El Califato de Al Bagdadi se queda sin «soldados»

El flujo de extranjeros que se alistan en el EI pasa de 2.000 a 200 al mes debido los recortes de salarios y los reveses militares. Sus líderes ordenan multiplicar los ataques en Oriente Medio ante la presión interna por la pérdida de territorio

El flujo de extranjeros que se alistan en el EI pasa de 2.000 a 200 al mes debido los recortes de salarios y los reveses militares. Sus líderes ordenan multiplicar los ataques en Oriente Medio ante la presión interna por la pérdida de territorio

Con frecuencia, expertos y analistas antiterroristas se refieren al Estado Islámico como «el grupo terrorista más rico de la historia», sobre todo por las ganancias del petróleo, que ascenderían a los dos millones de euros diarios, según diferentes estudios. Esto podría sonar alarmante, pero la pregunta es hasta qué punto es cierto que la organización yihadista tiene tanto dinero, poder y estructura social dentro de su «Estado» islámico. Al parecer, su proyecto de Califato no estaría resultando ser tan brillante como ha querido mostrar su vasta maquinaria de propaganda yihadista. A medida que ha ido creciendo la presión en contra con los ataques de la coalición internacional y la ofensiva kurda en la región siria de Raqa, el reclutamiento de militantes se ha convertido en una cuestión urgente de la organización radical, que ha perdido muchos combatientes en los últimos meses. Según el último informe de la Inteligencia de EE UU, el EI tiene entre 19.000 y 25.000 combatientes en Siria e Irak, frente a los más de 35.000 que tenía en 2015. Además, el flujo de nuevos combatientes extranjeros en Irak y Siria se ha reducido de 2.000 a 200 al mes en el primer trimestre del año, según el Pentágono.

Este descenso en el reclutamiento se debe, entre otros motivos, a las dificultades económicas que atraviesa el grupo yihadista. Hasta ahora, los combatientes extranjeros recibían altas retribuciones económicas y todo tipo de comodidades que les ofertaba el Califato. Sin embargo, los ataques aéreos contra sus estructuras económicas y las fuentes de financiación están agotando las arcas del EI. El grupo yihadista «está luchando para mantenerse económicamente viable» después de los ataques aéreos de la coalición que destruyeron hasta 800 millones de dólares en las reservas de efectivo del grupo, según confirmó recientemente el general Peter Gersten.

Por su parte, Aymen Jawad al Tamimi, investigador del Middle East Forum, confirma que «los problemas económicos del Califato tienen su origen en el esfuerzo bélico, cada vez mayor, al que se ve obligado por el acoso de la coalición internacional». Tamimi destaca que dos tercios del presupuesto total del EI va destinado a actividades militares, pero los combatientes de Faluya, en Irak, «sólo comen ya dos veces al día». De hecho, según el «think tank» de defensa IHS Janes, el grupo liderado por Abu Bakr al Bagdadi ha lanzado en los últimos días el mayor número hasta ahora registrado desde la formación del Califato en 2014. En tan sólo un año, estas operaciones se habrían incrementado un 16% en respuesta a la asfixia que los terroristas sienten sobre el terreno.

Esta estrategia ha hecho que los sueldos de los yihadistas hayan sufrido fuertes recortes, llegando a cobrar hasta el 50% del salario. Antes de los recortes, un combatiente del EI cobraba alrededor de 1.200 dólares al mes, ahora no más de 400. En Raqa, feudo del grupo en Siria, los salarios se han reducido a la mitad desde el pasado diciembre, la electricidad está racionada, al tiempo que los precios de los artículos básicos se han disparado. Desertores recientes del grupo han confirmado que muchos combatientes sólo cobran medio sueldo y algunos ni siquiera lo han recibido en meses.

La analista libanesa Amal Saad señala a LA RAZÓN que es «lógico que los militantes extranjeros hayan empezado a abandonar al EI tras la pérdida de territorio en Siria e Irak y el alto número de bajas en las filas yihadistas, ya que sus motivaciones son distintas». «La mayoría de los combatientes europeos provienen de clases marginales y se han alistado al EI como una alternativa de vida», continúa la experta, antes de agregar que «muchos se sienten desilusionados con las promesas» de Al Bagdadi, que ofertó puestos de trabajo, viviendas y esposas por igual a los nuevos reclutas.

Ante las deserciones de extranjeros –que se unen a la dificultad de entrar ahora en territorio sirio– y el poco entusiasmo de los locales para ir de voluntarios al frente de batalla, el EI ha encontrado una nueva cantera de reclutas entre los más jóvenes. Está reclutando combatientes entre niños y adolescentes, más vulnerables que los adultos a la propaganda del grupo. Desde su creación, el EI ha impuesto la formación religiosa y militar sobre los niños en la provincia de Raqa. Los mismos activistas informan de que el grupo utiliza dos campos de entrenamiento en Sharea Ashbal y Maahad Ashbal al-Khilafa para adoctrinarles. De acuerdo con un informe del Comité Sirio de Derechos Humanos, reclutó al menos 800 menores de edad en el último semestre de 2015.

Ante esta situación desesperada que les ha hecho perder a los yihadistas hasta el 40% de sus territorios en Siria e Irak, los milicianos van acercándose cada día al modus operandi de la otrora poderosa Al Qaeda: hacer la yihad global y atentar en Occidente. Sin embargo, esto supone un golpe mortal a la intención inicial del EI de asentarse en Oriente Medio y de ahí expandirse por el resto del mundo.