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El destino de Reino Unido y de la UE se decide en el “Súper Sábado”

Boris Johnson busca uno por uno los apoyos en distintos partidos ante una votación que se prevé muy ajustada

Nadie pudo llegar a imaginar hace apenas una semana que se iba a llegar a este escenario. Cuando en julio Boris Johnson se mudó a Downing Street radicalizó su discurso euroescéptico. Llegó incluso a derogar el Parlamento, un cierre calificado luego de ilegal por el Tribunal Supremo. En definitiva, no había ningún atisbo de que el primer ministro estuviera interesado en negociar un acuerdo de retirada y ni mucho menos de que fuera a conseguirlo a tiempo para la cumbre europea celebrada esta semana. Pero se obró el milagro y al final hubo fumata blanca. Tanto Johnson como Bruselas han cedido en líneas rojas. La clave del éxito de una negociación es precisamente esa, que nadie gane y que nadie pierda en exceso.

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Sin embargo ahora llega la parte más compleja para cualquier inquilino de Downing Street: vender el pacto en casa. Y existen muchas dudas sobre si Johnson será capaz de ratificarlo hoy en una jornada bautizada como “Super sábado”. Es la primera vez desde la Guerra de la Malvinas en 1982 que la Cámara de los Comunes celebra una sesión extraordinaria en fin de semana, que coincide con la que se espera una manifestación masiva convocada por People´s Vote para convocar un segundo referéndum.

Es cierto que Johnson es un optimista nato y puede llegar a ser tremendamente persuasivo. También es cierto que viene del núcleo duro euroescéptico del Partido Conservador y cuenta, entre este grupo clave, con más simpatías que su predecesora, Theresa May. Pero sin el apoyo de los norirlandeses del DUP -que ya han adelantado que no respaldarán el texto porque no quieren que Irlanda del Norte quede alineada con mercado único y unión aduanera- el primer ministro tiene ahora serias dificultades para sacarlo adelante. Necesitaría de, al menos, una docena de laboristas rebeldes de la oposición.

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No sería la primera vez que sus señorías rechazasen el acuerdo. La ex premier Theresa May intentó sin éxito hasta en tres ocasiones aprobar en los Comunes el pacto que en su día cerró con la UE. La última vez, el pasado 29 de marzo, donde 286 diputados votaron a favor, frente a 344 en contra, en definitiva, una derrota por 58 votos. Ahora con Johnson se respira más optimismo. En cualquier caso, hasta el último momento no tendrá garantías de conseguir el número mágico de 320 votos.

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El líder “tory” ha pasado una jornada frenética pegado al teléfono y con varias reuniones intentando recabar apoyos. Cada voto cuenta. Pero se respiraba tensión incluso en el propio Gabinete. El viernes por la noche había rumores de dos posibles dimisiones de secretarios de Estado. Lo cierto es que, entre los euroescépticos, muchos no están contentos con el texto y comparten las preocupaciones planteadas por los norirlandeses del DUP de que, al poner ahora frontera en el mar de Irlanda (ya que Escocia, Inglaterra y Gales sí saldrán del mercado único y la unión aduanera) se está poniendo en riesgo la unidad del Reino Unido.

Los bautizados como “Los Espartanos” -28 diputados que forman el núcleo duro de tories euroescépticos- celebrarán a primera hora de este sábado una reunión. Su cabecilla, Steve Baker, sí parece apoyar ahora al primer ministro. Pero no todos sus compañeros son de la misma opinión. Por otra parte, hay 21 diputados que fueron expulsados en septiembre del Partido Conservador por no apoyar la estrategia del Gobierno ante el Brexit. En su momento, sólo cuatro de ellos se opusieron a apoyar el acuerdo de May porque abogan por un segundo referéndum. Pero la mayoría de este grupo estaría ahora dispuesto a dar su beneplácito al acuerdo actual.

El debate previo a la votación será también crucial y la enmienda presentada por el ex tory Oliver Letwin, ahora independiente, tiene muchas posibilidades de salir adelante. Pide una extensión de plazos -aunque se apruebe el pacto- hasta que se tramite toda la normativa necesaria luego en Westminster. Porque con el convenio no es suficiente. El Parlamento tiene que aprobar luego unas leyes para “legitimar” la salida en sí y nadie quiere salir el 31 de octubre por las bravas porque no haya dado tiempo a terminar todo el procedimiento técnico.

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Si sus señoría rechazan el pacto, la llamada “Ley Benn” obliga a Johnson a pedir una nueva extensión a Bruselas hasta el 31 de enero de 2020. Pero si el texto se rechaza por un margen muy pequeño, la UE podría conceder sólo una prórroga corta para que la Cámara de los Comunes pudiera celebrar otra votación antes de que finalice el mes.

Por su parte, si finalmente se aprueba el texto y en Westminster da tiempo a tramitar toda la normativa necesaria para Halloween, se formalizaría el divorcio. Pero a efectos prácticos, el 1 de noviembre todo seguiría igual porque comenzaría un periodo de transición hasta el 31 de diciembre de 2020 en el que el Reino Unido seguiría, como hasta ahora, dentro del mercado único -con la libertad de movimiento que eso supone- y unión aduanera.