Pakistán falla al garantizar la seguridad de los cristianos

Jamaat ul Ahrar, una escisión de los talibanes, tenía como objetivo esta minoría. La Policía identifica al kamikaze del parque de Lahore

Familiares de uno de los fallecidos lloran durante el entierro

Jamaat ul Ahrar, una escisión de los talibanes, tenía como objetivo esta minoría. La Policía identifica al kamikaze del parque de Lahore

Jornada de luto en Lahore tras el sangriento ataque contra las familias que pasaban el Domingo de Pascua en el parque de Gulshan e Iqbal. Ayer se celebraron los primeros entierros de las víctimas del atentado suicida por toda la ciudad. El balance aumentó a 72 fallecidos, 29 de ellos niños, y 359 heridos. La Policía paquistaní identificó ayer al suicida del atentado, Yusuf Farid, tenía 28 años y vivía en el centro de Pakistán. Tras terminar su formación religiosa en Dera Ghazi Khan, se trasladó a Lahore como maestro en un seminario religioso. Sus tres hermanos y otras doce personas han sido detenidas por el Departamento Antiterrorista.

«Estoy aquí para reiterar la determinación nacional para luchar contra el terrorismo hasta eliminarlo de nuestra sociedad», indicó el primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, en un discurso televisado. Sharif, que canceló un viaje a Wa-shington precisamente para participar en la Cumbre de Seguridad Nacional, prometió luchar contra el yihadismo hasta erradicarlo, pues Pakistán está en el camino de ser «la tierra de la felicidad y el éxito». Sin embargo, para la población local, sus palabras suenan demasiado optimistas. Jamaat ul Ahrar, escisión de los talibanes en Pakistán (TTP), que asumió el domingo la autoría del ataque terrorista, lleva meses haciéndose notar matanza tras matanza.

«Mientras las insurgencias están bajo presión o colapsándose, pueden escalar su violencia para estar en boga al perpetrar ataques más arriesgados y espectaculares», asevera Sameer Lalwani, experto en Pakistán del Stimson Center. «Jamaat ul Ahrar, al igual que la mayoría de los grupos terroristas tiene incentivos orgacionales para competir por la atención y llevar a cabo ataques tan horribles. Mientras gana notoriedad, existen desgraciadamente algunos incentivos perversos como el hecho de que demostrar la habilidad de poder seguir haciendo ataques ayuda a mejorar su perfil y como consecuencia, su reclutamiento», manifiesta Lalwani. «Dicho esto, también este atentado puede minar sus metas orgacionales y estratégicas. Pues atacar un parque en lugar de instalaciones de seguridad o atentar contra civiles, en particular mujeres y niños, puede generar un sentimiento de ira moral general y voluntad política para terminar o eliminar a JuA», añade.

De hecho, a pesar de que la mayoría de las víctimas mortales y heridos son mujeres y niños, el grupo terrorista señaló ayer que «sólo querían matar a hombres cristianos». Los cristianos representan el 1,6% de la población y sufren a diario situaciones de persecución y discriminación.

«Lo que iba a ser un día feliz para celebrar en familia se convirtió en una jornada negra para los cristianos», explica a LA RAZÓN Joseph Nadeem, director ejecutivo de la Renaissance Education Foundation de Lahore. Para Nadeem, que se ha volcado en ayudar a una cristiana condenada a la pena de muerte, Asia Bibi, la clave reside en que las autoridades paquistaníes ejecutaron el mes pasado a Mumtaz Qadri, el asesino confeso del gobernador del Punyab, Salman Taseer, quien quería reformar las penas por blasfemia. «Tras la ejecución de Qadri, sus seguidores tienen sed de venganza, y ya han pedido la cabeza de Bibi».

El propio Nadeem ha aumentado la seguridad en su colegio y él mismo tiene miedo de terminar en manos de los extremistas de Qadri. «Digamos que al defender y proteger a su familia estoy en primera línea». Para él, no hay duda de que el atentado del domingo se orquestó, porque los terroristas sabían que las familias se reúnen en Pascua en el parque Gulshan e Iqbal y que «la mayoría de colonias cristianas viven en los alrededores del parque».

La sombra del Estado Islámico

En 2014, Jamaat ur Ahrar juró lealtad al Estado islámico «después de diferencias internas con Tehrik-eTaliban Pakistan (TTP) y tras rechazar al nuevo líder, el mulá Fazlulla», indica Sameer Lalwani, experto en Pakistán del Stimson Center «Parece oportunista o táctico en respuesta al declive de Al Qaeda y a la esperanza de que el EI les provea de fondos y apoyo». Aun así, para Lalwani, JuA podría haberse reincorporado al TTP en 2015 por motivos tácticos al entrar en las conversaciones de paz en Afganistán.