La pandemia se instala en Siria, asolada por nueve años de guerra

El régimen anuncia el primer caso de coronavirus. “No es nuestra prioridad”, dicen los vecinos de la bombardeada Idlib, “aquí es peligroso salir de casa, pero también quedarse”

Coronavirus in Syria
Voluntarios de la Organización Violeta desinfectan casas en la ciudad siria de IdlibYAHYA NEMAHEFE

En las redes sociales circuló ayer una fotografía de una niña siria con máscara quirúrgica sacando medio cuerpo de la tienda de campaña y sujetando un cartel que decía: «Quédate en casa. Ojalá yo pudiera». Esta imagen refleja el drama de más de siete millones de desplazados internos en Siria. Desde el domingo, la república siria es ya oficialmente otro país víctima de la pandemia. Ante la propagación del virus, las autoridades han anunciado nuevas medidas de control como la suspensión del transporte público y privado en las ciudades, el cierre a partir de hoy de las carreteras que unen a las provincias, y han aplazado hasta el 20 de mayo las elecciones legislativas.

En rueda de prensa, el ministro de Salud, Nizar Yaziji, informó de que ya hay un paciente cero. Se trata de una «mujer de 20 años procedente del extranjero». Y «se adoptaron las medidas necesarias para tratar» este primer caso, declaró a la televisión estatal, sin precisar la región donde se detectó.

Pero en Damasco, sus habitantes se han lanzado a la calle a hacer acopio de suministros ante el temor de que se impongan medidas más estrictas a las ya establecidas como el cierre de restaurantes, cafeterías y otros negocios, además de suspender el transporte público. Desde primeras horas de la mañana, los sirios formaron filas frente a las tiendas de alimentación, bancos y gasolineras de la capital. El famoso zoco de Hamidiyeh, una red de mercados cubiertos en el casco antiguo de la ciudad, quedó desierto. También se han cerrado los pasos fronterizos con Líbano y Jordania desde el al mediodía de ayer y el aeropuerto de Damasco tenía previsto suspender el tráfico aéreo comercial cuando llegara un último vuelo desde Moscú.

En las zonas del norte y el este de Siria, bajo control de la administración kurda, entró en vigor un toque de queda sin fecha límite y no está claro cómo afectará a los cientos de tropas estadounidenses destinados en la región.

Bajo las bombas de Asad

En las áreas controladas por la oposición en Idlib, la situación se ve de manera muy diferente. «La negativa del régimen hasta ahora a admitir que había presencia del Covid-19 indica a que hay un gran brote de la enfermedad», advirtió a LA RAZÓN Fared Alhor, activista de Idlib. Allí en Idlib la propagación del coronavirus no es la prioridad. «El mundo debería entender que para los habitantes de Idlib salir de casa es un peligro, pero quedarse también lo es», señaló Alhor, en referencia a los bombardeos del régimen. «Estamos ya sentenciados, no tenemos suficiente comida ni atención medica. No nos preocupamos por mañana sino de estar vivos hoy», lamentó el activista sirio.

Hospitales y clínicas de todo el país han quedado dañados o destruidos. Además, el Gobierno está sujeto a duras sanciones internacionales por sus acciones durante la guerra. Como advirtió la Organización Mundial de la Salud (OMS), el endeble sistema de salud sería incapaz de hacer frente a una epidemia en todo el país, devastado por nueve años de guerra. “Siria tiene un sistema de salud fragmentado que está muy deteriorado, y podría no contar con capacidades y recursos como para detectar una epidemia y responder ante ella”, manifestó el portavoz de la OMS, Hedinn Halldorsson,

La OMS agregó que la situación es “aún más grave en los campos de desplazados” del norte de Siria porque hay algunos de ellos que “no tienen acceso a agua potable”. La llegada de la pandemia global a Siria y a la Franja de Gaza ha aumentado el temor a que pudiera propagarse sin control en algunas de las zonas más vulnerables de Oriente Medio.

En la franja de Gaza, donde dos personas dieron positivo a su regreso de Pakistán, viven dos millones de habitantes, con acceso a 60 respiradores, y todos salvo 15 están ya en uso, advierte la OMS. También son motivo de preocupación Libia y Yemen, devastadas por la guerra y que aún no han identificado ningún caso.