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Hugh Elliott: "La propuesta sobre Irlanda del Norte no es definitiva, puede negociarse"

Embajador de Reino Unido en España

Insiste en que la intención de su Gobierno es salir el 31-O de la UE con un acuerdo. Admite que hay poco tiempo y que están preparados para encajar un Brexit a las bravas.

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Hace dos meses que Hugh Elliott aterrizó en España como nuevo embajador de Reino Unido. Fue director de comunicación del Ministerio del Brexit durante el último año. Se le nota. Conoce los detalles del endiablado divorcio. Está convencido de que todavía hay tiempo para alcanzar un acuerdo y evitar una salida abrupta. Confía en que la relación futura entre la UE y Reino Unido sea robusta. Los vínculos son profundos. En su caso es literal. Está casado con una salmantina, María Antonia, con la que tiene dos hijos.

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Barnier ha declarado que en el último plan de Londres para evitar una frontera dura entre las dos Irlandas no da garantías en cuanto al control fronterizo de los productos. ¿Hay margen para mejorar esa propuesta?

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Nosotros la semana pasada pusimos encima de la mesa una propuesta concreta que se resume en tres puntos. Uno, respetar los Acuerdos de Viernes Santo por lo tanto evitar una frontera física en la isla de Irlanda. Dos, una zona única regulatoria para bienes en la isla de Irlanda. Tres, un sistema de controles aduaneros que no implican una frontera física. Se nos pedía flexibilidad y un texto concreto. Hemos cumplido las dos cosas. Ahora queremos negociarlo. No decimos que sea la propuesta definitiva. Cógela o déjalo. No estamos diciendo eso. Queremos que haya una negociación detallada sobre la propuesta.

Bruselas pide que Irlanda del Norte permanezca dentro de la unión aduanera. ¿Es asumible para Londres?

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Que yo sepa no hay ningún país en Europa ni en el mundo donde haya una frontera aduanera dentro del propio territorio. No es una cuestión aceptable ni negociable pero sí pensamos que puede resolverse. Hay que encontrar una fórmula que permita establecer unos controles aduaneros que protejan el mercado único -que entendemos que es una prioridad europea- sin levantar una frontera dura. Hay que asegurar los intereses de las dos partes.

¿La introducción de esos controles aduaneros no podría alterar los Acuerdos del Viernes Santo?

Eso es fundamental. No estamos hablando de construir controles físicos en la frontera. Estamos hablando de establecer una serie de medidas como controles electrónicos o físicos dentro de la cadena de suministros. Puede ser -por ejemplo- en la fábrica, no en la frontera.

El escollo de Irlanda del Norte parece muy difícil de superar. ¿Va a ser inevitable una salida sin acuerdo?

En absoluto. He trabajado durante muchos años sobre ese acuerdo. Está ahí [el embajador señala la mesa de su despacho] son 600 páginas. En la mayoría de los capítulos estamos de acuerdo. Queremos proteger a los ciudadanos europeos, a los británicos en España. Hemos llegado a un acuerdo financiero muy razonable. Todo es fruto de muchos meses de trabajo. Queda este punto. Con un poco de flexibilidad por parte de los Veintisiete sí podemos llegar a un acuerdo. Es posible.

El Brexit ha venido acompañado en Reino Unido de una crisis institucional sin precedentes y una profunda división de la sociedad británica. ¿Cómo pueden combatirse estos dos problemas?

Brexit divide mucho a la opinión pública. Si hay un asunto controvertido la solución no es ignorarlo sino debatirlo y alcanzar una solución. Hubo un referéndum democrático. El ejercicio democrático más participativo de nuestra historia. Nunca habían votado tantas personas. El mandato del Gobierno es cumplir con el resultado del referéndum. Creemos que debemos alcanzar un acuerdo, mirar al futuro y aportar soluciones.

Hay un problema de tiempo para lograr un acuerdo antes de la cumbre del 17 y 18, máxime cuando los líderes europeos han advertido de que quieren llegar a esa cita con el pacto ya cerrado. ¿Pedirá Boris Johnson una prórroga el 19 como exige la Ley Benn?

Pensamos que hay tiempo.

¿En nueve días?

Sí creemos que es posible. La gran parte del acuerdo está zanjada. No estamos pidiendo que se reabra un tratado. Es un punto. Delicado, lo sabemos. Pero con voluntad es posible.

¿No estamos en el precipicio?

Hay poco tiempo, es cierto. Hay que trabajar mucho ahora. Y también, lo hemos dicho muchas veces, hay que estar preparados para la contingencia no deseada de una salida sin acuerdo. Por eso hemos trabajado muchísimo para que los ciudadanos y las empresas sepan cómo prepararse.

Hay un informe del Gobierno Yellowharmer donde se advierten de los problemas de abastecimiento e incluso de caos. ¿Puede correrse el riesgo del Brexit a las bravas?

No es la salida que queremos. Por eso tanto énfasis en conseguir ese acuerdo consensuado. Hay pronósticos bastante negativos, es cierto.

Entonces si no se alcanza el acuerdo, ¿habrá prórroga?

La intención del Gobierno es salir el 31 de octubre. El referéndum fue hace más de tres años. Todos estamos deseando cerrar este capítulo. En cuanto a la salida caótica hemos hechos unas preparaciones muy exhaustivas ante la eventualidad no deseada de una salida sin acuerdo. Hemos lanzado una campaña informativa para minimizar el impacto de la salida sin acuerdo. No estoy diciendo que no haya impacto, pero vamos a estar preparados.

Desde el Gobierno conservador se ha citado Singapur como modelo a seguir tras el divorcio de la UE. ¿Puede un país no democrático ser un ejemplo para Reino Unido?

El deseo del Gobierno es conseguir un acuerdo ambicioso de librecomercio con la UE después de la salida. En absoluto queremos rebajar los estándares regulatorios. En este momento tenemos normas que van más allá de la legislación europea. Somos el único país europeo que hemos legislado para alcanzar cero emisiones de gases invernadero en 2050. Tenemos un sistema que protege y que garantiza los derechos. La vocación de Reino Unido es muy internacionalista pero no a costa de rebajar los estándares.

El Brexit también ha suscitado tensiones territoriales. ¿Temen que los independentistas escocés promuevan un segundo referéndum tras la salida de la UE?

Hace cinco años se acordó entre las partes que se trataba de un referéndum de una generación. Los referéndums no se celebran a la ligera. El resultado 55% de los escoceses querían quedarse en el Reino Unido cerró esta cuestión muy claramente. No contemplamos ese segundo referéndum.

Más de 115.000 españoles residentes en Reino Unido se han inscrito en el programa de asentamiento. ¿Qué ocurrirá con los comunitarios que se les pase la fecha límite de diciembre 2020?

Es un proceso muy sencillo. Casi 2 millones de comunitarios han solicitado el trámite y solo dos han sido denegados. Quedan 14 meses para iniciar este trámite. Confiamos en que no va a haber ningún ciudadano europeo ni español que se quede fuera. Hay tiempo, hay información.

¿La oferta de Reino Unido es recíproca a la realizada por España a los ciudadanos británicos?

Nuestros sistemas legales no son iguales, por tanto no es una oferta simétrica pero consideramos que es recíproca a la muy generosa oferta que se ha hecho por parte de España.

¿Si se produce un Brexit duro, los derechos de los comunitarios quedarían garantizados?

Exactamente.

España acaba de promover un diálogo en la ONU en la cuestión de Gibraltar. ¿Cómo encaja Reino Unido esta iniciativa?

Tenemos unas relaciones estupendas con España en todos los ámbitos. Llevo pocas semanas en España y francamente me ha sorprendido el nivel de cercanía de estas relaciones. En Gibraltar, sin embargo, mantenemos posturas diferentes. Trabajamos para asegurar que haya una fluidez en la frontera. Este es un objetivo compartido por Gibraltar, Londres y Madrid.

¿Preocupa esta frontera en el caso de Brexit duro?

La fluidez de la frontera es muy importante para la economía de la zona. Son muchos los trabajadores que cruzan todos los días esa frontera. Es un interés compartido.