Así viven en la única ciudad ocupada: “Los soldados rusos nos piden comida y tarjetas para sus móviles”

Jersón lleva un mes bajo la bota del Kremlin, que trata de ganarse a la población con la ayuda humanitaria que llega a cuentagotas

El búnker de un colegio en la localidad de Lymany sirve de refugio a niños que han logrado salir de Jersón
El búnker de un colegio en la localidad de Lymany sirve de refugio a niños que han logrado salir de Jersón FOTO: Vincenzo Circosta / Zuma Press / ContactoPhoto Vincenzo Circosta / Zuma Press /

La vida de Darina se ha vaciado. Cuando empezó la guerra todavía podía confiar en que Jersón resistiera, que se obrara un milagro y no fuera la primera –y hasta ahora única– de las grandes ciudades en ser conquistada por las tropas rusas. Hoy se cumple un mes de la invasión y sigue ostentando esa etiqueta.

Darina tiene 19 años y estudia Periodismo. Lo que antes era una rutina de universidad y trabajo en una web de noticias, hoy es una realidad claustrofóbica: «El día a día es absurdo, no tiene ningún sentido. Cada mañana, me despierto y me leo todos los diarios para ver qué ha pasado, en lugar de desayunar y hacer ejercicio. Me siento en el salón y me pongo a llorar. Trato de seguir las clases en remoto para mantenerme ocupada y distraerme. Me da pánico salir a la calle. La ciudad está plagada de tanques y soldados armados, es terrible pensar que te pueden matar en cualquier momento. O cogerte para violarte».

La ciudad cayó oficialmente el dos de marzo. Solo había pasado una semana desde el comienzo de la guerra y el Kremlin cantó victoria en este enclave estratégico por su salida al Mar Negro. El alcalde, Ihor Kolijaiev, emitió un mensaje a los 300.000 habitantes para confirmarles lo peor. De los días que precedieron a la derrota, Darina guarda pequeños fotogramas en su memoria. «Recuerdo el sonido terrible que llegaba del otro lado del puente, donde los nuestros trataban de resistir. Recuerdo estar bebiendo té acompañada de mi familia, con los drones volando alrededor de las ventanas de mi casa. Recuerdo el sótano, sentada en el suelo pensando que me iba a morir. Y colas enormes de la gente para poder conseguir comida y dinero en metálico».

Lo que siguió a la toma de Jersón fue una convivencia extraña, a ratos violenta y a ratos tranquila, con los ocupantes. También manifestaciones pacíficas de los civiles que acaban a tiros y, según esta periodista que atiende a LA RAZÓN por Telegram, «un silencio mortal en las calles cuando cae la noche». «Normalmente, los soldados rusos son educados con nosotros. Cuando voy en coche y me paran, suelen pedirme comida, o tarjetas SIM para comunicarse con sus familias. Pero si les digo que no, me dejan seguir camino y algunos me desean incluso buen viaje. Sin embargo, me sigue dando mucho miedo interactuar con ellos».

Darina en una imagen anterior a la guerra, cuando ejercía de periodista
Darina en una imagen anterior a la guerra, cuando ejercía de periodista FOTO: La Razón La Razón

El Ejército ruso se encarga ahora de distribuir la ayuda humanitaria que llega con cuentagotas a Jersón. Una situación endiablada recibir cereales, conservas o leche condensada de manos de los responsables de que no haya comida. La familia de Darina aún no ha recurrido a los ocupantes para comer. Aunque los supermercados llevan semanas fuera de juego, todavía están operativos pequeños mercados de productos frescos. Todo a un precio de oro porque «no tenemos dinero físico, los cajeros no funcionan. Tampoco hay farmacias abiertas, pero los hospitales sí lo están».

Ella sigue viviendo en la misma casa, con sus padres, su abuela y su hermana. «Todas las mañanas, salen a buscar productos para cocinar. Usamos lo que tenemos, manzanas, repollo o lo que sea. No comemos proteína porque hace tiempo que no se vende ningún tipo de carne, ni salchichas. En Jersón se está produciendo una catástrofe humanitaria. No funcionan los corredores de salida y solo se permite que sean los rusos los que distribuyan la ayuda, así que lo que hace la gente es negarse a aceptarla». Sería como dejar que sea tu carcelero el que te alimente.

Algunos amigos de Darina se han marchado de la ciudad. Ella no se ha atrevido, dice, por temor a lo que pudiera sucederle en el camino. Tampoco se siente segura en su ciudad, «esta situación es como un callejón sin salida». En los primeros días tras la invasión seguía reuniéndose con gente de su edad. Ya no lo hacen porque «no tenemos ningunas ganas».

A pesar del negro panorama, asegura que lo que vislumbra en el futuro es «paz, creo que vamos a lograr recuperarnos y viviremos aún mejor que antes». Quiere que todo el mundo sepa que la «operación de liberación» que los rusos dicen haber realizado «ha consistido en la muerte de gente inocente, violencia contra las mujeres, saqueos y barbarie, hambre y mucho dolor. Jersón es Ucrania, nunca fue y nunca será parte de Rusia».