Dilma Rousseff, a un paso de la destitución definitiva

El Senado brasileño decide en sesión extraordinaria si la envía al juicio que la despojará de su cargo en tres semanas

La presidenta Dilma Rousseff Dilma Rousseff recorre en bicicleta los alrededores del Palacio da Alvorada, ayer, en Brasilia
La presidenta Dilma Rousseff Dilma Rousseff recorre en bicicleta los alrededores del Palacio da Alvorada, ayer, en Brasilia

La presidenta Dilma Rousseff, una ex guerrillera que se enfrentó a torturas y estuvo presa durante la dictadura, vuelve a sentirse acorralada. Así lo dijo ella: «Nunca pensé que tendría que volver a luchar». Pero lo cierto es que el contexto es otro y que la Dama de Hierro podría abandonar el poder de una forma humillante, sin la gloria de la batalla. Ajeno a medallas y al clima deportivo de los Juegos Olímpicos, el plenario del Senado de Brasil decidía al cierre de esta edición si debe ser sometida al juicio definitivo de destitución. Estaba previsto que la sesión, dirigida por el presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Ricardo Lewandowski, se extendiera unas 20 horas. Bastaba que una mayoría simple –la mitad de los presentes más uno– apoyase la acusación para avanzar hasta la fase definitiva del proceso.

En caso de ser aprobado el informe del senador socialdemócrata Antonio Anastasia (PSDB), quien recomendó destituir a la mandataria por haber cometido un «atentado contra la Constitución», Rousseff sólo tendrá una última oportunidad para evitar ser destituida. La presidenta, que fue suspendida del cargo el 12 de mayo al frente del Ejecutivo, denuncia desde entonces que su vicepresidente, Michel Temer, que la reemplaza provisoriamente, orquestó un «golpe» en su contra. Acusada de haber violado la Constitución al aprobar gastos sin la venia del Congreso y suscribir decretos para financiar al Tesoro con la banca pública, Rousseff podría perder su mandato y quedar inhabilitada para ejercer cargos públicos por ocho años. «La presidenta está cada vez más aislada, un aislamiento muy acentuado, que se agravó en las últimas semanas y que incluye hasta su propio partido. No tengo ninguna duda de que, al igual que en el juicio definitivo, la votación será a favor del ‘‘impeachment’’ y será destituida», dijo el senador Aloysio Nunes, del PSDB y líder del frente oficialista de Temer. En la otra orilla, la senadora Vanessa Grazziotin, aliada a Rousseff, coincidió: «Lo van a conseguir con bastante facilidad. No tenemos muchas expectativas». Si el Senado así lo decide, el juicio comenzaría sobre el 25 de agosto, cuatro días después de la clausura de los Juegos Olímpicos. Durará unos cinco días.

Una amplia mayoría de los congresistas considera que la ahijada política del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva será derrotada en la votación que se celebrará el último día. Destituirla requerirá el apoyo de al menos dos tercios (54) de los 81 senadores. Si eso sucede, Temer tendría que terminar el periodo para el que fue elegido la mandataria, y que concluye el 31 de diciembre de 2018. En caso de ser destituida, Rousseff sería el segundo jefe de Estado brasileño que pierde su mandato a manos del Congreso en 24 años. El anterior fue el hoy senador Fernando Collor en 1992.

Los aliados del Gobierno han buscado maneras de bloquear, sin éxito, la actual votación mediante demandas. El último intento fue frustrado ayer, cuando el Senado rechazó un recurso presentado por el Partido de Rousseff que exigía la suspensión del juicio político contra la mandataria y que basaba su alegato en una denuncia publicada por la revista «Veja», que implica a Temer en una supuesta financiación ilegal de campañas.

Aunque Rousseff se enfrenta a otras acusaciones, el pueblo reclama su cabeza como pago por los últimos casos de corrupción que salpican al país. El legado de su mentor Lula ha resultado ser un dardo envenenado para ella. Las autoridades investigan si Lula se benefició de grandes empresas constructoras acusadas de recibir millonarios desvíos de recursos públicos en Petrobras, la mayor empresa de Brasil. Es sólo la punta del iceberg.

«Lava Jato» es una de las mayores investigaciones de corrupción. La trama consistía en que empresas sobornaban a altos funcionarios de Petrobras y otros cargos públicos para conseguir contratos «sobrefacturados» multimillonarios con la petrolera estatal. El capital era obtenido por los beneficiarios por medio de operadores financieros, entre los que figuran políticos, que colaboraban con el esquema de corrupción. Por «Lava Jato» se encuentran detenidos decenas de altos ejecutivos de empresas constructoras y se estima que, entre 2004 y 2012, el dinero desviado asciende a 8.000 millones de dólares.

Dilma Rousseff, quien resultó reelecta el 26 de octubre de 2014 con el 51,64% de los votos, ha liderado una importante disminución de los niveles de pobreza y un crecimiento de las clases medias de la población debido, principalmente, a unas iniciativas de inclusión sin precedentes. También se comprometió en la lucha contra la corrupción y el lavado de activos, pero su permisividad y quizás su complicidad con el PT, un partido burocrático y corrupto, y los malos índices económicos han terminado mermando su popularidad.

La cronología

- Mayo de 2015. El movimiento Brasil presenta una solicitud de juicio político contra Rousseff por violación de normas fiscales.

- 4 de marzo de 2016. El ex presidente Lula Da Silva es llevado a declarar por el «caso Petrobras».

- 17 de marzo. La Cámara de diputados elige una comisión especial de legisladores para analizar el proceso de solicitud de juicio contra Rousseff.

- 29 de marzo. El MDB (partido al que pertenece el presidente interino) abandona la coalición de gobierno.

- 12 de mayo. El Senado aprueba el proceso contra Dilma y ésta es apartada de su cargo durante un máximo de 180 días (lo que dure el juicio).

- 9 de agosto. El Pleno de la Cámara Alta vota si debe ser o no acusada Rousseff.

- 25 de agosto. De recibir el respaldo para que el proceso continúe, el juicio final contra Rousseff podría realizarse a partir de este día.