El Brexit incendia Westminster

Mientras en el partido «tory» hay divisiones irreconciliables sobre el referéndum, el líder laborista ha mantenido un perfil bajo durante la campaña

Gana la permanencia. A falta de cinco días para la votación, la campaña del «Remain» gana  por tres puntos a los partidarios del Brexit
Gana la permanencia. A falta de cinco días para la votación, la campaña del «Remain» gana por tres puntos a los partidarios del Brexit

Mientras en el partido «tory» hay divisiones irreconciliables sobre el referéndum, el líder laborista ha mantenido un perfil bajo durante la campaña

Los dos bandos del referéndum europeo retomaron ayer los actos de campaña tras una pausa de tres días por el asesinato de la diputada laborista Jo Cox. Un sondeo divulgado por «The Mail On Sunday», realizado tras el atroz crimen, atribuía una ventaja de tres puntos a los partidarios de la continuidad, con un 45 %, frente a un 42% a favor del Brexit. Los euroescépticos Michael Gove, ministro de Justicia, y el popular Boris Johnson, aseguraron que la salida de la UE era la única vía para controlar la inmigración. Por su parte, el «premier», David Cameron, y su mano derecha, George Osborne, ministro del Tesoro, advertían de que el abandono del club europeo sería un «grave error» y no habría «vuelta atrás».

Escuchando el argumento de unos y otros, nadie diría que los protagonistas pertenecen a la misma formación, sumida en una guerra civil por la cuestión del referéndum del próximo jueves.

Es tal la tensión que, sea cual sea el resultado del plebiscito, se da casi por hecho que Cameron tendrá que dimitir. «No es una figura que pueda unificar de nuevo a los suyos», advertía Ben Harris-Quinney, uno de los analistas conservadores más reputados.

Cameron recalcó el fin de semana que, pase lo que pase, no abandonará el cargo. Pero tiene prácticamente a la mitad de sus filas en su contra. Los diputados euroescépticos Andrew Bridgen y Nadine Dorries han amenazado, de hecho, con que si la permanencia no gana por una ventaja próxima a 60%-40% –algo que se antoja complicado, según los sondeos– deberá convocarse antes de Navidad una cuestión de confianza para ver si debe seguir como líder o no, pues, a su juicio, el partido se encuentra absolutamente fracturado. Los rebeldes aseguran que los respaldan cincuenta diputados (número necesario para la moción) «muy enfadados» por la campaña del primer ministro, que han bautizado como «el proyecto miedo».

Por otra parte, en un desafío sin precedentes, un grupo de 57 «tories» ya ha adelantado que votarían en contra del presupuesto de urgencia de austeridad que Osborne ha planteado en caso de que finalmente el país abandone la UE.

Una de las claves manejadas hasta ahora para intentar calmar los ánimos pasaría por una remodelación de Gobierno que permitiría reconciliar a las partes y enterrar un hacha de guerra capaz de escindir a una derecha británica en la que la aversión hacia Europa supera en muchos casos la afiliación política. La incógnita que el «premier» debe resolver es cuándo conviene acometer esta reestructuración para intentar desactivar un potencial magnicidio: si justo después de la consulta, o aguardar hasta el receso estival, o incluso hasta el otoño, cuando se celebra el congreso anual del partido.

En este nuevo Gabinete se da por hecho que Johnson tendría un ministerio de peso para contentar al ala euroescéptica. Lo cierto es que el ex alcalde de Londres nunca ha escondido sus deseos por suceder a Cameron como líder del partido. Es más, sus críticos aseguran que es uno de los más pro Europa y que tan sólo está haciendo campaña por el Brexit para, llegado el momento, contar con el apoyo de los euroescépticos.

Bien es cierto que Cameron anunció el año pasado que no se presentaría de nuevo como candidato para las elecciones de 2020. Pero hay muchas voces que defienden que, en caso de divorcio con Bruselas, quizá podría sobrevivir como líder al menos hasta el año que viene para ejecutar el proceso de negociaciones y evitar precisamente así quemar a su sustituto.

Un laborismo titubeante

Como en el referéndum escocés de 2014, el voto laborista vuelve a ser decisivo el 23-J. Sólo la movilización de su electorado puede evitar la salida de Reino Unido de la UE. Sin embargo, la campaña de bajo perfil del líder de la oposición, Jeremy Corbyn, no deja de desconcertar a la mitad de los votantes laboristas, que desconocen a ciencia cierta la posición del partido en el referéndum. Como consecuencia, sólo el 52% tiene decidido votar, frente al 69% de los conservadores.

El izquierdista Corbyn, que en el plebiscito de 1975 votó «no» por considerar a la Comunidad Europea una «conspiración capitalista», es quizás el dirigente laborista más euroescéptico desde los años ochenta. No pronunció su discurso a favor de Europa hasta abril, dos meses después de que el Gobierno convocara el referéndum, y ha evitado hasta el último momento participar en todo acto o debate televisivo importante, lo que fuera necesario para no apoyar a Cameron. Todo lo contrario que el nuevo alcalde de Londres, Sadiq Khan, que se ha prodigado junto al líder «tory» en apoyo de la permanencia en la UE. Hubo que esperar al asesinato de la diputada Jo Cox para ver a Cameron y Corbyn juntos.

La cúpula del partido reconoce que esta campaña está sacando a la luz un euroescepticismo oculto entre sus bases: sólo un 36% del voto obrero y un 52% de la clase media respalda la permanencia en la UE. En un intento de volver a repetir el milagro del referéndum escocés, cuando en plena recta final de campaña logró dar la vuelta a unos sondeos favorables a los independentistas, el ex primer ministro Gordon Brown ha vuelto a escena para pedir que «lo que hemos construido juntos con sacrificio no lo rompa ningún mezquino nacionalismo».