Hollande se juega su candidatura con su plan contra el desempleo

Anuncia el «estado de urgencia contra el paro», que incluye cursos de formación y un tope en las indemnizaciones. El Gobierno financia el programa de 2.000 millones con nuevos ajustes. Es la última oportunidad del presidente para su reelección en 2017

El presidente francés, François Hollande, durante su solemne discurso de ayer sobre empleo
El presidente francés, François Hollande, durante su solemne discurso de ayer sobre empleo

Anuncia el «estado de urgencia contra el paro», que incluye cursos de formación y un tope en las indemnizaciones. El Gobierno financia el programa de 2.000 millones con nuevos ajustes. Es la última oportunidad del presidente para su reelección en 2017

François Hollande ha repetido por activa y por pasiva que su candidatura a las presidenciales de 2017 para un segundo mandato estará supeditada a los resultados de este quinquenio en la lucha contra el paro. Como dijo el pasado 14 de julio, «si no hay un descenso del paro, lo he dicho muchas veces, no seré candidato». Pero el tiempo pasa, y el desempleo sigue tozudamente aumentando cada mes, a pesar de un ligero descenso el pasado mes de noviembre.

El presidente de la República francesa sólo tiene un año por delante para «invertir la curva del paro», como a él le gusta decir, y con ese objetivo anunció ayer un gran plan «de urgencia» contra el paro, basado en la formación, el aprendizaje y las ayudas a la contratación para las pequeñas y medianas empresas. Una decena de medidas que costarán 2.000 millones de euros

François Hollande hizo estos anuncios durante la ceremonia de felicitación del año nuevo a las empresas y actores sociales. En su discurso, llegó a hacer un paralelismo entre la amenaza terrorista que le ha llevado «a instaurar el estado de emergencia para proteger a nuestros conciudadanos», y la amenaza de «una coyuntura económica incierta y un paro persistente», frente a la que quiere proclamar «un estado de emergencia económica». Al mismo tiempo, Hollande se dice «lúcido» ante un crecimiento «todavía demasiado débil como para hacer que el paro disminuya de forma duradera». Desde que accedió a la jefatura del Estado hay 650.000 personas más inscritas en las listas del paro. Y en un último esfuerzo para intentar ponerle freno, se comprometió ayer a «incrementar la formación, la educación y el nivel de calificación» de los trabajadores, y a impulsar un «movimiento de reformas» que está dispuesto a llevar a su término hasta el final y «más allá de cualquier fecha electoral».

El reto que se plantea ahora es «redefinir nuestro modelo económico y social» dando «más libertad» a la empresa para que pueda invertir, innovar y crear empleo, y al asalariado para elegir su oficio, su formación, su vida profesional; y ofreciendo «más seguridad» a la empresa para contratar y adaptar su efectivo, y al asalariado frente a las mutaciones y la movilidad.

Hollande prometió que todas las medidas que había ido desgranando sobre la formación y las ayudas para la contratación, que representan «un esfuerzo presupuestario significativo» de más de 2.000 millones de euros, serán financiadas sin aumentar los impuestos a través de nuevos «recortes» encargados a los ministros de Finanzas y Presupuesto. Las reacciones al conjunto de anuncios fueron variadas y, en conjunto, escépticas. El presidente de la patronal, Pierre Gattaz, considera que las medidas van en la buena dirección, pero dijo sentirse «como Santo Tomás», esperando ahora «ver las medidas concretas tras estas buenas declaraciones de intenciones». Sí que lamentó que el presidente de la República se resistiera a modificar el contrato de trabajo, que, a su parecer, sería más eficaz que las primas de 2.000 euros al año anunciadas para fomentar los primeros contratos.

Para Laurent Berger, secretario general de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT), estas primas para las pymes crearán «efectos indeseables» y serán finalmente «ineficaces». Sí se mostró partidario de dar mayor seguridad a los asalariados y manifestó sus dudas en cuanto a la capacidad de convertir la formación que se va a ofrecer en una «vuelta al empleo». En cuanto al dirigente de la CGT, Philippe Martinez, no ocultó su escepticismo: «El presidente propone seguir con lo que no funciona: las ayudas a las empresas, las exoneraciones, muchos regalos a las empresas». Según Martinez, hay que acabar con la «lógica de culpar a los parados».

El plan de emergencia económica tampoco fue bien recibido por parte de la clase política. Los Republicanos, el partido de Nicolas Sarkozy, lo juzgaron insuficiente. Más inquietud se percibió entre el sector izquierdista del Partido Socialista, que ve peligrar la jornada de las 35 horas y alertan sobre «un ataque a la protección de los asalariados». Así lo aseguró el diputado socialista, Christian Paul: «Vemos que es el final de la jornada de las 35 horas. Vemos claramente que el código de trabajo va a transformarse y no en el buen sentido. No creemos que la modificación del código de trabajo vaya a crear más empleo».

En la misma línea se pronunciaron ayer varios economistas, que consideraron que, mientras no haya crecimiento económico, el plan de empleo no va a dar frutos. Los expertos ponen la recuperación de la economía francesa como el primer paso para frenar el paro.