Política

El juez acusa a Kirchner de mentir sobre el «default»

El juez Griesa acusa a Argentina de utilizar el «engaño» mientras se activa un seguro de impago por 1.000 millones

POPULISMO PERONISTA. Cristina Fernández saluda a sus seguidores en la Casa Rosada en Buenos Aires, después de su comparecencia transmitida por la televisión nacional para todo el país
POPULISMO PERONISTA. Cristina Fernández saluda a sus seguidores en la Casa Rosada en Buenos Aires, después de su comparecencia transmitida por la televisión nacional para todo el país

Tras entrar en suspensión de pagos, la hoja de ruta marcada por el Gobierno argentino sigue la estrategia de siempre: negar la realidad y cargar contra los fondos buitres, enarbolando la bandera albiceleste.

Tras entrar en suspensión de pagos, la hoja de ruta marcada por el Gobierno argentino sigue la estrategia de siempre: negar la realidad y cargar contra los fondos buitres, enarbolando la bandera albiceleste. Son abusos y desmanes cometidos en nombre de la patria. Es verdad que Argentina paga. Tuvo que reestructurar una de las mayores deudas de la historia contraídas en 2001, pero lo hizo con varias cláusulas que cualquier experto legal de este siglo no firmaría.

«Por ejemplo la famosa cláusula ''RUFO'', mediante la cual el resto de acreedores pueden litigar contra Argentina si se paga a los "holdouts", podría haberse negociado en mejores términos», asegura a LA RAZÓN José Manuel Fournier, empresario ibérico afincado en Mendoza. «Cualquier deuda, como por ejemplo la de Grecia, no permite que un 3% ponga en peligro la deuda pactada con el resto de acreedores. Los márgenes suelen ser mayores», agrega en una conversación con este diario. El Gobierno de Cristina Fernández también pecó de soberbia ante una audiencia como la norteamericana, acostumbrada a otro lenguaje. En el escenario argentino la presidenta y su ministro de Economía, Axel Kicillof, insultaron abiertamente al juez Griesa, cuyo fallo a favor de los fondos especulativos terminó llevando a la actual situación de default o impago técnico.

Durante los meses anteriores, se realizó toda una campaña para ensalzar la figura de Cristina Fernández. Una heroína destinada a salvar al país de las garras de los fondos «buitres», acompañada por su flamante ministro de patillas roqueras. Anuncios en prensa y televisión se emitían antes y después de los partidos de la selección argentina en el Mundial. La tormenta perfecta para el Gobierno habría sido que la selección de Messi se llevara la Copa y que Argentina sorteara la suspensión de pagos. Pero ninguna de las dos cosas ocurrió.

«Hay un discurso de épica que al Gobierno lo ayudó en esta etapa de negociación con los fondos especulativos y que con un resultado exitoso hubiera dejado un rédito político importante», dice Mariel Fornoni, directora de la consultora Managment & Fit a este periódico. Fornoni advirtió de que «todavía está el Gobierno a tiempo de capitalizar un resultado si es que se tratara de un "default express''», es decir, una moratoria que se resuelva en cuestión de horas o días. Sorprende también que el Gobierno peronista vuelva a tropezar una y otra vez en la misma piedra. Primero expropiaron las acciones de YPF asegurando que no abonarían una indemnización a Repsol, aunque, acabaron pagando casi 6.000 millones en bonos a la petrolera. Lo mismo ocurrió con el Club de París, con el que recientemente han pactado, y con el FMI. Primero mordieron la mano que les daba de comer y luego se dieron cuenta de que para seguir creciendo económicamente, el país necesita acceso al crédito internacional, aunque eso conlleve cambiar de retórica.

Los fondos «buitres» representan el lado más salvaje del capitalismo, pero su blindaje legal obliga a los funcionarios a sentarse a la mesa. Lo hicieron tarde y con evasivas, a sabiendas de que con esta gente no se juega. Ahora, llamarlo de otro modo o asegurar que Argentina sigue pagando al resto de acreedores –aunque la cuenta está bloqueada– no evita la suspensión de pagos. Además, la credibilidad de Argentina está hipotecada después de diez años engañando a los argentinos, en lo que se refiere a los datos de la inflación y la pobreza. Fue también tras una llamada de atención del FMI, cuando el Gobierno «modificó» su sistema de medición. Ahora, el país tiene uno de los mayores índices de inflación del planeta. El cualquier caso, el país iberoamericano no sufrirá los embates de 2001, pero la cesación de pagos acentuará la caída de la economía, que ya venía en picado. Por ejemplo, ayer se conocía que la industria volvió a destruir empleos en el segundo trimestre, concretamente un 2%.

Además, Cristina Kirchner, deberá lidiar con los efectos sobre la economía, ya afectada por recesión e inflación, cuando aumenta la tensión social como antesala de un año electoral. La magnitud a las heridas que ocasionará el default en la economía está vinculada al tiempo en que Argentina tarde en salir del atolladero. Tras la retirada del Gobierno y de la banca local de las negociaciones, todavía es posible un «acuerdo entre privados» en Nueva York que evite la caída de Argentina en una cesación de pagos. Las conversaciones las encabezan el Citibank, el JP Morgan y el HSBC, quienes se encontraron ayer con representantes de los acreedores que no ingresaron al canje de 2005 y 2010. En las reuniones, eternas, se resolvían algunas diferencias, pero aún no se llega a un acuerdo. Tampoco ayudaron las declaraciones del juez Griesa. El magistrado aseguró ayer que Argentina debe acatar el fallo y terminar con las declaraciones «engañosas».

También negó la petición de Argentina de relevar al mediador Daniel Pollack por una supuesta «falta de confianza» e instó a las partes a seguir negociando. Como resultado, las acciones de YPF se hundieron un 6% en Wall Street, y las acciones bancarias, hasta 9%. El índice Merval, la Bolsa porteña, cede 3,6.

Tras un «default» de la deuda, el Gobierno se puede enfrentar a cancelar anticipadamente al menos unos 34.000 millones de dólares por el capital de sus títulos «Par», «Discount» y «Global 17» emitidos bajo leyes extranjeras en dos reestructuraciones de deuda en «default» en 2005 y 2010. Y es que al entrar en suspensión de pagos se activaron también otras cláusulas legales que pueden poner a Argentina en serios aprietos, mayores incluso que los originados por los fondos buitre.

Esos títulos incluyen unos capítulos que permiten a sus tenedores exigir la devolución anticipada de sus inversiones si cumplen con una serie de requisitos y están dispuestos a enfrentarse con el país en cortes extranjeras. Al cierre de esta edición, se activó el primer seguro de impago por valor de 1.000 millones de dólares. El efecto de bola de nieve puede arrastrar a la débil economía argentina. En otras palabras, lo peor podría estar por venir.