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Boris Johnson se aferra al pueblo para garantizar su Brexit

El primer ministro pone en marcha una «sesión de control ciudadana» en Facebook para aislar a los diputados «tories» que se oponen a sus planes para salir de la UE con o sin acuerdo el 31 de octubre.

  • Johnson se ha colocado el casco de campaña para convencer a los británicos de su plan para salir de la UE / Ap
    Johnson se ha colocado el casco de campaña para convencer a los británicos de su plan para salir de la UE / Ap

Tiempo de lectura 4 min.

15 de agosto de 2019. 18:25h

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Celia Maza 15/8/2019

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Boris Johnson está determinado a convertirse en el primer ministro del pueblo. Y dentro de su estrategia para mostrar cercanía, respondió ayer en directo a través de la red social Facebook a preguntas de los usuarios, un evento que bautizó como «sesión de control ciudadana». El uso de las redes está siendo clave en su mandato, al igual que hace el presidente norteamericano, Donald Trump.

Desde el escritorio de su despacho oficial, en el número 10 de Downing Street, el excéntrico político aseguró que el formato le permite trasladar a los británicos sus puntos de vista «sin pasteurizar» y «sin mediadores».

En esta línea, una vez más, mostró su clara intención de sacar a Reino Unido de la UE «sin peros ni condiciones» para el 31 de octubre, cuando termina la prórroga concedida por Bruselas. Señaló que su objetivo es renegociar otro acuerdo de retirada que excluya el polémico «backstop», la salvaguarda para evitar frontera una dura entre las dos Irlandas. Pero acusó a Bruselas de la falta de avances. «Nuestros amigos europeos no están dispuestos a hacer compromisos. Se están aferrando a cada letra, a cada coma del pacto actual», matizó Jonson.

En cualquier caso, el «premier» se mostró especialmente crítico con los diputados rebeldes que quieren bloquear el Brexit, a los que acusó de estar «inmersos en una terrible colaboración con la Unión Europea para minar la posición negociadora de Londres y hacer más probable una salida sin acuerdo».

El uso de la palabra «colaboración», según la prensa local, tiene ecos históricos para los británicos, ya que es el nombre que recibían las personas que cooperaron con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

La intervención de Johnson tuvo lugar después de que el ex ministro de Economía Philipp Hammond asegurase que una salida del bloque sin pacto sería una «traición» al referéndum de 2016, en una carta consensuada con diputados conservadores y firmada por él, publicada ayer en el rotativo «The Times».

El que fuera «chancellor» señaló que tanto él como sus colegas habrían preferido «mantenerse al margen» y dar tiempo al primer ministro para desarrollar su plan del Brexit, pero agregó que las primeras «señales» no son «alentadoras», de cara a conseguir un pacto con Bruselas.

«A día de hoy, no hay una petición popular para un Brexit sin acuerdo. Puede que los favorables a un Brexit duro sean los que más ruido hacen, pero no son los más numerosos. Mucha de la gente en este país quiere que nos vayamos de una forma suave y ordenada, que no altere sus vidas», explicó Hammond.

También se ha sumado a esta postura el presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, quien afirmó durante el Festival Fringe de Edimburgo que peleará «hasta el último aliento» contra cualquier intento de Johnson para suspender el Parlamento y poder ejecutar un divorcio caótico de forma unilateral.

El Tribunal de Sesiones de Edimburgo ha fijado una vista para el 6 de septiembre en la que evaluará si el nuevo inquilino de Downing Street puede derogar la agenda de Westminster, tras la petición de un grupo de veinticuatro diputados, entre los que se encuentran la líder de los liberales demócratas, Jo Swinson; el diputado laborista Ian Murray, la parlamentaria del Partido Nacionalista Escocés (SNP) Joanna Cherry y la independiente Heidi Allen. La razón por la que los diputados decidieron presentar la demanda en Escocia es porque el Tribunal de Sesiones continúa reunido durante el período vacacional, mientras su homólogo inglés está suspendido.

Por su parte, el líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, está dispuesto a presentar una moción de censura contra el Gobierno en los primeros días del curso parlamentario si cree que tiene opciones de ganar. El primer ministro cuenta con una mayoría de tan solo un escaño en la Cámara Baja, por lo que tiene grandes posibilidades de perder el órdago.

Llegados a esta situación, el Parlamento tendrá un plazo de 14 días para dar su respaldo a un Gobierno alternativo. Aunque no hay nada en la legislación que obligue a Johnson a presentar su dimisión, por lo que podría aferrarse a su cargo. En definitiva, tiene la potestad de convocar unas elecciones para una fecha posterior al 31 de octubre, lo que impediría que otro jefe del Ejecutivo detuviera el Brexit.

Detrás de la estrategia, según la prensa británica, está Dominic Cummings, cerebro de la campaña euroescéptica Vote Leave, convertido ahora en el asesor con más poder en Downing Street. El estratega estaría ya preparando la campaña en Facebook –las redes siempre han sido su mejor herramienta– para plantear las próximas elecciones como «el pueblo contra los políticos». A Johnson se le presentaría como el «mártir» que, a pesar de todos los elementos, logró –o al menos intentó– cumplir con el resultado del referéndum, por lo que la mayoría absoluta estaría prácticamente garantizada.

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