Genocidio de 19.000 civiles en el califato de EI en Irak

La ONU certifica los crímenes de Estado Islámico, que han dejado tres millones de desplazados en los dos últimos años.

Una familia que pertenece a la minoría yazidí huye de Estado Islámico, que ha tomado el control de la ciudad de Sinjar
Una familia que pertenece a la minoría yazidí huye de Estado Islámico, que ha tomado el control de la ciudad de Sinjar

La ONU certifica los crímenes de Estado Islámico, que han dejado tres millones de desplazados en los dos últimos años.

Cadáveres suspendidos de postes eléctricos advierten del único destino posible para quienes son sorprendidos tratando de escapar de los territorios sometidos a la tiranía del grupo Estado Islámico (EI). Los que se quedan carecen de garantías sobre su vida. Ni siquiera los soldados a sueldo del autoproclamado califa Abu Bakr al Bagdadi cuentan con la seguridad de que no terminarán sus días ante un pelotón de fusilamiento. Víctimas, supervivientes y testigos de centenares de éstas y otras atrocidades en territorio iraquí prestaron su testimonio al Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y a la misión de asistencia de la ONU en el país árabe, que quedaba reflejado en el informe publicado ayer. El documento, que se centra en el nefasto impacto que el conflicto en Irak está teniendo sobre la población civil, proclama que casi 19.000 personas inocentes perecieron y 7.056 resultaron heridas entre mayo y octubre del pasado año en ataques de diversa índole. Dadas las dificultades de obtener y verificar la información, las cifras «podrían ser mucho más altas que las registradas», según se manifiesta en el escrito.

El informe documenta las violaciones de los derechos humanos que EI comete de forma sistemática, entre las que se hallan agresiones susceptibles de ser juzgadas como crímenes de guerra y contra la humanidad. También recuerda que la maquinaria propagandística del sanguinario grupo ha llenado internet de imágenes en las que alardea de su ferocidad y ofrece constancia de sus tropelías. El 23 de junio, fue colgado en la red un vídeo en el que se exhibía el asesinato de 16 hombres a manos de los extremistas. Varios de ellos fueron obligados a introducirse en un vehículo, donde recibieron el impacto de una granada. Otro grupo acabó ahogándose en una jaula sumergida en agua y el resto fueron decapitados con explosivos.

Aunque el disparo en la cabeza es un método común en el ajusticiamiento de sus «enemigos», el EI ha ideado y aplicado procedimientos cada vez más truculentos. Sus víctimas fallecen también aplastadas por excavadoras, lanzadas desde lo alto de edificios, decapitadas o quemadas vivas en ejecuciones que, en muchos casos, se desarrollan en lugares públicos y con espectadores en macabras representaciones. Ex miembros de las Fuerzas Armadas iraquíes, ex funcionarios o ex parlamentarios y sus allegados representan el objetivo preferente de los yihadistas, aunque también se sabe del asesinato de líderes tribales, médicos, periodistas y abogados. Cualquier alma sobre la que pese la más mínima sospecha de colaboración con las fuerzas gubernamentales puede recibir uno de los castigos ejemplares ien el califato. La homosexualidad se penaliza con la muerte.

La lista de secuestros y asesinatos desgranada por el documento es abrumadora, pero «incluso el obsceno número de víctimas falla a la hora de reflejar con precisión cuán terriblemente sufren los civiles en Irak. Las cifras captan a aquellos que fueron asesinados o mutilados directamente por la violencia, pero son incontables quienes han muerto por la falta de acceso a los alimentos básicos, el agua o la asistencia sanitaria», se lamenta el alto comisionado, Zeic Raad Al Hussein. Escapando del filo de la guadaña, más de 3 millones de personas huyeron de sus hogares entre enero de 2014 y septiembre de 2015 transformándose en desplazados internos. Evadirse de las garras de sus captores es el único anhelo de los 3.500 esclavos que, según el texto, son utilizados como moneda de cambio por los milicianos del EI.

Gran parte de los cautivos son mujeres y niños pertenecientes a la minoría yazidí. Su precio varía entre los 500 y los 2.000 dólares. En ocasiones, las prisioneras son entregadas como esclavas sexuales para avivar el espíritu de los milicianos en el combate. Las que se niegan a obedecer las órdenes de su amo son asesinadas. El reclutamiento forzoso es la alternativa a la esclavitud sexual para los menores de edad. Unos 900 niños de entre 9 y 15 años fueron secuestrados el 21 de junio en diferentes distritos de Mosul, lo que confirmó el Ministerio de Derechos Humanos iraquí en un comunicado. Los más pequeños fueron conducidos a campamentos de «educación religiosa» y aquellos que superaban los 10 años fueron obligados a recibir entrenamiento militar. Quienes se negaron a transigir fueron azotados, torturados o violados.

Las investigaciones de la ONU perfilan la imagen de unos líderes paranoicos y despiadados, capaces de dar muerte a los hombres y mujeres que militan en sus propias filas. Recular en el campo de batalla, desobedecer órdenes o actuar en contra de los intereses del grupo pueden ser motivo suficiente para recibir la pena de muerte en uno de los simulacros de juicio orquestados por los fanáticos. Los esbirros de Al Bagdadi han sometido así a la población a un gobierno ignominioso, aunque no son los únicos que han perpetrado crímenes contra la población. El documento también señala con dedo acusador las violaciones de los derechos humanos perpetradas por las Fuerzas de Seguridad iraquíes y sus aliados, las milicias chiíes y las tropas kurdas integradas por los «peshmerga». Secuestros, asesinatos y campañas de represalia con tintes sectarios son prácticas que el Gobierno del país y la comunidad internacional deben ayudar a erradicar, en palabras de los responsables del informe.