Pedro Castillo, “el Breve”

El inesperado ganador de las elecciones asume hoy el cargo. El izquierdista corre el riesgo de ser uno más de los efímeros presidentes peruanos y enfrentará no pocos retos

El izquierdista Pedro Castillo habla ante sus simpatizantes desde un balcón luego de ser proclamado presidente electo del país, en Lima (Perú). EFE
El izquierdista Pedro Castillo habla ante sus simpatizantes desde un balcón luego de ser proclamado presidente electo del país, en Lima (Perú). EFEPaolo AguilarEFE

Su programa radical de izquierda ha extendido el temor a que Pedro Castillo se convierta en uno más en la lista de gobernantes autoritarios en América Latina. Pero bien podría ser uno más en la lista de presidentes efímeros de Perú.

Superado el obstáculo de las más de 800 impugnaciones presentadas por la candidatura de Keiko Fujimori sobre 200.000 votos, el presidente Castillo se enfrentará a no pocas amenazas a su poder.

La historia reciente de Perú, un país marcado por la inestabilidad política en los últimos años, muestra lo vulnerable que puede ser el presidente ante las maniobras de un Congreso poblado por partidos fragmentados en facciones imprevisibles y congresistas dados a cambiar el sentido de su voto, muchas veces bajo sospecha de que son oscuros intereses los que los mueven.

Han sido cuatro presidentes en los últimos cuatro años. Pedro Pablo Kuczynski tuvo que dimitir en 2018 tras el escándalo por su intento de indultar a Alberto Fujimori para garantizarse el apoyo del fujimorismo en el Congreso y salvar su presidencia. Su sucesor, Martín Vizcarra, fue destituido por el Congreso por «incapacidad moral», aunque la mayoría de observadores creen que en realidad fue víctima de sus iniciativas de lucha contra la corrupción, que atentaban directamente contra los intereses económicos de muchos legisladores.

Tras la caída de Vizcarra en noviembre de 2020, Manuel Merino ocupó la presidencia. Lo suyo fue casi de récord. Duró en el cargo solo seis días, hasta que renunció en medio de las protestas en la calle de una ciudadanía cada vez más harta de la inoperancia de su clase política y los turbios tejemanejes de los congresistas.

Y entonces llegó Francisco Sagasti, presidente interino que poco después de la votación sintió en su propio pellejo la debilidad intrínseca del cargo de presidente en Perú. La cadena de televisión Willax reveló que Sagasti había llamado a varias personalidades, incluido el escritor Mario Vargas Llosa, para pedirle que Keiko Fujimori, a la que el nobel ha apoyado después de años enfrentado a su familia, acepte los resultados.

La noticia de la llamada de Sagasti fue interpretada en algunos medios como un intento de interferir en el desenlace electoral y motivó una iniciativa en el Congreso para relevarlo, que, aunque finalmente no salió adelante, sirvió de recordatorio a Pedro Castillo de que el poder del presidente es muy limitado en el sistema peruano.

Y podría serlo aún más de haber fructificado el intento de modificar hasta 65 artículos de la Constitución antes de la clausura del Congreso actual promovido por la bancada de Alianza para el Progreso, que pretendía imponer un modelo bicameral y arrebatar aún más poderes a la presidencia.

Todos estos movimientos elevaron la tensión en Perú en los últimos días, cuando los ánimos ya estaban crispados por la denuncia de «irregularidades» en la votación presentada por Fujimori y su partido, Fuerza Popular, vistos por los seguidores de Castillo como un intento de revertir el resultado de las urnas.

El portal IDL Reporteros informó de que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) había ampliado el plazo para que la candidatura de Fujimori presentase impugnaciones, lo que provocó la indignación de los seguidores de Castillo, que llamaron a concentrarse frente a la sede del organismo en Lima.

La revisión de todas las denuncias hizo que la proclamación de Castillo como ganador se retrasara todavía unas semanas y recordaron que en Perú hay todavía mucha gente y muy poderosa que no tiene ninguna gana de ver a un campesino de ideas socialistas al frente del país. Finalmente, durante la madrugada del martes en España, el JNE proclamó a Castillo oficialmente como presidente electo de Perú. El maestro rural y líder sindical asumirá su cargo este miércoles.

La propia Fujimori anunció movilizaciones en defensa de la democracia» e insistió en que la victoria de Castillo había sido «ilegítima» en la misma rueda de prensa en la que admitió por fin su derrota. Por si quedaba alguna duda, dejó claro que el fujimorismo no le dará tregua a Castillo.

Pero el presidente electo tendrá también que manejar las tensiones de su propio partido, Perú Libre. Los congresistas de Lima serán seguramente mucho menos dóciles que sus alumnos en la escuela de Primaria de Tacabamba, la pequeña localidad serrana en la que vivía hasta ahora, y puede que los escorpiones se encuentren entre sus propios compañeros de cama.

Aunque Castillo ha sido su candidato esta vez, el líder en las sombras de Perú Libre es Vladimir Cerrón, ex gobernador del Departamento de Junín que no puede ser candidato porque está inhabilitado por corrupción. Cerrón se ha convertido en una figura incómoda para Castillo. En la campaña, Fujimori lo atacó presentándolo como un títere del extremista Cerrón y él trató de marcar distancias subrayando su perfil más moderado. No tardó en aparecer Waldemar, el hermano de Cerrón para advertirle a Castillo que “el día que se separe del partido empieza su desgracia”. Un nuevo recado para Castillo. Nadie se lo va a poner fácil.