Trump, víctima de Trump

El inquilino de la Casa Blanca emplazó a Zelenski a investigar a su rival demócrata Joe Biden y a su hijo por su conexión con una empresa gasística ante 2020.

Donald Trump en un acto hoy en Nueva York. (AP Photo/Evan Vucci)
Donald Trump en un acto hoy en Nueva York. (AP Photo/Evan Vucci)

El inquilino de la Casa Blanca emplazó a Zelenski a investigar a su rival demócrata Joe Biden y a su hijo por su conexión con una empresa gasística ante 2020.

La presidenta del Congreso, la demócrata Nancy Pelosi, sacó a pasear el «impeachment» y la legislatura entró en barrena. Sometida a una presión inédita, acusada de conspirar para que un país extranjero investigara a un rival político, Joe Biden, la Casa Blanca hizo públicas las cintas con la transcripción de la conversación entre Donald Trump y el presidente de Ucrania, Vladimir Zelenski.

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La charla tuvo lugar el pasado 25 de julio. Poco antes el Gobierno de EE UU habría paralizado la ayuda económica y militar a Ucrania. Tras las felicitaciones de rigor a Zelenski por su reciente triunfo electoral, Trump pasa a la ofensiva, explica que EE UU ha sido «muy, muy bueno para Ucrania» y especula con la posibilidad de que Ucrania investigue las conexiones de los demócratas y a la propia Hillary Clinton en el asunto de los viejos correos electrónicos. Acto seguido comenta que la gente del Gobierno ucraniano tendría que colaborar con el fiscal general de EE UU, William P. Barr. Poco después añade: «Se habla mucho sobre el hijo de Biden [Hunter, empleado como directivo en una compañía gasística ucraniana], que Biden [entonces vicepresidente] detuvo el proceso y hay mucha gente que quiere averiguarlo, así que cualquier cosa que pueda hacer con el fiscal general sería estupenda. Biden se jactó de haber detenido la acusación, así que si pueden indagar... Me parece horrible». La Casa Blanca insiste en que no hubo «quid pro quo» en ningún momento. Que nadie especuló con cortar las ayudas a Ucrania si no colaboraba. Que el presidente nunca ha pedido la demolición de un enemigo político. Trump, desde luego, considera que los demócratas lo atacan: «¡Por ninguna otra razón que no sea el gran éxito que estamos teniendo con la economía, el ejército, los veteranos, los recortes de impuestos y regulaciones, HealthCare y mucho más!». Poco después se preguntaba si se disculparán los demócratas tras leer el contenido de la charla. «Deberían», escribió en Twitter. «Fue una llamada perfecta: los tomó por sorpresa». No es el único que lo piensa.

De hecho, son numerosas las voces en el Partido Republicano que tachan el «impeachment» de injustificado e hiperbólico a la luz de las transcripciones. Así, el senador por Texas John Cornyn ha comentado que cuando Pelosi anunció el inicio del procedimiento «la única información de la que disponía eran artículos en la Prensa». De ahí que todo lo que ha venido luego sea «injustificado». Aunque el apoyo más sustancial llegó desde el Congreso, donde Lindsay Graman literalmente desafió a Pelosi para que la Cámara vote sobre el «impeachment». Considera evidente que los demócratas moderados permanecen dubitativos y quiere que se retraten.

Por supuesto no piensan así en el bando demócrata, donde gana peso la idea de ir hasta el final, luego de que han logrado vencer la resistencias de Pelosi y el resto del ala moderada del partido, poco convencidos de las ventajas estratégicas de la investigación. Para el congresista demócrata Adam Schiff, que preside el Comité de Inteligencia del Congreso, la charla entre Trump y Zelenki huele a diálogo mafioso. A chantaje de Estado. Schiff considera evidente que Kiev estaba desesperado por lograr el apoyo de Estados Unidos, entre otras cosas «apoyo militar» para ayudarles en su «guerra caliente con la Rusia de Putin». No en vano, parte del territorio ucraniano sigue «ocupado por fuerzas rusas irregulares» y Ucrania debe lidiar las «acciones continuas y desestabilizadoras de un vecino agresivo». Dicho de otra forma, Trump negoció con la estabilidad y la seguridad de un socio preferente en Europa, mercadeó la lealtad y el apoyo estadounidense, «pidiéndole un favor para investigar a su oponente».

De modo que los demócratas tratan de levantar un caso en el que Trump se recrea en su estilo, entre el populismo y las amenazas, para negociar desde un lugar ventajoso, y los republicanos, acaudillados por Trump, saborean ya la escena de una campaña electoral de un año y en permanente estado de guerra. Un ambiente turbulento, fraccionado en dos, que posiblemente beneficia al presidente a no ser que el espía, cuando testifique ante el Congreso, traiga unas revelaciones explosivas. Jactancioso y seguro de sí mismo, Graham advierte de que el bumerán golpee a Pelosi y a los suyos.

«El presidente debe rendir cuentas», había afirmado Pelosi horas antes. «Nadie está por encima de la ley», añadió la presidenta del Congreso. Veremos si estamos ante una repetición de la debacle de Richard Nixon, que dimitió con la sombra del «impeachment» sobre su cuello, o frente al principio de una resurrección digna de Bill Clinton.

"Biden paró la investigación y mucha gente quiere saber algo de eso, por lo que cualquier cosa que puedas hacer con el fiscal general estará genial. Biden se paseó presumiendo de que había frenado las investigaciones, así que si pudieses mirarlo... Suena horrible", añadió.

Hillary Clinton no ha tardado en opinar en Twitter sobre el caso. “El presidente de los Estados Unidos ha traicionado a nuestro país”, escribió, y añadió que no se trataba de una declaración política “es una dura realidad y debemos actuar”. Según la ex secretaria de Estado Trump “es un peligro claro y presente para las cosas que nos mantienen fuertes y libres. Apoyo el “Impeachment”.