«Eunomia»: Juegos de guerra en el Mediterráneo oriental

Demostración de fuerza de Francia, Grecia, Italia y Chipre para defender la legalidad internacional ante el expansionismo turco y la ambición energética de Erdogan

Ya son cinco los países que protagonizan una escena de fuerte tensión militar en el Mediterráneo oriental. Por un lado, Grecia, Chipre, Italia y especialmente Francia desarrollan la operación aeronaval bautizada como «Eunomia» -la diosa griega que defendía las leyes-, un despliegue de maniobras de defensa militar que se interpreta como una demostración de fuerza ante Turquía. Por el otro, el Gobierno de Erdogan sigue desafiando a sus vecinos y mantiene en aguas mediterráneas el buque de exploración de hidrocarburos, Oruç Reis, escoltado por varios barcos de guerra. La razón, en principio, es económica y energética: la isla griega de Kantelórizo, que se ubica a dos kilómetros de las costas turcas, representa una zona marítima rica en yacimientos de gas y recursos naturales, evidentemente apetitosos para Ankara. Pero para Atenas, las aguas que rodean Kantelórizo son exclusivamente griegas y sus derechos de explotación de hidrocarburos también. Grecia ha reiterado, desde hace aproximadamente una década, que Turquía viola la Convención de la ONU sobre la Ley del Mar y las reglas del derecho internacional, acusando a Ankara de realizar perforaciones ilegales en una zona cuya soberanía está en disputa.

Por su parte, Turquía no cede en su posición e insiste en repartirse las aguas de Kantelórizo de manera equitativa. El juego está trancado y no hay diálogo que arregle el conflicto. La alternativa ha sido mostrar, cada uno, su potencia militar en el mar. Pero evidentemente, el riesgo de que esta escalada militar que termine en un verdadero conflicto bélico está a flor de piel. El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, lo ha dicho sin tapujos: «Que se sepa: el riesgo de un accidente es alto cuando tantos activos militares se concentran en una zona tan concentrada (…) y en ese caso, la responsabilidad es del que crea esa circunstancia. Ninguna provocación quedará sin respuesta». El presidente francés, Emmanuel Macron tampoco retrocede. Al contrario, se muestra firme en su decisión de participar en la operación «Eunomia», con el despliegue de dos fragatas de guerra, un helicóptero y tres aviones de combate Rafale en aguas mediterráneas, según detalló su ministra de Defensa, Florence Parly. «Asumo lo que hicimos este verano, que fue tomar acciones proporcionales y acordes con nuestras palabras»- afirma Macron. «No hemos desplegado una armada en el Mediterráneo, sólo hemos aplicado la política de la línea roja que siempre he defendido».

El presidente francés tampoco duda en calificar la avanzada de Turquía como una provocación. Asegura querer regresar a un «diálogo positivo» con Ankara, pero advierte que será necesaria una serie de condiciones previas para que este diálogo pueda desarrollarse en un ambiente de confianza. Por supuesto, Macron no está solo. Sabe que tiene a la Unión Europea a sus espaldas, como ya lo han demostrado las declaraciones de Josep Borrell, representante de la UE para Relaciones Exteriores, quien amenazó este viernes con sancionar nuevamente a Turquía si no da los pasos necesarios para avanzar en el diálogo con Atenas sobre la crisis en el Mediterráneo oriental. Y las sanciones no serían poca cosa: hablamos de la prohibición de utilizar puertos de la Unión Europea o incluso, la confiscación de los barcos involucrados en las perforaciones para la extracción de hidrocarburos en las aguas de Kantelórizo.

La Unión Europea ya ha sancionado a dos directivos de la Sociedad Anónima de Petróleos de Turquía (TPAO), dictando prohibición de entrada a territorio comunitario y la congelación de sus bienes. Las sanciones europeas comprendieron además, en 2019, un recorte de unos 164 millones de dólares en ayuda financiera al Gobierno turco.

Por otro lado está Alemania, que ha asumido un rol mucho más diplomático en esta escalada, quizás por el hecho de ejercer temporalmente la presidencia de la Unión Europea, pero sobre todo por el interés de Berlín de mantener el pacto migratorio con Turquía para evitar otra crisis humanitaria como la de 2015 con la llegada de desplazados sirios y norteafricanos. La canciller alemana, Angela Merkel, apoya a la vecina Francia en reconocer que hay un problema con la agenda política y militar de Erdogan pero prefiere llevar la fiesta en paz. Alejándose de un posible eje franco-alemán para cerrar filas en torno a Grecia y mostrar los dientes a Erdogan, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, prefirió la mediación: «Jugar con fuego es altamente peligroso y cualquier chispa puede llevar a una catástrofe», advirtió Maas. Este miércoles el ministro viajó a Atenas y a Ankara para intentar calmar los ánimos y resolver el conflicto a través de un diálogo que, por ahora, sigue siendo de sordos.

Tal como ha venido intensificándose la presencia militar en el Mediterráneo, el discurso del presidente turco ha ido igualmente in crescendo. Si bien es cierto que, en una primera instancia, Recep Tayyip Erdogan había hecho un llamamiento al diálogo y a la negociación con Grecia, ya a mediados de agosto el tono cambiaba radicalmente a amenaza abierta: «Pagarán un alto precio si atacan a nuestro buque Oruç Reis» – dijo Erdogan en un discurso público en Ankara. El mandatario ha advertido que Turquía no hará «ninguna concesión» en la defensa de sus intereses sobre los hidrocarburos en el Mediterráneo oriental, enviando igualmente un mensaje de alerta a roja a Grecia: «Eviten cometer cualquier error que los lleve a la perdición».

Sin duda, un discurso enérgico que contrasta con el lobby político que desarrolla Ankara ante la OTAN, organismo de la defensa y la seguridad colectiva al que pertenecen tanto Turquía como Grecia. En una conversación telefónica con su secretario general, Jens Stoltenberg, el presidente turco emplazó a impedir medidas unilaterales en la crisis del Mediterráneo oriental, asegurando que «Turquía aboga por una solución justa y un entorno sano para un diálogo beneficioso para todos los países de la zona». Con respecto a la Unión Europea y ante la posibilidad de extender las sanciones que ya fueron aplicadas en el 2019, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía respondió, altivo y nuevamente desafiante, que esta posición de la Unión Europea no resolvía el problema y que, muy por el contrario, fortalecía a su gobierno. El tema de las tensiones militares en el Mediterráneo oriental, incluyendo las eventuales nuevas sanciones, será tratado en la cumbre de la UE el próximo 24 de septiembre. Para el 1 y 2 del mismo mes, Erdogan ha avisado de que realizará ejercicios con fuego real en la zona. Toda una declaración.

Las claves

l Grecia y Turquía se están enfrentando por el acceso a los recursos naturales. Los posibles depósitos de gas y petróleo bajo el lecho marino del Mediterráneo.
l Perforaciones ilegales Turquía ha enviado a la zona buques perforadores escoltados por la marina, algo que contraviene el derecho internacional por la disputa en torno al estatus del norte de Chipre.
l Contraataque griego Atenas anunció el 26 de agosto que ampliaría sus aguas territoriales de seis a doce millas náuticas, -un paso legal en el derecho internacional- a lo largo de su frontera con Italia.