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Jaroslaw Kaczynski, el guardián de los «valores puros»

El presidente de partido de Ley y Justicia de Polonia defiende el modelo de familia tradicional

El presidente de partido de Ley y Justicia de Polonia defiende el modelo de familia tradicional

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El Polonia, los ataques violentos contra el colectivo LGBT se multiplican. En el país las uniones civiles y el matrimonio entre personas del mismo sexo son ilegales. Kaczynski, autoproclamado defensor de los «valores puros» de la sociedad polaca, ha predicado en cada rincón del país su ideal de familia. «Debe estar formada por un hombre, una mujer e hijos». Figuras de la iglesia critican duramente al colectivo, en un país donde el 80% de su población se considera católico.

El arzobispo de Cracovia ha llegado a declarar sin tapujos que «la homosexualidad representa una amenaza para la sociedad polaca». En esta nación proliferan las organizaciones en defensa de «los valores de la familia», no es inusual encontrarse en plazas públicas a voluntarios recabando firmas para que las parejas del mismo sexo no puedan adoptar –cuando ni siquiera pueden casarse–, vinculando directamente al colectivo con la pedofilia.

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Con un discurso de odio difundido desde el Gobierno como telón de fondo, la última encuesta publicada en abril por el encuestador estatal CBOS apuntaba que el 54% de los encuestados cree que la homosexualidad debería tolerarse; mientras que casi una cuarta parte aseguró que la homosexualidad no es normal y no puede ser aceptada. A grandes rasgos, la opinión pública es favorable al colectivo, pero sólo son percepciones de las grandes ciudades.

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Fuera de la protección de las urbes, la historia es distinta. Desde comentarios despectivos a agresiones con fuerza. Durante junio y julio de este año se celebraron marchas multitudinarias por todo el país a favor de los derechos LGBT, fuertemente escoltadas por la Policía.

La ciudad de Bialystok, al noreste del país, celebró este año su primer día del orgullo empañado por los ataques con fuerza de una treintena de ultras armados con palos, piedras y bolsas llenas de orina que lanzaron a los manifestantes. Hasta un centenar de los asistentes acabaron en urgencias según la policía. Robert Biedron, único político polaco abiertamente homosexual, declaró su enfado y frustración ante lo que dijo era una «atmósfera de intolerancia» provocada por las declaraciones del PiS.