corazón dividido entre la investigación y la lírica. Si busco papers científicos encuentro cosas tan deliciosas como ésta de la Universidad de Columbia, donde un equipo dirigido por el profesor Jeffrey Shaman estima que incluso si EE UU logra dividir por dos los actuales niveles de contagio tendrá no menos de 650.000 enfermos antes de junio. Las medidas actuales no son suficientes.

Ni de lejos. Respecto a España, esto de Víctor García, físico, que a principios de mes ya calculó la dinámica del crecimiento de coronavirus en España. En su último artículo explica que «De seguir a partir de hoy el patrón de reducción de China, algo que ya añado que es muy improbable, España estabilizaría la situación en unos 12.500 muertos (270 defunciones por millón) en el plazo de un mes, superando en muertos totales a Italia entre el 10 y el 15 de abril, momento en el que se saldría de la fase exponencial». Un centenar de científicos españoles han pedido por carta extremar el confinamiento. El Gobierno español responde que no es necesario. Justo cuando caen las bombas, mientras un amigo informa por whatsapp que su abuela ha sido diagnosticada de coronavirus y ya está en paliativos, releo a Daniel Dafoe.

Diario del año de la peste. Fue publicado en 1722. Refiere la pestilencia que asoló Reino Unido en 1666. «Los gritos de mujeres y niños en las ventanas o puertas de las casas donde sus parientes más queridos estaban agonizando o ya muertos», escribe, «se escuchaban con tanta frecuencia que bastaban para traspasar el corazón más firme del mundo. Las lágrimas y los lamentos se oían casi en cada casa, en especial durante los primeros tiempos de la epidemia, porque durante los últimos los corazones estaban endurecidos y la muerte se había convertido en una visión tan habitual, que a nadie le importaba demasiado la pérdida de un amigo, ante la expectativa de correr idéntica suerte en cualquier momento». En Nueva York tenemos 10.356 casos confirmados. El 15% está en el hospital. Los epidemiólogos sospechan que por cada positivo hay once sin detectar. «Hay una gran falta de batas en todo el estado», dice en televisión el gobernador, Andrew Cuomo.

«Nos está yendo mejor con las máscaras. Nos está yendo mejor con los respiradores, aunque estamos muy lejos de los que necesitamos, necesitamos 30.000 respiradores y tenemos 6.000». «Las máscaras... la comunidad médica me lo ha dicho una y otra vez, las máscaras son la prioridad para el Covid-19. Así que hemos avanzado con las máscaras. Las batas también son muy importantes, sin duda. Pero no hemos tenido éxito, de momento, para lograr un proveedor». En el Washington Post publican un reportaje, firmado entre otros por Greg Miller, dos veces ganador del Pulitzer, donde leemos que «Las agencias de inteligencia de Estados Unidos emitieron advertencias ominosas en enero y febrero respecto al peligro global que representaba el coronavirus, mientras que el presidente Trump y los legisladores minimizaron la amenaza y no tomaron medidas que podrían haber frenado la propagación del patógeno, según funcionarios estadounidenses al tanto de los informes de los servicios secretos».

A principios de febrero «la mayoría de los informes de inteligencia incluidos en los documentos informativos diarios y los resúmenes de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional y la CIA se referían al covid-19». Más adelante: «A medida que aparecían nuevos casos, el volumen de informes se disparó». Una fuente anónima explica en el Post que Donald Trump no estaba alarmado. «Pero muchas otras personas en su gobierno sí lo estaban, simplemente no pudieron lograr que hiciera nada al respecto». Por cierto, cuesta creer que la alerta no fuera escuchada por la inteligencia europea.

Obama, al que tanto extrañamos en los días del cólera, escribe que «Tenemos una profunda deuda de gratitud con todos nuestros profesionales de la salud y con cuantos pelearán en primera línea de esta pandemia durante mucho tiempo. Lo están dando todo. Modelemos nuestro propio comportamiento en su desinterés y sacrificio mientras nos ayudamos mutuamente para salir de esto». El ayuntamiento de Washington D.C. aconseja que nadie acuda a celebrar la floración de los cerezos. En su lugar hay disponible una cámara web, alojada en https://nationalmall.org/bloomcam, para disfrutar a distancia del Hanami, con los árboles del Mall, junto a los monumentos de Jefferson, Luther King y Roosevelt, a los pies del Potomac, vestidos de oro blanco como un trueno de nieve.