Arrancan las primarias de los «tories», un juego sucio donde no gana el favorito

La historia demuestra que las primarias de los conservadores británicos es una batalla sin escrúpulos en la que hay muchas sorpresas. Boris Johnson, partidario de sacar al país de la UE por las bravas, parte como favorito

La historia demuestra que las primarias de los conservadores británicos es una batalla sin escrúpulos en la que hay muchas sorpresas. Boris Johnson, partidario de sacar al país de la UE por las bravas, parte como favorito

John Major sufrió un supuesto increíble dolor de muelas mientras se decidía quién debía suceder a Margaret Thatcher en la cruenta batalla por el liderazgo del Partido Conservador a principios de los 90. Se apartó del fango en los momento más delicados y al final fue él quien acabó mudándose a Downing Street.

Por su parte, Theresa May ni siquiera había hecho campaña por el Brexit. Pero fue ella quien sucedió a David Cameron para ejecutar el divorcio después de que los candidatos euroescépticos más conocidos entonces –Boris Johnson y Michael Gove– se «mataran» entre ellos con puñaladas por la espalda y Andrea Leadsom cometiera el gran error de sugerir en una entrevista que podría ser mejor primera ministra simplemente por el hecho de ser madre.

La historia ha dejado claro que con los tories todo puede pasar. Las primarias son un juego sucio en el que todo vale y nunca acaba ganando el que parte como favorito. Por lo tanto, nadie sabe con certeza el desenlace que depara a las intensas semanas a las que ahora se enfrenta la que antaño fue la respetada formación de Winston Churchill, tras la dimisión de May, que se quedará como primera ministra hasta que se elija sucesor a finales de julio.

Tras el fracaso de las negociaciones para sacar al Reino Unido de la UE, los conservadores se han convertido en una pantomima de sí mismos. Han acabado con la paciencia de Bruselas y con la del electorado británico que les castiga ahora con un bochornoso cuarto lugar en las encuestas de intención de voto ante unas hipotéticas elecciones generales, opción que cada vez toma más peso para desbloquear la peor crisis institucional de Westminster.

Con el objetivo de que el nuevo líder tenga apoyo entre las filas -algo que May nunca logró conseguir, en estas primarias se han modificado ligeramente las reglas de juego. Al aumentar el umbral de apoyo requerido para cada candidato ya se han retirado de la batalla dos diputados, James Cleverly y Kit Malthouse, nombres poco conocidos.

El excéntrico Boris Johnson sigue siendo el favorito entre los simpatizantes. Pero son los diputados quienes eligen primero a los dos finalistas que se presentan a las bases y entre sus compañeros, el que fuera ministro de Exteriores, despierta tantas filias como fobias.

Pero «otros vendrán que bueno te harán». Y eso es precisamente lo que le ha pasado ahora con la entrada estelar en escena de Dominic Raab, representante del núcleo más duro de los tories euroescépticos. El que fuera ministro del Brexit está decidido a suspender el Parlamento hasta el 31 de octubre, cuando termina la prórroga del Brexit, para que sus señorías no impidan al Gobierno, como lo venían haciendo hasta ahora, sacar al Reino Unido del bloque sin pacto.

La sugerencia no sólo ha puesto en pie de guerra al conocido como Mr. Speaker –responsable de la Cámara de los Comunes–, sino que también ha movilizado a las filas conservadoras más moderadas que, de momento, han cambiado su campaña «Stop Boris» por «Stop Raab». Por lo tanto, en la primera votación interna para descarte de candidatos, el excéntrico Johnson se podría ver beneficiado por las circunstancias.

La verdad es que el que fuera alcalde de Londres está dejando a un lado en estas primarias su faceta de bufón para convertirse en un «chico serio». Es más, ni siquiera accedió a reunirse con el controvertido Donald Trump durante la polémica visita de Estado del norteamericano al Reino Unido esta semana.

El presidente estadounidense, quizá para no perjudicarle, se ha mostrado más comedido que en otras ocasiones cuando le preguntaron por su candidato favorito. Mencionó a Johnson, pero solo de puntillas. Y también hizo una fugaz referencia sobre el actual ministro de Exteriores, Jeremy Hunt, quien, debido a su cargo, tuvo un papel importante en la visita de Estado del mandatario.

Lo cierto es que Hunt es un perfil interesante. No sólo porque habla perfectamente chino, ya que su mujer es de Xi’an. A pesar de que hizo campaña por la permanencia, en los últimos meses ha sabido cortejar bien a los euroescépticos y su papel como responsable de la diplomacia británica le ha hecho ser una cara conocida y respetada para el pueblo.

Por su parte, en caso de Michael Gove –que vuelve ahora a verse las caras con Johnson– el proceso ha sido al revés. Comenzó como euroescéptico del núcleo duro, pero acabó convertido luego en defensor de May y ahora deja la puerta abierta a una nueva ampliación de plazos si para octubre no se ha conseguido negociar un acuerdo. Eso sí, ayer concedió una entrevista en la que admitía el consumo de cocaína hace 20 años en su época de periodista.

Y está comprobado que cada detalle, por nimio que sea, puede tener luego grandes consecuencias. Que se lo digan si no a Leadsom, que llegó a quedar como finalista en las primarias de 2016. La dirigente euroescéptica vuelve a presentante como candidata en las primarias, que acabarán el próximo 22 de julio. De momento, está más callada que de costumbre, pero es una de las más respetadas entre las filas.