Encomendados al «traidor»

«Tsipras no ha sido honesto, nos ha engañado, pero le voy a votar». Era una opinión extendida ayer entre los votantes de Atenas.

Varios votantes consultan el listado de mesas ayer en un colegio electoral del centro de Atenas
Varios votantes consultan el listado de mesas ayer en un colegio electoral del centro de Atenas

«Tsipras no ha sido honesto, nos ha engañado, pero le voy a votar». Era una opinión extendida ayer entre los votantes de Atenas.

A las 11 de la mañana una Harley Davidson aparcaba a las puertas del colegio electoral del distrito de Kipseli, donde media hora antes, el ex primer ministro Tsipras había votado. Ahora, Filipo Kaizaveopei, enfundado en pantalones de cuero y una camiseta de Metallica sin mangas, hace lo propio. Es heavy de espíritu pero comprensivo en el terreno político. «Voy a dar a Tsipras una tercera oportunidad, lo ha hecho mal, pero el resto de partidos son basura y no cambiarán el país. Todavía me queda un resquicio de confianza en Syriza», dice este griego de 61 años.

Al salir del colegio electoral se cruza con un joven, también vestido de negro, pero que en vez de llevar coleta opta por la cabeza rapada. Su decisión parece clara. «Nunca he votado a Amanecer Dorado, pero ya estoy cansado de que me engañen. Son todos unos traidores», asegura George Konstantinou, de 37 años, que representa a la perfección a ese sector de jóvenes que, desencantados con la política, optaron por el partido neonazi «para que nos saque de Europa y no ceda ante las instituciones europeas». En el lado opuesto, el comunista Pannos, de 54 años, rebate esta opinión al asegurar que «los únicos que pueden sacar de esta situación» son los comunistas, por eso presume de su papeleta a favor del KKE, que ya lleva en la mano cuando se baja del coche. «Los de Syriza nos llevarán al caos, son los maquiavelos del siglo XXI», asegura. ¿Un sistema comunista sería la solución? «Por supuesto –dice–. Mira, en Cuba, en Corea del Norte, en China, a nadie le falta de nada. Hay hospitales y casas para todos», argumenta Panos. ¿Y dónde queda la libertad de expresión? «Palabrerías», concluye. A su lado camina Yorgos, de sus misma generación, aunque él se define como «oportunista». «Yo siempre había votado a los comunistas, pero ahora me decidido por Syriza», afirma ante la mirada asesina de su amigo Pannos. «Tsipras no ha sido honesto, nos ha traicionado, pero aun así le voy a votar», dice un tanto avergonzado Nikos Kapetanios, de 32 años, que explica que la mayoría de sus amigos, votantes de Syriza, no pisarán hoy el colegio electoral. Más rotunda es Evdokia Kopparus, de 41 años, al reconocer que lo que necesita Grecia «es estabilidad». «Nueva Democracia es en este momento la única formación preparada para conseguirlo. Además, ahora tenemos un líder más auténtico, más claro, que habla con respeto pero sin pelos en la lengua», sostiene Kopparus con ganas de cambio.

Y en medio de esta enésima jornada electoral –la tercera en ocho meses– a la que estaban llamados 9,8 millones de griegos, también los líderes de cada partido acudieron a depositar el voto a favor de sí mismos. «El pueblo va a votar por un Gobierno que dará la batalla a Europa. Seremos un socio fuerte», afirmó Tipras ante las cámaras. Por su parte, el líder de Nueva Democracia, Vangelis Meimarakis, quien optó por sumarse al estilo sin corbata de Tsipras, aseguró a pie de urna que «los griegos quieren librarse de las mentiras y la miseria».

Lo que el pueblo griego tiene claro es que está cansado de elecciones y tal es el bombardeo informativo de los partidos, que algunos ni siquiera sabían a quién iban a votar cuando atravesaban la puerta del colegio electoral. «Tengo menos de un minuto para decidir. Por un lado me gusta Syriza, pero nos ha traicionado. Por otro está Lafazanis, de Unidad Popular, que le veo más fuerte que Tsipras y defendiendo los valores que defendía Syriza en enero», asegura Dionisos. Este desafecto llevó a miles de griegos a quedarse en casa, a pesar de que el voto es obligatorio en Grecia.