La lección de Wuhan: dos meses de encierro para frenar el virus

China antepuso la emergencia sanitaria a las consecuencias económicas de cerrar una región a cal y canto, pero existen dudas sobre si fue mera propaganda

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Calles vacías, bares cerrados, países en cuarentena, fronteras cerradas, desabastecimiento en los supermercados, pánico ciudadano, derrumbe de las bolsas... Parece el argumento de una distopía futurista, pero es el presente de un mundo patas arriba por culpa del Covid-19. Un agente de solo 125 nanómetros amenaza una globalización que parecía imparable. Unas 3.000 millones de personas permaneces confinada en sus casas a la espera de que se supera la emergencia sanitaria.

Las pandemias surgen de las epidemias, que son brotes de enfermedades que se limitan a ciertas zonas del planeta. En cambio, las pandemias como el coronavirus se propagan a múltiples países de todo el mundo. En la memoria histórica de los europeos aún permanece la peste negra en el siglo XIV, que mató a entre el 30% y el 60% de la población del Viejo Continente. Hace un siglo, en 1918, una pandemia de gripe, conocida como la gripe española, mató a unos 500 millones de personas.

Todo comenzó en diciembre en un mercado de la ciudad de Wuhan, capital de la provincia china de Hubei y con once millones de habitantes. Los científicos creen que el virus lo contagió un murciélago al ser humano a través de un animal doméstico. La primera víctima, registrada el 11 de enero, fue un hombre de 61 años que había comprado en dicho mercado. El 2 de febrero se registró en Filipinas el primer fallecido fuera de China.

En declaraciones a LA RAZÓN, Ildefonso Hernández, catedrático de Salud Pública en la Universidad Miguel Hernández de Alicante y ex director general de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, explica que, en comparación con pandemias previas, «la situación actual es peor porque la enfermedad es más letal y el número de contagios es mayor». El Covid-19 ha matado hasta ahora a alrededor de 29.000 personas en unos 200 países.

El experto alude también a la densidad demográfica para explicar esta incidencia del virus: «La distancia social en algunas zonas de Europa es distinta. Por ejemplo, entre Islandia e Italia. El grado de circulación en países tan turísticos como España o Italia juega un papel muy importante» en el contagio.

Para cambiar la curva de contagios del Covid-19, las autoridades de Pekín se valieron de su poder como régimen autoritario y centralista para mantener durante 60 días en cuarentena y bajo vigilancia del Ejército a los once millones de habitantes de Wuhan. Una práctica que choca con las democracias europea. «Los países occidentales ven con recelo recortar los derechos fundamentales, por lo que hay que ser muy cuidadoso a la hora de limitarlos. España cuenta con un aparato jurídico para emprender medidas extraordinarias», recuerda Ildefonso Hernández.

«La experiencia de China con el Covid-19, y el trabajo que está haciendo para hacerle frente, es algo de lo que el mundo debe aprender», destaca la Organización Mundial de la Salud (OMS). «Debemos agradecer lo que ha hecho China porque sus drásticas medidas nos han dado más tiempo para prepararnos», añadió Bruce Aylward, uno de los especialistas de la OMS.

Sin embargo, las alabanzas de la agencia sanitaria de la ONU no pueden ocultar que el régimen comunista tardó en ver lo que se le venía encima. El médico Li Wenliang, que murió el 7 de febrero de coronavirus, fue censurado y perseguido por las autoridades china cuando en diciembre dio la alarma de la pandemia entre su colegas. Antes de cerrar Wuhan, el 18 de enero se celebró un banquete multitudinario para “40.000 familias” que facilitó la propagación del virus.

Los Gobiernos de todo el mundo se enfrentan a la dura disyuntiva de que cuanto más estrictas sean las medidas para frenar el contagio, más se resentirá una economía que depende de los suministros internacionales para funcionar, especialmente, de China, la fábrica del mundo. Con 1.400 millones de habitantes, el gigante asiático representa el 17% de la economía mundial, el 9% del turismo y el 40% de las materias primas. Pese a ello, el régimen de Pekín prefirió tomar medidas drásticas con la esperanza de que la actividad económica pueda recuperarse el resto del año.

El pasado 23 de marzo, dos meses después de decretarse la cuarentena, los habitantes de Wuhan pudieron abandonar la ciudad si disponía de un código QR de salud verde, lo que implica que la persona en cuestión no ha mantenido contactos con ningún contagiado o sospechoso de tener la enfermedad. Para recuperar la total libertad de movimiento habrá que esperar al 8 de abril.

Con todo, hay dudas sobre si la superación del Covid-19 no es más que una campaña de propagada del régimen conunista. Un médico de Wuhan declaró bajo condición de anonimato a la agencia de noticias japonesa Kiodo que el Gobierno chino manipuló el balance del nuevo coronavirus para rebajar el número de personas contagiadas de cara a la visita que realizó la semana pasada el presidente del país, Xi Jinping.

El médico local, que trabaja en un centro de cuarentena, señala que varios pacientes que todavía tenían síntomas de la enfermedad generada por el coronavirus y que estaban en cuarentena recibieron el alta y que, además, se suspendió parte de las pruebas, todo ello con el objetivo de rebajar el número de personas contagiadas.

La cuarentena solo retrasa la solución

La cuarentena, que recuerda a cómo Europa combatía la peste en la Edad Media, es útil para frenar una epidemia, pero no acaba con ella. Según Ildefonso Hernández, «es difícil mientras no haya una vacuna porque el virus permanece en la zona sometida a confinamiento. En Wuhan, el 20% pasó la infección, todavía queda un recorrido». «Cuando se reanude la actividad, el virus seguirá allí. La curva epidémica no es igual en todas partes», advierte.