Política

Huésped diplomático

La diplomacia española tiene que resolver la acogida que ha brindado a Leopoldo López. La permanencia del líder venezolano en la residencia del Embajador español en Caracas no puede prolongarse. Sólo la debilidad del Gobierno en Venezuela y la inestabilidad que se vive en el país han impedido que se produzca una crisis diplomática de mayor envergadura. El asunto está pasando prácticamente inadvertido y no se producen, por ahora, apenas reacciones internacionales. Ni tan siquiera resulta posible apreciar pronunciamientos cruzados de reproche entre las autoridades de Madrid y de Caracas. Entre tanto, el asunto revela una vez más que el derecho internacional es apenas un instrumento marginal en las relaciones internacionales y que tan sólo los intereses políticos determinan el rumbo que deben seguir las relaciones entre los estados. No se puede pronunciar la palabra «asilo», ni tan siquiera debemos decir que se trata de una «protección humanitaria» para describir la situación en la que se encuentra Leopoldo López en instalaciones bajo jurisdicción española. Reconocer que el político fuera un asilado no sólo produciría una profunda herida en las relaciones hispanovenezolanas sino que haría pensar si correspondería aplicar alguna norma de derecho internacional. Calificar esta situación de «protección humanitaria» sería ahondar en las discrepancias entre las autoridades de los dos países. Por lo que se ha acogido un nuevo concepto de mera cortesía e inocuo y que, en ningún caso, resulta ofensivo. Ahora, deberemos añadir al argot de las relaciones diplomáticas, en el marco general del asilo, la figura del «huésped diplomático» que estaría prevista no para situaciones de cooperación sino para casos en los que se plantean discrepancias entre los Estados. El tiempo prestará todos los componentes para evaluar detalladamente la situación, pero una conclusión parece clara: las normas del derecho internacional cada vez son menos útiles para resolver controversias entre los estados. La habilidad diplomática es más útil que la norma jurídica. En realidad, siempre ha sido así y, con el tiempo, deberemos convertir en derecho lo que tan sólo son expresiones de la política internacional.