Cinco años para la yihad nuclear

Los agujeros de seguridad de Bélgica han puesto sobre el radar una amenaza más letal: la vulnerabilidad de las centrales nucleares. Las investigaciones del 22-M apuntan a que el Estado Islámico estaría dispuesto a atacar o sabotear las instalaciones atómicas para obtener material radioactivo

Los hermanos Bakraoui estuvieron vigilando al director de la central de Charleroi (en la imagen) situada a 80 kilómetros de Bruselas

►Los agujeros de seguridad de Bélgica han puesto sobre el radar una amenaza más letal: la vulnerabilidad de las centrales nucleares ►Las investigaciones del 22-M apuntan a que el Estado Islámico estaría dispuesto a atacar o sabotear las instalaciones atómicas para obtener material radioactivo

Los planes del Estado Islámico (EI) van más allá de atacar «objetivos blandos» como aeropuertos, museos o salas de conciertos. En su estrategia las centrales nucleares aparecen como un blanco prioritario. La guerra bacteriológica y cibernética ocupa un lugar fundamental en su manual yihadista. «Un incidente terrorista nuclear en cualquier lugar sería una amenaza para la Humanidad», explica a LA RAZÓN Richard Weitz, del «think tank» americano «Hudson Institute», al suponer un salto cualitativo y cuantitativo en su terror indiscriminado. En este sentido, el coordinador de la Unión Europea para la lucha contra el terrorismo, el holandés Gilles de Kerchove, expresó ayer también sus temores. «De aquí a cinco años, ellos podrían tomar el control de una central nuclear», aseguraba el responsable europeo al diario belga «Le Soir».

Las centrales belgas, por tanto, están en el punto de mira, un país donde la energía nuclear abastece la mitad del consumo doméstico. Doel y Tihange, sus dos plantas, llevan tiempo bajo el radar de los terroristas, especialmente la segunda, en Charleroi, ubicada a 80 kilómetros de la capital belga. En este contexto, ayer trascendió el asesinato de un guardia de seguridad que trabajaba en Tihange en extrañas circunstancias. Didier Prospero fue abatido en su propio domicilio y los asesinos le robaron la tarjeta de acceso a la central. Al tratarse de uno de los responsables de seguridad de la central, el acceso a cualquier lugar de la instalación sería posible con la acreditación, aunque desde la central nuclear se informó de que la banda magnética había sido desactivada y que la situación estaba bajo control. A su vez, la Fiscalía desvinculó el suceso con los atentados del 22-M en Bruselas, pero el incidente ha encendido las luces de alerta.

Los constantes fallos de seguridad cometidos por las autoridades belgas en materia antiterrorista han elevado la preocupación general por la seguridad de las centrales nucleares en Bélgica. Estados Unidos y varios socios comunitarios ya han pedido a la agencia nuclear belga que revise y refuerce sus protocolos ante su evidente vulnerabilidad. El viernes (cuatro días después de los atentados contra el metro y el aeropuerto) se despojó de las tarjetas de acceso a las centrales a una decenas de trabajdores y otros tantos fueron enviados a casa durante varias horas.

Sin embargo, y a juicio de los expertos, se trata de una serie de medidas que llegan tarde y que resultan insuficientes. Tampoco les tranquiliza el hecho de que se haya destinado a un centenar de militares a custodiar estos puntos estratégicos. «El Estado Islámico ha demostrado que no tiene escrúpulos morales para cometer las atrocidades más inimaginables. Están utilizando agentes químicos en Mesopotamia, así que si pueden hacerse con el control de centrales nucleares lo harán», asegura a LA RAZÓN Emanuelle Ottolenghi, investigador de la Fundación por la Defensa de las Democracias, que añade que en su «ideología se justifica el genocidio y, por lo tanto, no se lo pensarán dos veces». La concantenación de fallos en las centrales en los últimos años no hace sino aumentar el temor de que las autoridades sean incapaces de frenar los planes de los yihadistas. En 2012, dos empleados de la central de Doel abandonaron su puesto de trabajo para viajar a Siria y unirse al Estado Islámico. Habrían, por lo tanto, aportado sus conocimientos en relación a las instalaciones belgas a los yihadistas. Es más, ambos ex empleados formaron parte de la célula yihadista liderada por Abdelhamid Abaaoud, abatido en el distrito de Saint Denis tras los ataques de París en noviembre. Uno de ellos estaría muerto, pero el otro se encontaría en libertad, tras haber pasado un tiempo en prisión. Por otra parte, en 2013, la agencia nuclear belga fue «ha-ckeada» e, incluso, en varias ocasiones, algunos individuos han conseguido acceder a reactores sin problema alguno. En Doel, hace dos años, otro individuo pudo llegar hasta el cuarto reactor de la central y vertió aceite sobre él provocando la paralización del mismo. Según los expertos, es «altamente difícil» que los terroristas se hagan con uranio enriquecido, pero lo que sí les preocupa es que puedan hacerse con algún tipo de «bomba sucia» creada a partir de residuos radiactivos. «Éste es un reto importante a tratar en la cumbre de seguridad nuclear prevista para esta semana: fortalecer la lucha contra las eventuales amenazas de un ataque o robo de materiales nucleares de una planta, así como otro riesgo menor también alarmante como el robo de material radiológico de hospitales, universidades y otras instituciones», afirma a este diario Richard Weitz.

Una preocupación generalizada que las autoridades belgas intentan minimizar a pesar de las evidencias. Según filtró esta semana el diario «La Derniere Heure», en el domicilio de Mohamed Bakkali se encontró una grabación realizada por los hermanos Al Bakraoui (los kamikazes de Bruselas) en la que se hacía un riguroso seguimiento del director de investigación y desarrollo de la central de Charleroi. Es más, la cámara estaba instalada frente al domicilio del directivo. Doce horas de grabación que desvelan que el plan de Salah Abdeslam tenía como prioridad un ataque a una central nuclear, pero su detención precipitó la inmolación de sus secuaces.