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Egipto, ¿Y ahora, qué?

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Pocos son los analistas que esperaban que las manifestaciones registradas durante los últimos días en Egipto fueran a provocar un cambio deponiendo a Mohammed Mursi y su régimen de la Hermandad Musulmana, y nadie puede estar seguro de lo que pasará en Egipto, pero hay algunas cosas que sí sabemos:

Primero, que las fuerzas que defienden la igualdad de derechos para todos y una sociedad egipcia libre están demasiado emocionadas ante lo sucedido el miércoles. Seculares y cristianos coptos celebran e insisten ante la prensa occidental, que venía siendo tan infatigablemente pro-Hermandad como Barack Obama, que no se trata de un golpe militar sino de una revolución, una revolución verdaderamente popular como se suponía que era la "Primavera Árabe"que depuso a Mubarak.

Con vistas a ese grupo, el responsable egipcio del gabinete militar Abdel Fataj Al-Sisi tocaba la fibra sensible al anunciar la marcha de Mursi y la suspensión del texto constitucional basado en la ley islámica que habían impuesto a la población egipcia Mursi y sus colegas de la Hermandad Musulmana. "Vamos a construir una sociedad egipcia", anunciaba Al-Sisi, "fuerte y estable, que no excluya a nadie". Mursi, por supuesto, nunca dijo tener en mente una sociedad egipcia que fuera a excluir a alguien, pero los cristianos y las mujeres occidentalizadas del país descubrieron que su inclusión sólo estaba garantizada si obedecían. Ahora esperan que la intervención de Al-Sisi represente una genuina declaración de una sociedad que no impone la ley islámica y garantiza la igualdad de derechos para todos.

Es más, los nuevos responsables egipcios intervenían puntualmente a última hora de la noche del miércoles para clausurar tres canales islámicos de televisión, incluyendo el de la Hermandad, y también registraban las oficinas de la corresponsalía egipcia de Al Jazira – indicación clara de que quieren que Egipto se aleje del absolutismo islámico y de la sharía.

Soy partidario de la libertad de expresión. No me parece que haya que clausurar a los que tienen opiniones de las que discrepo. Así se llega a la tiranía. Es el arma de la extrema izquierda autoritaria y desesperadamente insegura. Estos canales islámicos deberían haber podido seguir funcionando, mientras no fueran las únicas voces que se dirigieran a los egipcios. Aun así, se trata de un buen indicador de la determinación de la actual cúpula militar a la hora de impedir la ley islámica en Egipto.

Emocionados también ante los acontecimientos del miércoles, sin embargo, están los salafistas y las demás facciones islámicas que desprecian a Mursi por no haber implantado la ley islámica con la suficiente celeridad. Algunos manifestantes de los últimos días han llegado a solapar una imagen de Mursi con la de la estrella de David, igual que los manifestantes de la "Primavera Árabe"modificaron los carteles de Mubarak dibujando estrellas de David en su frente. La insinuación en ambos casos es que los manifestantes desprecian a los gobernantes por ser títeres de los odiados israelíes, y en concreto por no anular los Acuerdos de Camp David y declarar la guerra a Israel.

Ahora sobre todo, con su economía en la cuerda floja, Egipto tiene motivos sólidos para no emprender la guerra contra Israel, dado que hacerlo pondría en peligro los miles de millones que recibe en ayudas de Estados Unidos – incluso en esta era Obama. Mursi, tan pragmático como la Hermandad Musulmana viene siendo y tan dispuesta como ha estado siempre su organización a alcanzar la victoria final por etapas, no mostró señales de desear poner en peligro esas ayudas. Pero este pragmatismo enfurecía a los supremacistas islámicos, que criticaban a Mursi por su enfoque gradualista (tadarruj), concepto del que echan pestes los ortodoxos de la ley islámica.

Irónicamente, sin embargo, ahora que Mursi es historia (por ahora al menos), esa ayuda estadounidense podría correr peligro. Barack Obama pronunció una severa intervención el miércoles, ordenando a las agencias estadounidenses "examinar"las ayudas que enviamos a Egipto:

Estados Unidos vigila de cerca la situación muy fluida de Egipto, y creemos que el futuro de Egipto sólo puede ser determinado en última instancia por el pueblo egipcio. No obstante, nos preocupa profundamente la decisión de las Fuerzas Armadas egipcias de deponer al Presidente Mursi y suspender la constitución egipcia. Insto al gobierno egipcio a intervenir con rapidez y devolver la autoridad de forma responsable a un gobierno civil elegido democráticamente tan pronto como sea posible mediante un mecanismo transparente e incluyente, y evitar cualquier detención arbitraria del Presidente Mursi y sus partidarios. Teniendo en cuenta los avances de hoy, también he ordenado a los departamentos y agencias relevantes examinar las implicaciones que revisten dentro del código estadounidense nuestras ayudas al Gobierno de Egipto.

Obama no realizó ninguna intervención comparable cuando Hosni Mubarak fue derrocado. La Hermandad Musulmana podría utilizar esta intervención como ariete en Egipto, exigiendo recuperar el poder como único medio de garantizar que la ayuda estadounidense sigue fluyendo y que la economía egipcia no se derrumba por completo.

Y por supuesto, la Hermandad sigue activa y sigue disfrutando de amplio apoyo popular, a pesar del mal fario que el catastrófico régimen de Mursi le ha dado. Los sucesos del miércoles en Egipto son sorprendentes y bien recibidos, pero no presagian ningún nuevo nacimiento de la libertad en Egipto mucho más que la caída de Mubarak y el triunfo de la Hermandad Musulmana antes.

Sin embargo, es difícil no alegrarse en parte ante los acontecimientos que "preocupan"a Obama, cuyo apoyo a la Hermandad viene siendo constante y creciente desde que invitó a sus líderes a asistir a su discurso de junio de 2009 en El Cairo, y que tienen a los grupos fachada de la Hermandad Musulmana en Estados Unidos, como el Consejo de Relaciones Islámico-Norteamericanas (CAIR), realizando airados y confusos pronunciamientos que cuestionan la intención de los manifestantes y recuerdan al mundo que Mursi fue elegido de forma democrática.

Está por verse que los manifestantes egipcios que han tumbado a Mursi puedan derrotar finalmente a las fuerzas pro-sharía en Egipto y crear una sociedad verdaderamente libre, o que haya una cifra de deseosos de hacerlo lo bastante elevada. Pero si Obama y el Consejo de Relaciones Islámico-Norteamericanas no los ven con buenos ojos, es que no pueden ser malos del todo.

Robert Spencer es experto en el islam en la Universidad de Carolina del Norte en Chappel Hill y autor de 10 libros.